Imagen de archivo de la construcción.

Imagen de archivo de la construcción. iStock

Sociedad

Nerea llegó a Australia y trabajó como albañila: "Me iban a mandar a mi casa y le dije que por venir me pagaban 4 horas"

La trabajadora del sector de la construcción contó en sus redes sociales los diferentes retos que vivió en Australia.

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Las claves

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Nerea, una joven española, viajó a Australia y consiguió trabajo como albañila en un sector mayoritariamente masculino.

El primer día, pese a la negativa inicial, Nerea insistió en quedarse y recordó la ley australiana que obliga a pagar 4 horas mínimas al trabajador desplazado.

Superó una dura jornada manejando un martillo mecánico, demostrando su capacidad y recibiendo la invitación para continuar trabajando toda la semana.

Su experiencia pone de relieve el avance de las mujeres en la construcción y la necesidad de relevo generacional en el sector.

La construcción sigue siendo, a día de hoy, un sector marcadamente masculino.

Según el Observatorio Industrial de la Construcción, las mujeres apenas representan el 11,2% de la fuerza laboral, un dato que refleja la brecha existente en un oficio históricamente asociado a los hombres.

Sin embargo, historias como la de Nerea (@nereaexplora) evidencian que esa realidad está empezando a cambiar.

Esta joven española decidió dar un giro a su vida profesional y probar suerte en Australia, donde terminó trabajando como albañila.

Su experiencia, que ha compartido a través de redes sociales, no solo rompe estereotipos, sino que también pone de relieve las oportunidades que pueden surgir en un sector que, además, atraviesa una crisis generacional: en España, más del 55% de los trabajadores de la construcción supera los 45 años.

El primer día de Nerea en una obra australiana no fue precisamente sencillo.

"Soy obrera. Estoy reventada, pero tan contenta con mi primer día como albañil", aseguraba. "Llego a las 7 de la mañana, estaban el jefe de obra y el supervisor. Me dicen: 'Hola, ¿qué quieres?' y yo le digo que quiero trabajar", relataba.

Sin embargo, la respuesta inicial no fue la que esperaba. "Me dice: 'Pero es que hoy no nos hacen falta traffic controllers'". Ante esa negativa, la situación parecía clara: no habría trabajo para ella ese día.

Pero Nerea decidió no marcharse sin intentarlo una vez más.

"De traffic nada, yo soy obrera albañila. Estaba viendo ya que me iban a mandar a casa. No sé en ese momento qué se apoderó de mí, que voy y le suelto: 'Mira, esto es lo que vamos a hacer. Por haberme hecho venir hasta aquí, ya me vas a tener que pagar 4 horas'", apuntaba.

Esa afirmación no era casual. Tal y como explicó, en Australia existe la obligación de pagar un mínimo de horas cuando un trabajador se desplaza a una obra, incluso si finalmente no realiza tareas. Ese detalle marcó la diferencia.

La empresa optó por darle una oportunidad, aunque con una condición exigente: manejar un martillo mecánico.

"Les dije que por supuesto sabía usar uno, aunque no sabía ni lo que era eso. Pues yo ahí con el jackhammer", indicaba. "Cinco horas me han tenido con el jackhammer de arriba abajo. Digo, se me caen los brazos, se me desarman los hombros".

El esfuerzo físico fue intenso, pero también determinante. Nerea tenía claro que no podía fallar en ese momento: "Si no podía hacer el trabajo iba a quedar, aparte de inútil y de floja, de boca chancla. Y yo, ahí estaba: aguanta, aguanta, aguanta".

Tras completar la jornada y asumir incluso tareas adicionales, como reorganizar materiales, llegó la recompensa.

El jefe de obra se acercó con una propuesta directa: "Nerea, ¿puedes venir mañana?". Su respuesta no dejó lugar a dudas: estaba dispuesta a continuar toda la semana.

Su historia no solo refleja determinación individual, sino también una tendencia en auge: cada vez más mujeres encuentran en la construcción una salida profesional viable, desafiando prejuicios y contribuyendo a renovar un sector que necesita relevo generacional.