El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, atiende a los medios tras salir del Ministerio de Sanidad, este jueves en Madrid, después de su reunión con el fin de examinar la emergencia sanitaria del crucero MV Hondius.

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, atiende a los medios tras salir del Ministerio de Sanidad, este jueves en Madrid, después de su reunión con el fin de examinar la emergencia sanitaria del crucero MV Hondius. Javier Lizon / EFE.

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Las 72 horas críticas de Clavijo, el presidente "pisoteado" en la crisis del Hondius tras años de "abandono" por la inmigración

El choque por el operativo del crucero con hantavirus volvió a situar a Canarias en el centro de una crisis global y reforzó el discurso del Gobierno de Canarias sobre la presión permanente que soporta el archipiélago.

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Puerto de Granadilla (Tenerife)
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El MV Hondius seguía este lunes frente al puerto de Granadilla mientras el operativo internacional desplegado por el brote de hantavirus entraba en sus últimas horas y Fernando Clavijo volvía a ocupar el lugar incómodo que lleva meses persiguiéndole en la política española.

El del presidente autonómico obligado a gestionar crisis de alcance internacional desde una comunidad ultraperiférica que siente que soporta responsabilidades desproporcionadas con recursos limitados.

Primero fueron los cayucos y la presión migratoria. Después, el reparto de menores no acompañados. Ahora, un crucero con tres muertos, un virus extremadamente raro y una operación sanitaria coordinada por la OMS en mitad del Atlántico.

Mónica García y Ángel Víctor Torres durante la reunión con Fernando Clavijo.

Mónica García y Ángel Víctor Torres durante la reunión con Fernando Clavijo. Ministerio de Sanidad

En apenas unos días, Tenerife pasó de ser un destino turístico a convertirse en el centro logístico de una emergencia global, y Clavijo volvió a reaccionar igual que en las crisis anteriores: elevando el tono frente al Estado, reclamando información y marcando distancia política mientras el Gobierno central terminaba ejecutando el operativo.

El presidente canario llegó a asegurar públicamente durante el fin de semana que Canarias no autorizaría el fondeo del Hondius "sin garantías suficientes". Lo hizo después de varias horas de tensión interna entre administraciones, llamadas cruzadas y dudas sobre el protocolo sanitario que debía aplicarse a los cerca de 150 pasajeros y tripulantes del barco.

En el entorno del Ejecutivo autonómico insistían en privado en que el problema no era sanitario, sino político y competencial: el Gobierno de Canarias entendía que estaba recibiendo información fragmentada y tardía sobre una operación extremadamente sensible que iba a desarrollarse en su territorio.

El Ejecutivo central, mientras tanto, defendía que el dispositivo estaba coordinado desde el ámbito internacional junto a la Organización Mundial de la Salud y que los riesgos reales estaban controlados.

El choque duró horas, pero dejó una imagen política reconocible para cualquiera que haya seguido la legislatura de Clavijo: la de un presidente autonómico que lleva meses intentando convertir la idea de abandono institucional en el eje central de su discurso político.

El MV Hondius, durante su fondeo en el puerto de Granadilla, Tenerife.

El MV Hondius, durante su fondeo en el puerto de Granadilla, Tenerife.

Colapso migratorio

En Canarias, esa narrativa ha encontrado terreno fértil. El colapso migratorio en El Hierro, la saturación de los centros de menores, la presión sobre los servicios públicos y la sensación permanente de frontera desbordada han permitido a Clavijo construir un perfil de dirigente atrapado entre emergencias constantes y un Estado que, según denuncia con frecuencia, reacciona tarde o de forma insuficiente.

El Hondius encajó casi de forma automática en esa lógica política. Durante varios días, el puerto de Granadilla se transformó en una especie de frontera sanitaria provisional entre el barco y Europa.

Ambulancias, convoyes policiales, militares, técnicos de Sanidad Exterior y equipos de protección integral ocuparon el recinto mientras el crucero permanecía aislado frente a la costa sur de Tenerife.

Un pasajero del MV Hondius sube al bus de la UME en Tenerife.

Un pasajero del MV Hondius sube al bus de la UME en Tenerife. Reuters

Incluso este lunes, cuando el operativo encaraba ya su fase final, seguía habiendo una enorme expectación mediática alrededor del muelle industrial. Televisiones internacionales retransmitían en directo cualquier movimiento del barco y decenas de periodistas seguían pendientes de las últimas decisiones sanitarias y diplomáticas vinculadas a la evacuación de pasajeros.

A bordo permanecen ya únicamente los 30 tripulantes encargados de llevar el buque hasta Países Bajos una vez concluyan definitivamente las operaciones coordinadas entre España y los distintos gobiernos implicados.

El barco había repostado combustible durante la jornada mientras la ministra de Sanidad, Mónica García, confirmaba que finalmente solo despegaría un vuelo hacia Países Bajos con los pasajeros que todavía seguían pendientes de evacuación.

Los 14 españoles que viajaban en el crucero ya permanecen en cuarentena en Madrid hasta el próximo 17 de junio.

Casos positivos

Mientras el dispositivo avanzaba hacia su desenlace, seguían apareciendo nuevos positivos asociados al brote. Francia confirmó el contagio de una de sus ciudadanas repatriadas y Estados Unidos informó de otros casos bajo vigilancia, aunque las autoridades españolas rebajaron públicamente la gravedad de algunos de ellos.

El virus implicado —hantavirus Andes— sigue siendo uno de los más sensibles para los sistemas internacionales de vigilancia epidemiológica debido a su rareza y a la posibilidad documentada de transmisión entre humanos.

La travesía del Hondius había comenzado como una expedición polar de lujo organizada por Oceanwide Expeditions y terminó derivando en una de las crisis sanitarias marítimas más complejas de los últimos años.

El barco permaneció durante días fondeado frente a Cabo Verde convertido en una anomalía flotante: pasajeros confinados, enfermos aislados, evacuaciones médicas de emergencia y negociaciones diplomáticas entre gobiernos para decidir qué país asumiría finalmente la operación internacional de desembarco y repatriación.

Operativo de crisis

España acabó aceptando el operativo por una combinación de factores logísticos, sanitarios y geopolíticos. Canarias ofrecía capacidad aeroportuaria, hospitales preparados y una posición estratégica para coordinar vuelos internacionales hacia Europa y América.

Pero esa misma decisión volvió a colocar al archipiélago en un lugar políticamente delicado: el de territorio ultraperiférico que asume emergencias globales mientras intenta convencer al resto del país de que vive sometido a una presión excepcional.

En privado, varias fuentes institucionales reconocen que el choque político alrededor del Hondius fue mucho más intenso durante las primeras horas de lo que terminó trascendiendo públicamente.

El MV Hondius, atracado en el puerto de Granadilla (Tenerife), este domingo.

El MV Hondius, atracado en el puerto de Granadilla (Tenerife), este domingo. Hannah McKay / Reuters.

Nadie quería aparecer como responsable de bloquear una operación sanitaria internacional, pero tampoco asumir completamente el coste político de una crisis tan sensible. Clavijo optó por tensionar la situación durante las fases iniciales, exigir explicaciones y marcar perfil propio frente a Madrid.

Después, una vez activado el operativo y rebajado el riesgo inmediato, el discurso institucional fue moderándose; hasta este lunes, en el que el presidente aceptó el atraque del buque porque "la prioridad es que la operación se desarrolle con todas las garantías, en el menor tiempo posible y que el crucero pueda partir cuanto antes".

A última hora de la jornada, mientras el Hondius partía rumbo al puerto de Róterdam, tras haber atracado en Granadilla por motivos meteorológicos, y los equipos de televisión continuaban esperando el último movimiento del barco, el operativo comenzaba lentamente a desmontarse.

Pero el episodio dejaba otra imagen difícil de separar ya de la presidencia de Fernando Clavijo. La de un dirigente que gobierna unas islas convertidas, cada vez con más frecuencia, en punto de recepción de crisis que empiezan muy lejos de Canarias y terminan resolviéndose aquí.