'Las hijas de Bernarda'. Foto: © Miguel Lorenzo / Les Arts.

'Las hijas de Bernarda'. Foto: © Miguel Lorenzo / Les Arts.

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'Las hijas de Bernarda': la intimidad del universo de Lorca llevada a escena con ambición en Dansa València

La compañía Taiat Dansa ha presentado una relectura coreográfica de 'La casa de Bernarda Alba', centrada en las hijas.

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La 39 edición de Dansa València ha tenido una excelente organización y continúa consolidándose como una plataforma imprescindible para evaluar lo que se cuece en la danza actual.

No es sólo un escaparate, es un termómetro.

Y en ese contexto, el estreno de Las hijas de Bernarda, nueva creación de Taiat Dansa, llegaba con el peso de las expectativas y el interés de quien sabe que se enfrenta a un texto que forma parte del imaginario colectivo.

La obra, dirigida por Meritxell Barberá e Inma García, se aproxima a Lorca desde una decisión clara: desplazar el foco.

Aquí no están Bernarda ni la Poncia. Aquí están las hijas. Y lo que vemos no es el conflicto social en su dimensión externa, sino la intimidad de esas mujeres atrapadas en una estructura que las define y las limita. Es un ángulo poco explorado y, por ello, valioso. La propuesta se instala en ese espacio interior donde la tensión se inhala.

Desde el inicio se percibe una influencia marcada de la estética y la concepción del movimiento de Mats Ek. Hay una forma de construir el gesto, de habitar el cuerpo y de tensionar el espacio que remite al universo del coreógrafo sueco.

He de decir que no se trata de imitación, sino de filiación. Barberá y García parten de ese lenguaje para desarrollar el suyo, y en ese punto hay una búsqueda honesta.

'Las hijas de Bernarda'. Foto: © Miguel Lorenzo / Les Arts.

'Las hijas de Bernarda'. Foto: © Miguel Lorenzo / Les Arts.

La coreografía avanza en una línea cercana a lo conceptual. Los cuerpos no ilustran el texto lorquiano, lo traspasan. Se perciben estados, pulsiones, silencios que se convierten en movimiento.

Hay momentos donde la pieza alcanza una intensidad clara, donde el espectador logra entrar en ese territorio emocional sin necesidad de referencias explícitas. Ahí la obra funciona.

El dispositivo escénico incorpora elementos que amplían el lenguaje. La música en directo aporta una dimensión orgánica que sustenta la acción. Los recursos audiovisuales construyen capas que interactúan con el cuerpo. Las intérpretes, de una técnica sólida, responden con compromiso a una escritura exigente. Hay un trabajo físico importante, sostenido con precisión y entrega.

Sin embargo, la propuesta necesita pulir su engranaje interno.

La historia no termina de articularse con claridad. La trama aparece fragmentada, dispersa, y el espectador tiene dificultades para seguir un hilo que conecte las distintas escenas.

La idea está, pero su desarrollo requiere una mayor focalización. El mensaje se diluye en momentos donde la acumulación de recursos no contribuye a la claridad.

En este tipo de relecturas, el equilibrio es delicado. La libertad interpretativa es necesaria, pero también lo es una cierta orientación que permita al espectador situarse. Las hijas de Bernarda propone un universo, pero necesita ordenar mejor sus fuerzas para que ese universo se sostenga con mayor contundencia.

El tramo final introduce una fusión con el flamenco que no termina de integrarse en el conjunto. La intención es comprensible: conectar con una raíz cultural que dialoga con Lorca. Mas, el resultado no alcanza la cohesión que el resto de la pieza busca.

Las fusiones, cuando tienen éxito, amplían el lenguaje. Cuando se fuerzan, generan distancia. Aquí se percibe esa tensión.

Hay una máxima que conviene recordar en procesos de creación complejos: menos es más. La pieza contiene elementos suficientes para mantenerse sin necesidad de añadir capas que no terminan de encajar. La depuración será clave en su evolución.

Dicho esto, el trabajo de Taiat Dansa es meritorio. Barberá y García han dado un paso valiente al enfrentarse a uno de los grandes textos de la literatura universal desde la danza. Han asumido el riesgo de reinterpretar sin apoyarse en lo evidente. Han buscado un lenguaje propio para abordar un material cargado de historia y significado. Ese esfuerzo se percibe en cada escena.

'Las hijas de Bernarda'. Foto: © Miguel Lorenzo / Les Arts.

'Las hijas de Bernarda'. Foto: © Miguel Lorenzo / Les Arts.

Lo que ahora necesita la obra es tiempo. El rodaje es parte esencial del proceso. Las piezas de esta naturaleza no se cierran en el estreno, se construyen función a función. La precisión en la transición entre escenas, la definición de los personajes, la claridad del recorrido dramático irán encontrando su lugar.

Dansa València ha ofrecido con este estreno uno de sus momentos más interesantes. No por la perfección, sino por la búsqueda que representa. Porque la danza, cuando se atreve a interactuar con textos como el de Lorca, entra en un terreno donde la comodidad no existe.

Las hijas de Bernarda está en camino. Tiene base, tiene intérpretes, tiene una idea que merece desarrollarse. Con el ajuste necesario, llegará a un lugar más preciso. El trabajo colosal que hay detrás encontrará su forma.

Y entonces, quizá, esa intimidad que ahora asoma termine por imponerse con toda su fuerza.