László Krasznahorkai.

László Krasznahorkai. Miquel Taverna, CCCB, 2026

Letras Entrevista

László Krasznahorkai, nobel de Literatura: "La mezcla de incultura e injusticia está acabando con Europa"

El escritor publica en España 'Herscht 07769', sobre un personaje que quiere alertar del fin del mundo a Angela Merkel.

El protagonista trabaja como limpiador de grafitis para un neonazi.

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Galardonado con el último Premio Nobel de Literatura "por su obra fascinante y visionaria que, en medio de un terror apocalíptico, reafirma el poder del arte", László Krasznahorkai (Gyula, Hungría, 1954) se muestra bienhumorado mientras responde a esta entrevista, aunque sus libros ahonden en lo más oscuro de la vida (la codicia, la intolerancia, el miedo), ofreciendo, casi a su pesar, un refugio a los lectores.

Ahora publica en España Herscht 07769, una monumental novela compuesta de una sola frase de cuatrocientas páginas sobre un personaje que quiere alertar del fin del mundo a Angela Merkel mientras trabaja como limpiador de grafitis para un director de orquesta amateur neonazi.

Krasznahorkai vive entre Viena, las colinas de Szentlászló y Trieste, desde donde responde por escrito a nuestras preguntas. En realidad, como dice a menudo, se ha pasado la vida yéndose de los sitios, y su oposición al hasta hace unos meses presidente Viktor Orbán, acentuó esa necesidad de huir. De hecho, la única condición que pone para responder a esta entrevista es no hablar de Orbán ni de política.

Lejos de casa, pero en Trieste, una ciudad mágica que recorren los fantasmas de Joyce, Svevo, Freud y Stendhal, desde el balcón de su apartamento contempla un pedazo del mar Adriático. La Gran Sinagoga se encuentra a pocos pasos de su refugio, al igual que el Caffè San Marco.

El nobel confiesa a El Cultural que cuando está allí suele levantarse muy tarde, y que no pasea ni va al cine, aunque a veces se encuentra con sus amigos. Y no, no necesita nada para escribir, "solo un debilitamiento temporal de mi fuerza de voluntad para no escribir algo", dice. "Los días pares me gusta el bullicio. Cuando miro por la ventana veo en parte el cielo y en parte la tierra. Espero vivir lo suficiente para ver cómo intercambian sus lugares".

Cubierta del libro 'Herscht 07769'.

Cubierta del libro 'Herscht 07769'. Acantilado

En realidad, lleva vagabundeando desde finales de los 80, cuando, tras estudiar Derecho y Literatura y Lengua, rompió con su familia, se hizo minero, recorrió Hungría haciendo autostop y comenzó a escribir obras como Tango satánico (1985), Melancolía de la resistencia (1989), Guerra y guerra (1999), Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río (2003) o esta Herscht 07769 que ahora publica Acantilado en España.

Pregunta. ¿No siente nostalgia de Hungría, de sus campos? ¿Qué es lo que más añora de su país?

Respuesta. La última persona a la que creería si dijera que sentía nostalgia por el campo húngaro fue Sándor Petöfi, el genial poeta del siglo XIX. El campo húngaro no despierta nostalgia en mí, de hecho me alejé de él todo lo que pude. Es así porque vengo de allí y nunca fui capaz de engañarme, aunque lo intenté, pensando que el lugar del que procedo era mi hogar. Sin embargo, fue allí donde perdí mi hogar. Por eso no niego que el campo tenga una importancia imborrable en mi vida.

"Los verdaderos lectores nunca abandonan a los verdaderos escritores. Desaparecerán juntos"

P. Acantilado acaba de publicar Herscht 07769. ¿Cómo nació esta novela sobre Kana, una aldea olvidada de Turingia, en la antigua República Democrática Alemana?

R. Originalmente fui a Turingia porque siento una atracción indescriptible, que me ha acompañado toda la vida, hacia la música de Johann Sebastian Bach, y ese deslumbramiento me impulsó a dejar al menos una señal de esa fascinación en esta última etapa de mi vida. Decidí visitar todos los lugares de Turingia, y fuera de Turingia, relacionados con la vida de este genio: aquellos donde nació, creció, estudió, enseñó, inspeccionó órganos, actuó e incluso el lugar donde bebía cerveza.

»Llegué allí, pero enseguida se me unió un joven gigantesco que me reveló hasta el más mínimo detalle de su azarosa existencia. Se llamaba Florian Herscht, y su relato era tan emocionante y me impresionó tanto que pronto la vida, la figura y el ser arrebatado de Florian empezaron a interesarme más que los de Bach, y comencé a percibir también la vida y la figura del genial músico a través de la de Herscht. Todo lo demás está en el libro. Cuando se me acercó, aún no existía; espero que hoy ya sí. Y que permanezca con nosotros.

"Vivo bajo el efecto de mi pasión y, dado que los indefensos forman parte de mi vida, no puedo dejarlos fuera"

P. ¿Es cierto que esta novela nació porque se dijo a sí mismo que debía olvidar la literatura "seria"? ¿Por qué? ¿De verdad cree que los verdaderos lectores han abandonado a los escritores?

R. A la primera parte de la pregunta ya he respondido. Sobre la segunda, puedo decirle que los verdaderos lectores nunca abandonan a los verdaderos escritores. Desaparecerán juntos.

László Krasznahorkai, en el CCCB de Barcelona, el pasado febrero.

László Krasznahorkai, en el CCCB de Barcelona, el pasado febrero. Miquel Taverna, CCCB, 2026

P. Uno de los desafíos del libro es que consiste en una única frase de cuatrocientas páginas que arrastra al lector y lo sumerge en una especie de trance. ¿Lo escribió así, casi en trance, bajo el efecto de la historia, o ya sabía antes de empezar cómo iba a terminar la historia de Herscht?

R. Florian Herscht dictaba desde su propio espacio particular, un espacio que se preparaba para existir. Yo solo tenía que escribirlo. Y como todo era tan apasionado que no podía fragmentarse en frases delicadas, pequeñas y breves, ocurrió que no me detuve al escribir, porque él tampoco lo hizo. Hasta que creyó que ya existía.

P. ¿No temió ni por un instante que este desafío de cuatrocientas páginas podría ahuyentar a los lectores?

R. No temo a los lectores.

"Nunca entendí a los vencedores, solo a los perdedores"

P. ¿De dónde proviene su atracción por los perdedores, por seres como el protagonista de El Barón Wenckheim vuelve a casa, o como el propio Florian Herscht, que son personajes inocentes y casi indefensos, aunque finalmente Florian recurra a la violencia? ¿Qué revelan estos personajes sobre el propio Krasznahorkai?

R. No revelan nada en absoluto sobre mí. Vivo bajo el efecto de mi pasión y, dado que estos indefensos forman parte de mi vida y de nuestras vidas, no puedo dejarlos fuera de foco. Por lo demás, nunca entendí a los vencedores. Entendí a los perdedores. Estoy con ellos.

P. Por cierto, cuando fue a la ceremonia de entrega del Nobel nos contó su traductor y amigo Adam Kovacsics que la editorial envió un ejemplar de su libro a Merkel, a la que el protagonista de esta novela envía unas cartas conspiranoicas. ¿No le mencionó la novela a la expresidenta alemana cuando compartieron mesa en la cena del premio en Estocolmo?

R. Sí, se lo mencioné. Le sorprendió un poco saber que los editores se lo habían enviado porque no lo había recibido. Así que tomé cartas en el asunto y se lo envié yo mismo por correo. Sé que lo recibió. En septiembre volveremos a encontrarnos, en un entorno casi familiar. Tengo curiosidad por saber si lo sacará a relucir. Me interesaría mucho conocer qué opina del pequeño planteamiento de física cuántica de Florian en el libro: que la esperanza es un error, es decir, que es algo que nace de un error, de un exceso irregular. Y también, por supuesto, quiero saber si disfrutó de la lectura.

"Me interesa mucho conocer qué opina Merkel del planteamiento de Herscht sobre la esperanza como error"

P. ¿A qué se debe la reaparición de los neonazis en Europa? ¿En qué ha fracasado la Unión Europea para que resurja esta ira irracional y racista?

R. La explicación está en la proliferación implacable, patológica y exponencial, de seres humanos toscos –no refinados, nada sutiles, embrutecidos–. Cuando la injusticia se mezcla con la incultura y la semiformación, puede llegar a provocar la caída de nuestra civilización en Europa.

P. ¿Cree que con esta novela se ha acercado más al libro perfecto con el que sueña?

R. No. Con cada uno de mis libros me he alejado más de él. Lo único que logré hacer fue literatura.

"Con cada uno de mis libros me alejo más de la obra perfecta que sueño. Lo único que logro hacer es literatura"

P. Cuando estuvo en España hace unos meses dijo que su rendimiento como escritor empeoraba cada vez más. ¿Dónde termina la broma y dónde empieza la confesión?

R. La broma es la confesión. La verdad es que no dije que mi rendimiento como escritor empeorara. Confesé que mi memoria lo hace y que trabajo con la mente, es decir, empiezo la frase en mi cabeza, la continúo allí y allí busco el tempo, el ritmo y la melodía adecuados, y no la escribo hasta que resulta aceptable también en sentido musical. Solo entonces la pongo por escrito. Pero últimamente, sin embargo, solo puedo retener en la memoria fragmentos más cortos de frases; en otras palabras, tengo que pasar más tiempo sentado ante el ordenador.

P. ¿Qué escritores se han acercado más a la novela perfecta que usted imagina?

R. Todavía nadie se ha acercado a ella. Además, solo me habría estado esperando a mí, porque aquello que considero perfecto solo yo hubiese podido escribirlo.