Cucujus cinnaberinus.

Cucujus cinnaberinus. European Environment Agency

Ciencia

La comarca española prerromana refugio del escarabajo rojo: está en peligro de extinción con 3 ejemplares

El Bierzo como refugio discreto de biodiversidad especializada del Cucujus cinnaberinus.

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Las claves

Las claves

El escarabajo rojo Cucujus cinnaberinus ha sido hallado en Salientes, León, a 1.200 metros de altitud, reforzando el valor ecológico de los bosques viejos y la madera muerta.

Este hallazgo supone la primera cita confirmada en León y la tercera en España, tras registros antiguos en Asturias y La Rioja, de una especie casi sin rastro documental en el país.

El escarabajo depende de la madera muerta en bosques maduros, funcionando como indicador de calidad ecológica y resaltando la importancia de conservar estos hábitats.

La especie está amenazada en varios países y su presencia en León podría tener un valor estratégico ante el cambio climático, debido a posibles desplazamientos de distribución.

El hallazgo de Cucujus cinnaberinus en las inmediaciones de Salientes, León, a 1.200 metros de altitud, refuerza el valor ecológico de los bosques viejos y de la madera muerta en una comarca leonesa que acaba de entrar en el mapa más exigente de la conservación entomológica.

Hay descubrimientos que, pese a su tamaño diminuto, cambian bastante la forma de mirar un territorio. Eso es lo que acaba de ocurrir en El Bierzo. En las inmediaciones de Salientes ha reaparecido Cucujus cinnaberinus, un llamativo escarabajo rojo cuya presencia en España era casi fantasmal hasta ahora.

La noticia pesa mucho más de lo que sugiere el insecto. El registro publicado en el Boletín de la Asociación Española de Entomología constituye la primera cita confirmada en la provincia de León y la tercera para España, después de las referencias antiguas de Asturias en 1963 y La Rioja en 1997. No hablamos, por tanto, de una especie frecuente localizada en otro punto del mapa, sino de un coleóptero del que apenas había rastro documental en el país.

Hallazgo a 1.200 metros de altitud

El hallazgo se produjo en octubre de 2025, a unos 1.200 metros de altitud, bajo la corteza de un gran tronco caído de chopo. Junto al ejemplar aparecieron además restos de otro individuo y una larva, un detalle importante porque sugiere que no se trataba de una visita casual o aislada, sino de una presencia más asentada en la zona.

Ahí está una de las claves biológicas del caso. Este es un escarabajo saproxílico, es decir, dependiente de la madera muerta. Vive bajo la corteza de grandes troncos en descomposición y necesita bosques maduros, árboles veteranos y continuidad ecológica, justo ese tipo de hábitat que muchas veces resulta poco vistoso para el gran público, pero que sostiene una biodiversidad muy especializada. La ficha del Ministerio para la especie ya destacaba precisamente esa relación estrecha con troncos muertos o enmohecidos de distintas frondosas y coníferas.

Nueva presencia española

Eso convierte el hallazgo berciano en algo más que una rareza entomológica. Los autores del trabajo subrayan que el caso leonés refuerza la importancia de conservar los árboles viejos y la madera muerta como piezas esenciales de los ecosistemas forestales. En otras palabras, este pequeño escarabajo funciona casi como un indicador de calidad ecológica: si aparece, es porque el bosque todavía conserva algo valioso.

También influye su situación de conservación. La especie figura en la Directiva Hábitats de la Unión Europea y el artículo recuerda que está considerada amenazada en varios países del continente. Por eso los investigadores plantean que su estatus en España merece una revisión más seria a la luz de este nuevo registro. No porque el hallazgo implique abundancia, sino justo por lo contrario: porque la escasez de citas nacionales sigue siendo extrema.

Hay además una lectura de fondo todavía más sugerente. Las poblaciones meridionales de esta especie, como la ahora documentada en León, podrían tener un valor especial en un escenario de cambio climático, ya que algunos estudios europeos apuntan a desplazamientos de distribución hacia latitudes más septentrionales. Eso convierte a estos núcleos del sur en piezas estratégicas para seguir la respuesta futura de ciertos insectos forestales al calentamiento.