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Letras

El pentagrama subversivo de Ted Gioia

Desde los sonidos del mundo primitivo hasta la música electrónica de baile de nuestros días el autor recorre en este ensayo los momentos decisivos de cambio en la historia musical

4 enero, 2020 08:44

La música. Una historia subversivaTed Gioia

Traducción de Mariano Peyrou. Turner. Madrid, 2020. 576 páginas. 29,90 €

El ciclo autoperpetuador de disrupción y normalización estética es una de las grandes constantes de la música, al igual que de muchas, si no la mayoría, de las artes. Ideas que al principio parecen no convencionales —la polifonía, la armonía cromática, el swing— se convierten en convenciones para ser depuestas por nuevas ideas no ortodoxas que, a su vez, acaban convirtiéndose en ortodoxias. Para los compositores y los intérpretes musicales, subvertir las normas ha sido siempre lo normal. Históricamente hablando, la subversión es todo menos subversiva.

En su último y más ambicioso libro, La música. Una historia subversiva, Ted Gioia (Hawthorne, California, 1957), crítico de jazz y autor de otras 10 obras sobre música, utiliza el conocido esquema del rejuvenecimiento cíclico a través de la transformación como mecanismo para reflexionar sobre la historia de la música en su totalidad, desde los sonidos del mundo primitivo hasta la música electrónica de baile de nuestros días. Para Gioia, el propio Big Bang, la fanfarria que lo anunció todo, es “un símbolo de los posteriores estallidos musicales descritos en estas páginas, esos sonidos indisciplinados que hacen añicos el orden existente, causan turbulencias e incluso caos, para fundirse gradualmente en una nueva estabilidad”.

Gioia posiciona su trabajo como una historia de la subversión en la música y una obra de historia subversiva al mismo tiempo. Como explica al empezar en un lenguaje que se repetirá a lo largo del libro, los “elementos vergonzosos de las canciones —su relación con el sexo, la violencia, la magia, y otros temas de mala fama— son en realidad fuentes de poder que funcionan como motores de innovación en la creación musical humana".

A lo largo de unos pasajes inteligentes pero legibles, a veces vertiginosamente efusivos, el autor cuenta cómo los chamanes ponían las fuerzas del ritmo al servicio de la trascendencia; cómo Safo, la poeta griega, marcó el camino para que los cantantes expresasen sus sentimientos personales y no se limitasen a elogiar a los dioses; cómo los angustiados sonidos de los cantos de los esclavos contribuyeron a modelar tanto la música del mundo árabe como la de Occidente, y cómo, en la esfera clásica, personajes como Bach y Beethoven fueron en su momento inconformistas radicales en lo social y en lo musical.

Este ensayo demuestra como por medio de insurrectos culturales e inadaptados de diversa índole, la música ha desafiado con frecuencia a la autoridad

Gioia plantea todo esto como un correctivo a anteriores historias de la música, dedicadas a resaltar el valor de las figuras canónicas y las grandes obras, que sirven a instituciones consagradas y reafirman el statu quo. “La verdadera historia de la música no es respetable” afirma en una atrevida insinuación de que lo que él presenta no es tan solo una historia rara vez contada, sino la única historia de verdad. Por medio de insurrectos culturales e inadaptados de diversa índole, la música ha desafiado con frecuencia a la autoridad, soliviantando a los “jefes políticos, líderes religiosos, o, sencillamente, a padres temerosos”, señala el autor, y añade: “Aunque esta cara de la historia nunca se la contarán las bien financiadas instituciones musicales consagradas a proteger su respetabilidad y sus pretensiones intelectuales”.

La acusación de que los educadores, las instituciones artísticas y los historiadores de la música, Gioia aparte, están ciegos al valor de la innovación transgresora está presente a lo largo de todo el libro. Seguramente esto sorprenderá al personal de las instituciones organizadoras de miles de festivales que presentan música audaz y a menudo radical. También resultará desconcertante para numerosos educadores musicales que, por lo general, temen ser criticados por pensar de manera demasiado subversiva más que demasiado conservadora. Y sin duda irritará a autores como Brent Hayes Edwards, Jennifer Lena, Alex Ross y otros que han escrito historias de la música reveladoras, no contaminadas por el tradicionalismo reductivo ni la capitulación a los lugares comunes.

En su ensayo, Gioia infravalora ese desafío, parte del ciclo de disrupción y normalización estética, a la fiereza musical que es la belleza.

A pesar de sus ambiciosas y nobles intenciones, La música. Una historia subversiva tiene una concepción limitada de qué es subversión. Gioia reconoce con razón la importancia de Robert Johnson, el maestro del blues de mediados de la década de 1930, y rinde homenaje a la abierta carnalidad, la violencia descarnada y la deuda con la magia y la superstición de su música y su imagen, así como al rigor formal de su talento musical. Sin embargo, apenas concede importancia a las disrupciones ferozmente radicales con sello de género de Ida Cox, Mamie Smith, Ma Rainey, Bessie Smith, y otras mujeres protofeministas que hicieron del blues una fuerza de primer orden en la música estadounidense una década antes de que Johnson grabase sus primeros temas. El autor hace referencia a un puñado de estas mujeres, interpretándolas como cantantes que convirtieron “el blues en una propiedad comercial”. Sin embargo, que su arte tuviese éxito comercial no disminuye su importancia.

La subversión de la que habla Gioia adopta, de manera habitual y minuciosa, la forma de ferocidad, tumulto y caos. Las palabras “violento” y “violencia” aparecen docenas de veces. Sin embargo, existen otras clases de subversión. En su esquema, Gioia infravalora ese desafío, parte del ciclo de disrupción y normalización estética, a la fiereza musical que es la belleza. En un mundo en el que ferocidad, tumulto y caos están firmemente establecidos en la cultura musical, no hay nada tan subversivo como crear música lujosa y agradable.

En la última frase del libro, Gioia da las gracias a su mujer y a sus dos hijos, a los que llama “los fundamentos de todo lo bueno y hermoso que hay en mi vida”. Si la bondad y la belleza son tan importantes para él, ¿por qué no tener en cuenta su importancia en la música? Eso sí que sería verdaderamente subversivo.

© The New York Times Book Review
Traducción: News Clips