Image: El arte del placer

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Novela

El arte del placer

Goliarda Sapienza

22 marzo, 2007 01:00

G. Sapienza en Fabiola, de A. Blasetti (1949)

Traduc. de Ernesto Montequin. Lumen. Barcelona, 2006. 784 páginas, 26 euros

Hay textos que llegan a los lectores con retraso, bien porque no encontraron un editor a tiempo o porque su valor fue descubierto con posterioridad, muerto ya el artista. éste es el caso de la obra comentada de Goliarda Sapienza (Catania, 1924-Roma, 1996), cuyo destino va unido al de la autora. Su biografía escapa los derroteros típicos, empezando por la poco convencional figura del padre. Fue un conocido socialista siciliano, luchador antifascista, al igual que su madre, colaboradora en Turín del filósofo marxista Antonio Gramsci, cofundador del partido comunista italiano. Goliarda creció en un ambiente de libertad, donde las convicciones ateas y el socialismo la escudaron de toda actitud convencional.

Desde los 16 años residió en Roma, donde estudió en la Academia de Arte Dramático. Su carrera de actriz la llevó a de-sempeñar papeles destacados en las tablas y luego en el cine, bajo las órdenes de los mejores directores de la época, como Luigi Comencini y Visconti. A fines de los 60 comenzará a publicar novelas de corte autobiográfico, siendo la reseñada la que requirió mayor esfuerzo, diez años de su vida (1967-1976). Sin embargo, le resultó imposible publicarla. Se suele decir que por ser explícita sexualmente, pero cuando pensamos en las obras de Moravia (La romana, 1947) o Françoise Sagan (Bonjour tristesse, 1954), tal razón no parece convincente. Quizá, la personalidad arbitraria, exuberante, de Goliarda Sapienza, acobardó a los editores. Sólo en 1998, y gracias a los esfuerzos de su último compañero, Angelo Peregrino, vio por fin la luz.

Sapienza exhibe la tenacidad narrativa de los autores convencidos de que tienen algo que decir, una biografía digna de ser hecha pública. Pío Baroja tenía una actitud parecida, aunque su vida apenas tuvo capítulos difíciles, como los de la escritora italiana, con estancias en hospitales psiquiátricos tras un intento de suicidio, o una estancia en la cárcel por el robo de una joya. Este tipo de narradores tampoco se esfuerzan en montar un armazón ficticio complicado. Se fían de la voz propia, de sus convicciones y experiencias biográficas, usando la pluma para contar en clave ficticia una historia muy suya. Con frecuencia este empeño acaba en un desastre. Cuando tiene éxito, como con El arte del placer, llegamos a deleitarnos con un testimonio ciertamente único.

La protagonista de la novela, Modesta, Mody, comienza a hablarnos en la primera página, diciendo que nació el 1 de enero de 1900. El patrón novelesco de inicio es naturalista, una madre retraída, una hermana retrasada mental, y un hombre que se dice su padre, viven en la miseria, extraños el uno del otro. La violación de Modesta por el supuesto padre y un violento incendio la llevan a ser acogida en un convento, de paso para un orfanato. Pero la madre superiora, una mujer noble con un pasado oscuro, acaba encariñándose de ella e intenta despertar una improbable vocación religiosa. Lo que sí despierta en Modesta es la sensualidad y el deseo sexual. La joven acabará heredando a la monja noble, y tras el matrimonio con un oligofrénico se convierte también en una noble.
Junto con la peripecia narrativa de la protagonista, Sapienza sabe ir hilvanando otros hilos argumentales, donde se refleja la primera guerra mundial, la vida bajo el fascismo, la llegada de los liberadores americanos, y el desengaño de la vida política de posguerra. Modesta irá formándose con la lectura de novelas, de poesía, y de filosofía. Gramsci es el autor más mencionado.

La novela relata, pues, el hacerse de una mujer en la Italia del siglo XX. Su vida teje con absoluta naturalidad el goce sensual con el sexual, repleto de prácticas escabrosas, masturbaciones, amor lesbiano, adulterio, todo lo que supuestamente suscitó el rechazo de los editores. Lo personal se acompasa con las trasformaciones familiares, emotivas y políticas de la Italia de su tiempo. El resultado es una representación llena de grandeza emocional de aquel siglo, sus primeras seis décadas. Una obra maestra única de una escritora singular.