Malena Alterio y Carmen Ruiz en la Sala Verde de los Teatros del Canal. Foto: Sara Fernández

Malena Alterio y Carmen Ruiz en la Sala Verde de los Teatros del Canal. Foto: Sara Fernández

Teatro

Malena Alterio y Carmen Ruiz, juntas en el Día del Teatro: "El escenario te da algo importante: la humildad"

Amigas fuera y dentro de la ficción, coinciden por primera vez en un escenario en el estreno de 'La vida extraordinaria', de Mariano Tenconi Blanco, en los Teatros del Canal.

Más información: Prometeo danza en Matadero con la Grecia clásica como espejo del presente

Publicada

Forman parte de la misma generación, ambas nacieron en 1974 y se criaron en ese Madrid de los años 70 y 80, en el que despertó su vocación por la interpretación. Alumnas de la escuela de interpretación de Cristina Rota, Malena Alterio y Carmen Ruiz despuntaron en los 2000 como actrices de dos populares series de televisión: Aquí no hay quien viva y Yo soy Bea.

Desde entonces, sus ambiciones interpretativas las han llevado por todos los registros posibles. Sin embargo, puestas a elegir, ellas lo tienen claro: “El teatro siempre”. Bajo esta idea nos reunimos con ellas para celebrar la efeméride de las tablas, que se celebra mañana, 27 de marzo, y el estreno en Teatros del Canal de su próximo proyecto juntas: La vida extraordinaria.

Escrita y dirigida por Mariano Tenconi Blanco, en ella ambas interpretan a dos mujeres con una vida corriente. Las vemos sufrir, reírse, enamorarse, aprender a querer... Hay monólogos, diálogos, diarios íntimos...

Pregunta. En La vida extraordinaria ambas interpretan a dos amigas, Aurora y Blanca. ¿Qué tienen en común con sus personajes?

Malena Alterio. Quizás los vínculos afectivos que se generan de esa amistad a lo largo del tiempo. Cómo la van sosteniendo, tanto los personajes como nosotras. Podemos pasar tiempo sin vernos, pero...

Carmen Ruiz. Siempre estamos.

M. A. Sí. Eso lo decía Borges también. Que la relación de pareja, el amor afectivo, había que cultivarlo día a día, pero la amistad no tenía esa necesidad.

Malena Alterio y Carmen Ruiz. Foto: Sara Fernández

Malena Alterio y Carmen Ruiz. Foto: Sara Fernández

C. R. Ambas tienen muchos matices, son unos personajes divinos. Te dan la oportunidad de ser mejor actriz. Pero no sé... No tienen mucho que ver conmigo y a la vez lo tienen todo.

M. A. Pasan por algo común a todos: se enamoran, se desenamoran, pierden a sus padres... Si hay suerte, claro, si una puede vivir todo eso, a eso se reduce la vida.

P. Una peculiaridad de esta obra –con la que estarán en Teatros del Canal hasta el 19 de abril– es que experimenta formalmente con otros registros como la poesía, los diarios, el monólogo...¿Cómo afrontan una dramaturgia tan exigente?

C. R. Lo más complejo es habitar esos textos. Porque cada una leemos poesía, pero lo hacemos de una manera muy diferente. Es un ejercicio de estilo también. Entonces te enfrentas a ello intentando hacerlo lo más de verdad posible. A mí al principio me daba mucho respeto, pero es un lujo que te venga algo así en la carrera.

“En el teatro tienes la pelea diaria de tratar de hacerlo como lo soñaste, aunque nunca salga así”. Malena Alterio

M. A. Sí, es un desafío. Es complejo encarar la diversidad de registros dentro de un mismo espectáculo. Es una yincana. Desde el primer momento me conmovió. Pero es un regalo que hay que sostener. Exige mucho. Pasamos de un estado a otro muy rápido. Hay que estar muy concentradas.

P. En esta historia vemos cómo algo común se transforma en extraordinario gracias a la literatura y a la amistad. ¿Qué importancia tienen estos dos factores en su día a día?

C. R. Son fundamentales, claro. Lo son todo en la vida.

M. A. Sobre eso se sostiene nuestro oficio. Las partituras son las palabras, los pensamientos y los sentires de los personajes. Y sobre eso hemos construido nuestra manera de estar aquí.

Malena Alterio y Carmen Ruiz. Foto: Sara Fernández

Malena Alterio y Carmen Ruiz. Foto: Sara Fernández

P. En ese sentido, ¿qué papel juega el teatro en sus vidas?

C. R. Es nuestro oficio. Yo soy quien soy como actriz por el teatro. A mí me encantan el cine y la televisión. La repetición y el rácord es algo que me fascina y que me resulta complicadísimo, porque además cuando ruedas no hay una cronología en lo que tú interpretas.

»Pero el escenario me ha ayudado a hacer las cosas de audiovisual de otra manera. No es verdad que haya actores de teatro, de cine y de televisión. Somos actrices que nos adaptamos a cada medio. Aunque el teatro te da algo importante, la humildad: estás pisando unas tablas, sosteniendo un texto...

M. A. También es el espacio donde uno realmente puede probar cosas. Tanto en la televisión como en el cine va todo tan rápido... Hay otro tiempo, otra energía. El teatro, por lo general, es donde tú puedes equivocarte. Y, sobre todo, cuando ya estás en escena, está la repetición de todos los días. A mí eso me encanta. Cuando se termina la función, ya pienso en hacerla otra vez porque siento que me he equivocado. Al día siguiente tienes la oportunidad de poder redimirte o probar otras cosas. A veces sale, o no, pero tienes esa pelea diaria de tratar de hacerlo como tú lo soñaste. Aunque nunca sale así.

“A mí me encantan el cine y la televisión, pero el teatro te da humildad y soy lo que soy gracias a él”. Carmen Ruiz

P. ¿Nunca bajan del escenario con esa sensación de decir “hoy sí”?

C. R. Algunas veces, sí. También hay que darse una palmadita en la espalda y decir que ese hoy sí.

M. A. Yo he aprendido a ser más generosa. Pero me cuesta.

C. R. A mí también. Nos parecemos mucho nosotras. En terapia siempre trabajo eso con mi psicóloga. Si uno no valora el logro, tampoco puede crecer.

P. ¿Cómo recuerdan sus inicios sobre las tablas?

M. A. Yo empecé con animaciones en bodas, banquetes y comuniones. La primera parte remunerada del oficio fue haciendo de Payasa Chinchilla. Después me formé con Cristina Rota. Y así comencé, poco a poco, asumiendo más responsabilidades. Si me hubiera venido todo de golpe, no sé si lo hubiera podido digerir. Siempre era muy respetuosa, casi pidiendo permiso y perdón por la torpeza con la que me metía.

C. R. Yo la primera vez que me puse delante de un público fue también en la escuela de Cristina Rota, en La Katarsis del Tomatazo. Luego, como Malena, hice bodas y comuniones. Y cuando acabé la escuela formé una compañía con otros tres compañeros y eso me enseñó mucho a valorar la autogestión. Nosotros hacíamos todo: el vestuario, la escenografía, cargábamos, descargábamos, cancelábamos funciones porque había menos espectadores que actores... Pero la primera vez que trabajé de manera profesional fue ya con la compañía de off Martelache.

Carmen Ruiz y Malena Alterio, junto al director de 'La vida extraordinaria', Mariano Tenconi Blanco. Foto: Sara Fernández

Carmen Ruiz y Malena Alterio, junto al director de 'La vida extraordinaria', Mariano Tenconi Blanco. Foto: Sara Fernández

P. Poco después, en los 2000, ambas protagonizaron dos series de televisión de éxito que popularizaron sus nombres. ¿Cómo vivieron aquella etapa?

M. A. Aquello fue fascinante. Formé parte de algo que fue un fenómeno y sigue siéndolo. Al principio nadie daba dos duros por lo nuestro, pero adquirió un nivel absolutamente abrumador. Luego esa popularidad fue a menos o me fui acostumbrado a ella. Pero aquello me dio más accesibilidad a espectáculos teatrales para los que en otro momento no me hubieran llamado. Si estás en la tele y eres conocida, eso es también un reclamo.

C. R. Creo que la época en la que empezamos a hacer algo que despuntara mucho era distinta a la de ahora. Hoy, con el aumento de las plataformas, todo está mucho más camuflado. En nuestra época era todo lo que había. Entrabas en las casas de la gente y todo el mundo lo veía. Era otra popularidad muy diferente que, como dice Malena, se iba rebajando.

P. De aquel elenco de Aquí no hay quien viva formaban parte Gemma Cuervo, Mariví Bilbao y Emma Penella. Ese tipo de generación, como el padre de Malena, Héctor Alterio, que hasta el último momento estuvo sobre las tablas. ¿Cómo era trabajar con ellos?

M. A. Fue fascinante. Eran absolutamente ejemplares y ojalá les lleguemos a la punta del dedo meñique del pie. Esa es mi aspiración. Son una generación muy dedicada a su oficio, muy amante de todo esto, de una manera muy humilde y generosa.

»Hasta el último momento enganchados, muy dignamente, a la vida. Porque el trabajo para ellos es la vida. Les vamos a echar mucho de menos, pero nos dejan su ejemplo. Ojalá que algo de eso llegue a las generaciones jóvenes.

P. Y ustedes, ¿en algún momento pensaron en tirar la toalla, en dejarlo?

C. R. Yo baches he tenido muchos, pero tirar la toalla no he querido nunca. Creo que hay que ir para adelante. Esta profesión es lo que tiene. Es así, intermitente, a veces desagradecida, pero otras es maravillosa y te da muchas alegrías. Es una carrera de fondo en la que no hay que perder el foco.

M. A. Yo he sido bastante afortunada, porque siempre he tenido continuidad alternando teatro, televisión y cine. No he tenido grandes parones. Sí que he llegado a pensar eso de: “No sirvo para esto, soy la peor...”. Pero luego haces otra función y, ¿cómo vas a dejarlo? Si es maravilloso. Entonces voy fluctuando, pero dentro de un sentir que es mi terreno, que es lo que quiero hacer. Tengo días mejores y peores, pero no de dejarlo. Eso no.

P. Pase lo que pase, siempre vuelven al teatro...

C. R. Bueno, y más ahora, con el tema de la IA ...

M. A. Hombre, es que esto del teatro no se va a morir nunca. Esto me lo dijo Núria Espert hace muchos años cuando yo estaba en pleno boom de Aquí no hay quien viva. Un día me la encontré, me felicitó y me preguntó: “Qué bien, Malena, que te ha ido fenomenal. ¿Y el teatro?”. Digo: “Bueno, es que ahora con la tele...”. “Bueno, bueno, está bien, pero no te olvides del teatro. El cine y la tele tal vez se van a olvidar de ti, el teatro no”. Así que nada, el teatro siempre.

La vida extraordinaria según Mariano Tenconi

Escrita entre 2016 y 2017, La vida extraordinaria surgió como un estudio relacionado con las distintas formas de escritura y la voluntad de leer en profundidad el Ulises de James Joyce, cuenta Mariano Tenconi Blanco. Monólogos en primera o tercera persona, diálogos, diarios íntimos o juegos con la estructura temporal se suceden en esta propuesta que, bajo esta compleja investigación formal, plantea en realidad una premisa más sencilla.

"Quería buscar el equilibrio entre la indagación literaria y los sucesos habituales de la vida que a todos nos pasan: la muerte de los padres, los romances, el deseo, el amor...". Todo ello a partir de la amistad de dos amigas, Blanca y Aurora. "Hay algo en la amistad que tiene esa capacidad de perdurabilidad que a veces el amor no tiene. Es un sentimiento que me conmueve, una emoción que puede acompañar una vida entera", explica.

Estrenada ya en Argentina, en España presenta una nueva versión adaptada a nuestro contexto y protagonizada por Malena Alterio y Carmen Ruiz. "Lo geográfico no era indispensable. Lo que les ocurre podría pasar en Argentina, aquí o en Alemania. No quisimos que sucediera en Argentina porque me parecía que le daba una lejanía a una obra que es, en realidad, muy cercana".

En ese sentido la escenografía también juega con el espacio-tiempo. "La obra sucede en muchos tiempos y en varios lugares", dice. Desde el origen de la Tierra al fin del mundo. "Requiere y demanda de la imaginación del espectador". Una pared de fondo nos remite a una casa. "Juega con la idea de la pertenencia, del regreso al hogar, a partir de espacios poéticos".