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Cine
Denys Arcand: "Todo se ha ido por la borda, ya solo creemos en el dinero"
Es uno de los directores canadienses más respetados internacionalmente. Denys Arcand se despide del cine con La caída del imperio americano, una sátira social con guiños al género policíaco en la que denuncia el materialismo que viven nuestras sociedades.
Denys Arcand junto a Maripier Morin en un momento del rodaje de La caída del imperio americano.
A los 77 años, con un historial en el que consta un Óscar, una Palma al Mejor Guión y el César al Mejor Director, Denys Arcand (Quebec, 1941) está de vuelta de todo. “Soy lo suficientemente mayor para hacer cine por diversión. No tengo que trabajar para vivir. A los 40 tenía que establecerme y consolidarme. A lo largo de mi carrera he visto a muchos directores que han desaparecido del circuito para enseñar cine en oscuras clases de universidades. Esto ya no me preocupa. Tampoco los premios ni los concursos”, reconocía, jocoso, a El Cultural en el pasado Festival de Toronto. El director asegura haber realizado su última película con La caída del imperio americano, que llega este viernes, 29, a nuestras pantallas. Esta sátira social disfrazada de comedia policíaca ultima la trilogía iniciada con El declive del imperio americano (1986) y Las invasiones bárbaras (2003). El epílogo, sin embargo, no es una secuela al uso, pues no repiten los protagonistas de las tramas precedentes. Su encaje en el tríptico es de tipo temático. El cineasta vuelve a poner su mirada incisiva sobre la sociedad actual y a advertirnos sobre la mala influencia de EE.UU. en su vecino del norte. Esta vez denuncia el materialismo imperante y la importancia desmesurada del dinero a través de un personaje con complejo de Peter Pan. Pregunta. ¿Ha supuesto un aliciente revisitar el género policíaco de sus películas La Maudite Galette (1972), Réjeanne Padovani (1973) y Gina (1974)? Respuesta. Hay escenas clásicas del género a las que siempre quieres volver, como las persecuciones. O las escenas de robos, en las que atracadores y policías se disparan. O las de amor, que también son icónicas. Siempre es divertido volver a las bases del cine. Y el formato policíaco ayuda al éxito de una película. Porque si no te interesan las discusiones filosóficas de mi protagonista, siempre te puedes preguntar qué va a pasar con la gran bolsa de dinero robado. P. ¿Por qué incorporó estas disquisiciones en la trama? R. Hace unos años, estaba en una cena de la alta sociedad en París en la que se estaba debatiendo sobre una bancarrota. Uno de los comensales lamentó que el responsable del desastre económico fuera un tipo muy inteligente, a lo que uno de los hombres más ricos del universo, con el que también compartíamos mesa, respondió: “¿Sabéis? No creo que la inteligencia sea un activo en asuntos de negocios, sino un pasivo”. Me fascinó aquella frase. Le estuve dando vueltas y me hizo pensar en todos mis amigos extraordinariamente inteligentes que viven aislados en la montaña.