Aitana Sánchez Gilón en 'Malquerida'. Foto: MarcosGpunto

Aitana Sánchez Gilón en 'Malquerida'. Foto: MarcosGpunto

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'Malquerida': Aitana Sánchez Gijón al rescate de Benavente

La actriz actualiza al nobel español con uno de sus mejores trabajos interpretativos en una producción dirigida por Natalia Menéndez. 

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El patio de butacas del Teatro Español está lleno de señoras que cruzan los cincuenta. ¿Vienen por Aitana Sánchez-Gijón o por la obra de Benavente? La actriz es de las pocas que hoy excita el hambre de teatro del público, mayoritariamente femenino, mientras su autor, cuya gloria pasada fue profunda y larga, cayó en el silencio tras su muerte en 1954, siendo La malquerida de las pocas obras que siguieron representándose.

No por mucho tiempo. Las últimas producciones de calado deLa malquerida se remontan a 2002, dirigida por Joaquín Vida y protagonizada por Nati Mistral, y a 1988, cuando Miguel Narros la hizo con Ana Marzoa y una joven Sánchez-Gijón en el personaje de la hija Acacia que disputa a su madre el marido. Ahora, la espléndida actriz en la que aquella jovencita se ha convertido es la madre protagonista, Raimunda.

Tragedia para unos, otros consideran la obra melodrama. En 2014 la cadena Televisa hizo de La malquerida un culebrón de 117 capítulos. Pérez de Ayala, feroz crítico de Benavente, la definió de "drama policíaco" y creo que desde esa perspectiva se podría acercar a nuestros días y conjurar su vetustez, ya que el amor no es el asunto central de la obra, sino el esclarecimiento de un asesinato.

El autor Juan Carlos Rubio y la directora de escena, Natalia Menéndez, no han ido por ahí, sino que le han sacudido el olor a naftalina acentuando sus elementos trágicos y el espíritu dramático de sus diálogos violentos y un lenguaje cuidado que nos transporta a un ambiente rural donde la presión social habla veladamente de violación del tabú. Sobrevuelan el misterio y la sorpresa en una carpintería teatral pulcra de las que rara vez se estilan hoy.

Los adaptadores la han reducido de tres a dos actos, el primero funciona como drama costumbrista, exposición del anuncio de la boda de dos jóvenes del pueblo y la celebración de sus familiares, alegría que se ve truncada por el asesinato del novio. El segundo acto concentra los sucesos trágicos, la indagación y resolución del misterio por la madre de la novia y un golpe de efecto que es desenlace y que para estos tiempos es el gran problema de la obra.

Y lo es porque cuando ocurre ese golpe de efecto a unos les hace exclamar en el patio de butacas: "¡Oh!, ¿qué ha pasado?", y a otros se les escapa una risa. Cuesta comprender el comportamiento de la hija Acacia, que Lucía Juárez interpreta con un gesto excesivo y repetitivo para marcar un rencor vehemente contra su padrastro que luego, veremos, se resuelve de manera ridícula. Pero ¿acaso no se dan hoy denuncias en los juzgados de delitos de género con argumentos ridículos?

Todo esto no importa, porque la producción es buena. Y Sánchez Gijón está fabulosa, contenida y muy segura en su papel, un destilado bien medido de todos esos protagonistas de tragedias y dramas que ha protagonizado a lo largo de su carrera (Medea, Casa de muñecas, La rosa tatuada, La madre, Las criadas, La gata sobre el tejado de zinc… sin olvidar que fue Ana Ozores en la serie de televisión La Regenta).

Es un gusto ver cómo pasa de mujer ignorante de la situación a tomar las riendas para hacer frente a la verdad y también cómo se rinde a ella mostrándonos el dolor de una madre y esposa enamorada pero también preocupada por su hacienda y su honor. A veces resulta demasiado guapa y elegante para una piadosa mujer de rosario en mano que, si bien tiene fortuna, su interlocutora a diario es su criada Juliana, interpretada también por una Goizalde Núñez que encandila al público con su vulgaridad y sus chismes.

Del elenco destaco a Juan Carlos Vellido haciendo frente a Esteban, complejo personaje que oscila entre lo autoritario y la cobardía; a José Luis Alcobendas, siempre a tono con esos arquetipos populares a los que él saca petróleo, aquí el rico hacendado rural Eusebio, padre del novio; y también a Dani Pérez Prada, como El Rubio, el matón a sueldo que nos ofrece un estupendo discurso de tintes sociales sobre quién es el verdadero autor del crimen.

La directora, con la ayuda del escenógrafo Alfonso Barajas, opta por una escena muy desnuda, conceptual, que abre espacios entre el interior de la casa y el exterior y también facilita hermosas perspectivas simbólicas y sugieren ecos y misterio gracias a la iluminación de Gómez Cornejo. El vestuario es sobrio, de colores elegantes (Rafael Garrigós), nos informa bien de las clases sociales.

Malquerida

Teatro Español, hasta el 26 de abril

Autor: Jacinto Benavente
Dirección y adaptación: Natalia Menéndez
Adaptación: Juan Carlos Rubio
Reparto: Aitana Sánchez-Gijón (Raimunda), Juan Carlos Vellido (Esteban), Lucía Juárez (Acacia), Goizalde Núñez (Juliana), José Luis Alcobendas (Eusebio), Dani Pérez Prada (El Rubio), Álex Mola (Norberto), Antonio Hernández Fimia (Faustino)
Escenografía: Alfonso Barajas
Vestuario: Rafael Garrigós
Iluminación: Juan Gómez Cornejo
Música y espacio sonoro: Mariano Marín
Producción: Producciones Off