De izquierda a derecha, Bruno López-Linares, Rafael Blanca, Pilar Sáenz, Pep Muñoz y Dolors Tuneu.

De izquierda a derecha, Bruno López-Linares, Rafael Blanca, Pilar Sáenz, Pep Muñoz y Dolors Tuneu. Silvia Belloc

Teatro

Albert Boadella: “Cervantes se hubiera quedado sorprendido de la difusión que tienen hoy el populismo y el engaño”

En su 65 aniversario, la compañía revisita su ‘pintura’ más famosa: 'El retablo de las maravillas' cervantino y sus cinco variaciones.

Boadella dirige esta pieza que se puede ver en el Fernán Gómez.

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En la historia de El traje nuevo del emperador, que Hans Christian Andersen popularizaría bajo ese título, nadie se atrevía a confesarle al rey la verdad sobre su inexistente atuendo. Inspirado en un cuento de El conde Lucanor, de Don Juan Manuel, que a su vez se basaba en un relato de tradición oral sobre unas telas mágicas, Cervantes escribió su propia sátira sobre este relato folclórico en una época marcada por las apariencias, el miedo a quedar en evidencia y a no ser de casta. El engaño se contaba solo. Únicamente aquellos que descendían de un linaje puro y eran hijos legítimos podrían ver este retablo invisible a cualquier ser humano.

Aunque en 2004 Els Joglars hizo su primer acercamiento a esta pieza con cinco variaciones del entremés cervantino, los significativos cambios sociales y políticos de los últimos años han hecho que la compañía se decantara por una revisión, casi una ‘restauración’ de aquel retablo, para celebrar su 65 aniversario.

“Es una obra completamente distinta salvo por su inicio, que es el de Cervantes”, adelanta Albert Boadella (Barcelona, 1943), autor de la versión, junto a Ramón Fontserè, y director de esta nueva y suculenta propuesta.

Se trata, por tanto, de las mismas variaciones –religiosa, política, artística, gastronómica y la historia original–, pero adaptadas a nuestro presente. “Es una mirada actual sobre la idea de cómo vería Cervantes nuestra sociedad si aterrizara en este momento. Es un concepto parecido al que utilizó él en El retablo... Entonces era el miedo a hacer el ridículo o a no tener la sangre pura lo que hacía que los incautos vieran mil maravillas. La sociedad se autoengañaba por estos complejos y aquí sucede lo mismo". Si el autor áureo viviera este momento vería la cantidad de representaciones de ‘la nada’ que hay hoy. Imaginemos el caso del arte, ¿en qué se ha convertido? Incluso se ha pagado dinero por unos excrementos –la famosa Mierda de artista, de Piero Manzoni–”.

Dispuesto a señalar el traje del emperador, Boadella ha introducido cambios en todas estas variaciones. Así, si en 2004 veíamos un retrato satírico de Escrivá de Balaguer (el fundador del Opus Dei), ahora se centra en las “nuevas religiones”. “Puede ser una idea climática o una creencia política en determinadas personas o acontecimientos”, explica sobre esta versión que se plantea, entre otras cosas, lo que se entiende hoy como lujo en las formas más sofisticadas de la gastronomía o el arte.

En cuanto a la política, “está tratada esencialmente como el complejo de no pasar por facha, que es un complejo muy extendido en nuestro país. En Francia, por ejemplo, nadie tiene problemas con que te lo digan, pero aquí es un sacrilegio que alguien te llame así”.

Los tiempos han cambiado y la sofisticación de la mentira y del engaño también. Ahora cualquiera puede acceder a un altavoz y ser escuchado exponencialmente. “Disponemos de una cantidad de medios que permiten llegar dentro de los hogares e incluso prácticamente de toda alcoba. Cervantes se hubiera quedado sorprendido de la difusión que tienen hoy estas formas de populismo y de engaño público en millones de personas”, reflexiona el director que lamenta lo fácil que resulta caer víctima de un bulo.

Hoy obligan al ciudadano a hacer una búsqueda de la verdad. No es que antes no la buscaran, pero las cosas eran más sencillas y el retrato de los timadores era un poco más claro. Ahora las estafas pueden estar hasta en los ministerios”.

Todo este perfeccionismo del engaño se refleja también sobre el escenario. “Cuando se revisa una obra propia, uno siempre tiene la impresión de que lo ha hecho muy mal la vez anterior. Entonces vuelves a rehacerlo todo de arriba abajo. Lo que no puedo hacer es cambiar el argumento del auténtico Retablo, pero sí la forma de cómo llegar a la historia”, comparte. En 2004, por ejemplo, el cuadro no existía en absoluto, ni siquiera el marco, todo estaba simulado. Ahora la obra comienza con el robo de una pintura de El Greco que los estafadores rompen para aprovechar el marco y dirigirse a palacio con él para presentársela a la corte.

Un momento de 'El retablo de las maravillas', de Els Joglars.

Un momento de 'El retablo de las maravillas', de Els Joglars. Silvia Belloc

Allí la élite está formada por famosos de la cultura y de las finanzas. “Uno ve las actitudes de esa gente que compra las pinturas solo para invertir, aunque sean un horror. Siendo a veces gente muy preparada, desde el punto de vista cultural no tienen ni la más mínima idea. En la época de las reliquias se pagaron fortunas, Felipe II casi se arruina, y ahora no valen nada. Es el complejo de ser moderno, de no pasar por tonto, o ignorante. Eso sigue igual”.

Estrenado en el Festival de Teatro de Málaga, tras su paso por el Teatro Fernán Gómez de Madrid, desde hoy y hasta el 27 de septiembre, Els Joglars continuará su gira por Soria, Mallorca, Salamanca o Valencia, entre otras localidades.

“El de ahora es un Retablo… más afinado dramáticamente que el anterior. Eso también tiene una lógica. Cuantos más años pasan, más madura, en principio, el artista. Además está mejor interpretado. Trabajo con actores muy sólidos –Fontserè, Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Bruno López-Linares, Javier Villena, Rafael Blanca y Pep Muñoz– y, por lo tanto, hay un perfeccionamiento muy grande del producto”, anima su director sobre este Retablo de las maravillas que resulta hoy más real que nunca.