Imagen de Maribel y Vicente.

Imagen de Maribel y Vicente. YouTube (Arnau Serrado)

Sociedad

Maribel y Vicente se jubilaron y después se fueron a vivir a una autocaravana: "Es mucho más económico que vivir en un piso"

La pareja decidió abandonar su vida rutinaria para disfrutar de su pensión en la carretera con una autocaravana.

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Las claves

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Maribel y Vicente, una pareja de pensionistas mallorquines, vendieron su casa para vivir y viajar en autocaravana por Europa.

Afirman que la vida en autocaravana es más económica que en un piso, controlando sus gastos y eliminando costes fijos como luz, agua y coche.

El cambio les ha permitido mejorar su calidad de vida, especialmente en salud, gracias a la posibilidad de elegir climas más adecuados.

Consideran que la vida nómada requiere desapego y asumir la distancia con la familia, pero no piensan volver a vivir en un piso.

Maribel y Vicente se jubilaron y, lejos de optar por una vida tranquila en su hogar de siempre, decidieron dar un giro radical: venderlo todo y mudarse a una autocaravana.

Cinco años después, esta pareja de pensionistas mallorquines recorre Europa con una idea clara de lo que significa vivir bien.

"Nos ponemos un límite de 700 euros al mes en gasoil", explican, como parte de una filosofía basada en la libertad, el control del gasto y el contacto con la naturaleza.

El cambio no fue impulsivo. Durante décadas, ambos dedicaron su tiempo a cuidar de sus padres y sacar adelante a sus hijos. Pero tras el fallecimiento de la madre de Maribel, sintieron que era el momento de pensar en ellos.

"La libertad, el poder disfrutar de los años que nos quedan ahora... es nuestro momento", resume Vicente. Buscaban alejarse de la rutina, de las grandes ciudades y acercarse a una vida más sencilla, en pueblos pequeños, rodeados de silencio y tranquilidad.

Lejos de lo que podría parecer, la adaptación a la autocaravana fue rápida. Viven en un vehículo de 7,5 metros completamente equipado y autosuficiente, con placas solares, baterías, una amplia nevera y hasta aire acondicionado portátil.

"Te acostumbras a las medias, te acostumbras a todo... no nos falta de nada absolutamente", asegura Maribel. Para ellos, una de las mayores ventajas es la capacidad de decidir dónde estar y con quién convivir: si un lugar no les convence, simplemente arrancan y siguen su camino.

En el plano económico, el cambio ha sido clave. Viven de dos pensiones y han eliminado prácticamente todos los gastos fijos asociados a una vivienda tradicional: electricidad, agua, gas o incluso el coche.

De hecho, vender su vehículo les permitió ahorrar unos 400 euros mensuales entre cuota y seguro. Su presupuesto ronda los 2.000 euros al mes, incluyendo el combustible, para el que se imponen un límite estricto: "Cuando lleguemos a los 700 euros, te paras... hasta que vuelvas a cobrar no vuelves a arrancar".

Además, han reducido notablemente el gasto en alimentación. Su rutina es sencilla: desayunan, comen y cenan en casa, evitando restaurantes. "Es mucho más económico vivir aquí que en un piso", sostienen.

Aun así, mantienen una disciplina de ahorro: reservan entre 150 y 200 euros mensuales para un fondo destinado a imprevistos o mantenimiento del vehículo.

La salud ha sido otro factor determinante. Maribel padece una enfermedad ósea degenerativa y problemas graves de columna. La humedad de Mallorca agravaba su dolor, mientras que la posibilidad de moverse a climas más secos ha supuesto una mejora notable.

"Aquí estás más cómodo... dos escalones y estás abajo", explica. Su solución, cuando el clima no acompaña, es simple: cambiar de lugar.

En cuanto a la seguridad, desmontan prejuicios. "En casa creo que tienes más opciones de tener problemas", afirma Vicente. En cinco años no han tenido incidentes, y cuentan con medidas como cámaras de vigilancia y la compañía de su perra, a la que consideran "la alarma perfecta".

Eso sí, advierten de que no es una decisión para todos. Requiere desapego y asumir la distancia con la familia. Aun así, lo tienen claro: no volverán a un piso.

Su plan es seguir viajando mientras puedan y, cuando llegue el momento de parar, hacerlo en un entorno natural, con sol y aire libre. Porque, para ellos, jubilarse no ha sido el final de una etapa, sino el comienzo de otra mucho más libre.