Juan Manuel Fernández Montoya 'Farruquito'. Foto: Javi Ruiz

Juan Manuel Fernández Montoya 'Farruquito'. Foto: Javi Ruiz

Flamenco

Farruquito: "Dios me dio alivio para seguir, para dejar de hacerme preguntas y ser mejor persona"

El bailaor estrena el documental 'Serás Farruquito', un testimonio honesto y descarnado sobre su vida, su arte y el fatal atropello que lo llevó a prisión.

Más información: Farruquito, ante las dos caras de la muerte: un documental hondo como el dolor gitano para expiar las culpas

Publicada
Actualizada

Baila con las entrañas desde que tiene uso de razón. Tras la muerte de su tío en un accidente, fue el elegido por su abuelo, el gran Farruco, para ser "el mesías" del flamenco, según la denominación de muchos gitanos. Considerado hoy como uno de los mejores de la historia, con solo 14 años produjo su primer espectáculo, en el que ya era responsable de las letras y las melodías. Él mismo concibe su arte como "un equilibrio de técnica y verdad" que se sostiene sobre un pilar: su familia.

Juan Manuel Fernández Montoya, 'Farruquito', ha probado las mieles de la gloria, pero también conoce la tragedia. Su padre, el cantaor Juan 'El Moreno', murió cantando junto a él y, cuando parecía que no podía haber pena más honda, tuvo que enfrentarse al brete más difícil de su vida: un atropello mortal en 2003. El bailaor, al volante, se dio a la fuga, por lo que sería condenado años más tarde. Ingresó en prisión y sintió en sus carnes el linchamiento social. Pero siguió bailando. Con más fiereza. Con un dolor que no lo abandona.

Más de dos décadas después de besar la lona, ha decidido contar la historia de su redención, rodeado de su familia, en el documental Serás Farruquito, dirigido por Santi Aguado y Reuben Atlas, que llegará a los cines el 15 de mayo. Nos recibe al teléfono desde su casa, en Sevilla. Acaba de hacer un descanso en el estudio. Está preparando la música de su nuevo espectáculo, que se estrenará en septiembre en la Bienal de Sevilla. "Digamos que es la continuación de la película, porque cuenta desde lo artístico esa parte de mi vida", dice a El Cultural. No en vano, comparte el mismo título.

Pregunta. ¿Está satisfecho con el resultado del documental?

Respuesta. Estoy contento, sí, porque creo que entre todos le hemos puesto mucho corazón, mucho cariño, mucho respeto y mucho tiempo, han sido años grabando. Tanto Santi Aguado como Reuben Atlas han hecho un trabajo muy bonito. La verdad es que yo tenía mis dudas al principio porque, claro, no es fácil plasmar tu vida ahí y tener que ver y rever tantos momentos que son difíciles.

»Pero después, con el tiempo, me di cuenta de que lo que nosotros pretendemos con este documental es simplemente contar la historia de una familia, de nuestro compromiso con el arte, de cómo somos y por qué bailamos como bailamos, desde mi abuelo Farruco hasta mis niños y mis sobrinos. Si ese era el mensaje, ¿por qué no? Fue lo que me convenció.

P. Sin su familia no se entiende esta película.

R. Hombre, claro, es que yo creo que mi vida no se entiende sin mi familia. Durante el proceso, he estado todo el tiempo en contacto con ellos, no solo mostrándoles el trabajo sino haciéndoles parte de este proyecto, que también es suyo. Merecen ser protagonistas del documental tanto como yo.

P. No podía ser de otra manera tratándose de una estirpe gitana tan pura como la suya. En algún momento del documental escuchamos que ser gitano "es una forma de vida".

R. Es que nosotros hemos vivido así, ¿sabes? Mi abuelo Farruco, siendo un genio y un maestro, puso los ojos en mí no solo como su nieto, sino también intentando dejar ahí su historia, su aprendizaje y su propio legado.

P. ¿Siente más la responsabilidad por ese legado familiar o por los gitanos y aficionados al flamenco que ven en Farruquito a una especie de mesías?

R. Por los dos lados. Aunque yo no pienso demasiado en eso, la verdad, porque nunca he sentido que yo sea tan importante. Pero a veces sí siento ese compromiso. Lo mismo que cuando tienes un hijo, te sientes responsable y tratas de ser más educado todavía, ser más referente, en el flamenco también me ha pasado: primero porque mi abuelo me puso en ese lugar, y luego también por el público, que ha sido siempre muy agradecido conmigo. Desde que era un niño y no tenía ni idea de lo que era el flamenco, la afición siempre me ha abrazado. Ese agradecimiento que siento es lo que equilibra esa responsabilidad.

SERÁS FARRUQUITO - Imagen extra 1

SERÁS FARRUQUITO - Imagen extra 1

P. ¿Qué es lo más importante que aprendió de su abuelo?

R. Mi abuelo era mucho más grande de lo que la gente piensa. Me enseñaba que yo tenía que aprender de todo, pero jamás imitar a nadie, ni siquiera a él. En esa búsqueda es donde empiezo a componer las letras y las músicas hasta el día de hoy.

P. ¿Tiene algún ritual para la composición?

R. Eso forma parte de un misterio porque nunca es igual, ¿sabes? A veces casi siempre parte de una necesidad: qué quiero contar o, más bien, qué necesito contar. A veces me sale primero el mensaje, que puede ser un texto, pero otras veces es una melodía que me va encaminando hacia todo lo demás. Casi siempre hago letra y música antes y luego pienso en la forma de bailar.

»Sin embargo, en Serás Farruquito, como estoy creando las escenas a través de mis recuerdos, estoy haciendo todo a la vez: a veces empiezo bailando y a ese sentimiento del baile lo acompaño con la letra y la música. Nunca es igual. Lo que sí coincide es que todos los días entro a trabajar buscando esa inspiración y ese duende que dicen que de vez en cuando nos visita.

"Si encuentras el duende, pasa algo que ni tú eres capaz de volver a repetir"

P. El dichoso duende que prácticamente nadie ha sabido definir.

R. Mi opinión es que el duende es esa magia que no viene sola, sino que se consigue con el sacrificio, con el respeto, con el amor al arte, con la admiración… Cuando te entregas así todos los días, de vez en cuando viene esa magia que te envuelve y pasa algo que ni tú eres capaz de volver a repetir. Así definiría yo el duende.

P. O sea que la disciplina es innegociable.

R. Para mí sí. No quiere decir que trabaje igual todos los días, pero trato de estar en contacto siempre con el arte, con el flamenco. De todas formas, es lo que más me gusta del mundo, entonces no lo puedo evitar tampoco.

P. A propósito, en una escena del documental aparece Rosalía y cualquiera diría que están componiendo algo. ¿Esto forma parte de un proyecto del que debamos saber algo más?

R. Mira, eso nació simplemente de la admiración que nos tenemos. Un día nos encontramos y dijimos: "Oye, ¿cuándo nos vemos y hacemos algo juntos?". Yo empecé a escribir esa canción y luego ella me dijo que, en cuanto terminara lo que estaba haciendo, se venía a terminarla y que quería que yo la bailara. Y ahí quedó eso. Yo entiendo que Rosalía es una artista tan grande que está siempre muy ocupada, y a eso le sumamos las veces que estoy ocupado yo, así que no se sabe cuándo va a suceder. Pero solo con que a ella le gustase y quisiera compartirlo conmigo es uno de esos premios que te da la música.

»Además, aprovecho ahora para decir que así me quité una espina con la prensa, que una vez tergiversó mis palabras y parecía que yo había dicho que Rosalía no era una buena artista flamenca. Eso no fue para nada así. Cuando nos vimos, la primera conversación que tuvimos fue esa. Ella me dijo: "Yo sé cómo tú eres, tú sabes cómo soy yo, nos admiramos y lo que tenemos que hacer, para que la gente vea que somos compañeros y amantes de la música, es hacer algo juntos". Y de ahí sale esa canción. Además, habla un poco eso, de la fe y del amor, pero también de la distancia que genera que cada uno crea en un dios diferente.

Juan Manuel Fernández Montoya. Foto: Javi Ruiz

Juan Manuel Fernández Montoya. Foto: Javi Ruiz

P. Dice su madre que, desde la muerte de su padre, Farruquito empezó a bailar con más rabia…

R. Yo no me había dado cuenta, pero hubo un periodista que lo dijo y tenía razón. Belmonte decía que se torea como se es, y yo creo que en el baile ocurre lo mismo. Uno cambia con las cosas que le pasan en la vida y eso se expresa en el arte. Te puedes autoengañar un ratito, pero al final los demás hacen que tú veas tu propia verdad.

P. ¿Y qué impacto tuvo en su baile el atropello? ¿Siente que, desde entonces, cambia algo?

R. Cambia todo, cambia todo… Durante muchísimo tiempo yo no tengo ganas de bailar, solo quiero desaparecer. Viendo los vídeos años después, compruebo que mi baile se había endurecido y al mismo tiempo se había vuelto técnicamente más preciso, pero también que había dejado de disfrutar. Bailaba simplemente con rabia. La rabia que sentía al preguntarme lo que me pregunto todavía: Dios mío, ¿por qué tuvo que pasar algo así?

"Por muy mal que lo hicieran los medios, nada era comparable al sentimiento de culpa que yo he tenido siempre"

P. ¿Le queda algún resentimiento contra los medios o contra los que criticaban sin conocer bien el caso?

R. No, ese episodio está concluido. Yo entiendo cómo funcionan los medios, sobre todo en España, y luego entiendo que cuando las personas no saben la historia real, de algo tienen que hablar... Es verdad que se contaron muchísimas cosas que no eran como se dijo, pero, por muy mal que lo hicieran los medios, nada era comparable al sentimiento de culpa que yo he tenido siempre. Los únicos con los que he tenido que ajustar cuentas han sido Dios y yo mismo.

P. ¿Se puso en contacto con la familia del fallecido?

R. Claro que sí, lo intentamos varias veces, pero en ese momento la familia no nos aceptó. Entendimos que era normal y tampoco servía seguir intentándolo, porque, como digo yo siempre, la vida ya estaba torcida. No se saca nada bueno de una tragedia así, porque no tenía que haber pasado nunca.

»Todavía me digo: Dios mío de mi vida, ¿cómo puede ser que a mí me invadiese el miedo de esa manera cuando yo no he vivido eso en mi casa? Si era todo lo contrario: si uno podía, siempre ayudaba al que estaba al lado. Luego Dios te da el alivio para seguir y para dejar de preguntar el por qué y para ser mejor persona y tratar de ayudar a todo el mundo, pero tampoco creas que de eso se aprende mucho más.

"Los únicos con los que he tenido que ajustar cuentas han sido Dios y yo mismo"

P. ¿Y sintió que era más fácil lincharlo por ser gitano?

R. Claro que lo sentí y lo sigo sintiendo. Es triste que todavía haya racismo. Lamentablemente, todavía hay muchas cosas por hacer. Están publicados los casos en los que hay un error que comete una persona y automáticamente se juzga a un pueblo entero. Yo creo que eso va a existir siempre, y es simplemente ignorancia. Yo mismo tengo muchísimos amigos que no son gitanos y son mis hermanos. Para mí solo existe un pueblo, que es el pueblo de los humanos.

»A mí, cuando no me conocen, lo que ven primero es un gitano, y algunos acaban diciéndote: "Oye, me ha sorprendido lo bien que hablas". Y yo me pregunto: "¿Por qué te ha sorprendido?".

P. En una entrevista reciente con El País dice que sí tenía carné y sí tenía seguro, y que no indujo a su hermano a autoinculparse, al contrario de lo que dice la sentencia. ¿Quiere aclararlo?

R. Hay un refrán que dice: "No aclares, que oscureces". Si yo no lo aclaré en ese momento es porque no iba a valer de nada, porque España entera ya me estaba juzgando. Jamás he hablado de todos los detalles del proceso. Lo triste es que, después de veintitantos años, hago un documental sobre mi vida y un medio que supuestamente tiene una responsabilidad con lo que publica al final titula con el accidente.

»Después de tanto tiempo, carece de sentido, no es noticia y tampoco creo que al espectador le interese. Por eso, cuando me preguntan por el accidente, no contesto nada, no porque tenga algo que ocultar, porque está todo publicado, sino porque a veces se le da más importancia a unas páginas del libro que al libro entero.

"El flamenco enamora hasta al público no entendido, siempre ha transmitido con la misma fuerza"

P. El nacimiento de su hijo, Juan 'El Moreno', termina por redimirlo de este episodio. Cuando lo ve bailando, ¿qué piensa? ¿qué quiere para él?

R. Lo mismo que si no estuviera bailando: que sea feliz. Si el baile no le va a servir para ser feliz, que no baile. Aunque luego se convierta en una profesión, nadie empieza a bailar por eso, sino porque le hace feliz. Por supuesto, yo siempre trataré de inculcarle la responsabilidad y el trabajo, porque eso te hace más feliz a la larga. Yo siempre digo que todo lo que trabaje es poco, pero que lo haga para ser feliz luego bailando.

P. ¿Y Farruquito es tan exigente con Juan como Farruco, el abuelo, era con Farruquito?

R. No. Yo soy exigente, pero también a veces lo dejo, porque creo también que en esa libertad de investigar (se pone a tocar la batería, la guitarra, a componer…) le puede venir muy bien a la hora de expresarse. No intento aplicar con él mis fórmulas de trabajo, sino sacar lo mejor de él.

P. Con una carrera tan dilatada, ¿le queda algún sueño por cumplir?

R. Sí. Creo que todavía no se ha creado el espectáculo musical flamenco con una historia que embelese a todos los niños. En eso llevo trabajando toda mi vida, espero que Dios me dé salud para hacerlo algún día.

P. Quizás después de lanzarlo, le den al fin el Premio Nacional de Danza…

R. Pues mira, no vivo esperando premios, pero es verdad que los premios te motivan para seguir confiando en lo que haces.

P. ¿Y alguna espinita?

R. Haber bailado con Michael Jackson, que era uno de mis ídolos.

P. ¿Y haber sido cantaor?

R. Por supuesto, cambiaría todo el baile que he hecho por ser cantaor. Con los ojos cerrados.

P. El flamenco está en un gran momento, ¿no?

R. Creo que siempre lo ha estado. Mientras haya gente aficionada, estará en un gran momento, porque es una de las músicas y de las culturas que más enamoran al público no entendido. Esa es la fuerza que tiene el flamenco. Hay otras danzas que, si no las entiendes un poco, no te llegan de la misma forma. El flamenco siempre ha transmitido con la misma fuerza.