Hugo Mujica. Foto: Teo Wainfred

Hugo Mujica. Foto: Teo Wainfred

Letras

La poesía esencial de Hugo Mujica, Premio Loewe por un libro que ensalza la ternura de lo frágil

'Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras' arraiga en una poética sólida y transparente, fruto de la meditación, de la concisión y la lentitud.

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Publicada

Hugo Mujica (Buenos Aires, 1942) había entrado en la cuarentena cuando publicó su primer libro de versos. Para entonces ya había ejercido como artista psicodélico en Nueva York y era monje trapense con años de mutismo.

Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras

Hugo Mujica

Premio Loewe
Visor, 2026
80 páginas. 12 €

Autor de una amplia obra narrativa y ensayística (acaba de aparecer La pasión por lo posible. En torno a lo humano, donde cada capítulo concluye con un poema), ha confesado que su poesía (antologada y traducida profusamente), "ella, toda ella, es el corazón de mi obra". "Mi don". La reunió en Poesía completa 1983-2004 (Seix Barral, 2005) y en Del crear y lo creado. Poesía completa.1983-2011 (Vaso Roto, 2013).

Ninguna de las dos lo eran, aunque recogían, según él, "lo primordial". Faltaban, además, los libros que han venido después: Cuando todo calla, Barro desnudo, A las estrellas lo inmenso y En un río todas las lluvias. Y este, claro, Premio Loewe en su trigésimo octava convocatoria. Creado con afán de descubrimiento por su mecenas, no es la primera vez que lo gana un poeta consagrado. Tan mayor, nunca; lo que viene a demostrar que la poesía no tiene edad.

El libro, dividido en cinco partes, está formado por cincuenta piezas breves sin título numerados en romano que se disponen sobre la página escalonados y en la parte inferior, lo que añade a la tipografía un componente visual, en tanto que sugiere figuras. El ritmo marca los abundantes encabalgamientos.

Quienes conozcan la trayectoria del argentino no encontrarán cambios significativos en su manera de proceder. Su poética es sólida y transparente. Contemplativa, fruto de la meditación. De la concisión y la lentitud. De la sobriedad, que linda con el silencio; un motivo fundamental de reflexión en su obra. Del "asombro de estar vivo" y "la gratitud de vivir".

"Creo que cada uno tiene muy poco que decir, muy poco propio, pero la fidelidad a eso, a lo propio, es la fidelidad a la verdad", leemos en el ensayo antes citado. Y: "Decir más que lo propio (…) es seducir o mentir, no dar". De ahí que sus poemas recurran a un puñado de motivos que remiten a palabras comunes que a su vez son símbolos o metáforas: luz, sombra, tierra, noche, nieve, mar, lluvia, rosa, herida, fuego, río, viento…

El deseo de nombrar se hace destino y el poeta procede a partir de un cara a cara con la vida. De lo que pasa por delante de sus ojos. De lo que siente y piensa. Lo define como un "estar en torno a". Para encontrar lo que no se busca.

De ahí que se sucedan como anotaciones que revelan la sutil levedad de lo profundo: "entre el miedo / y la esperanza / el temblor de la vida, / la ternura de lo frágil". "Los grandes enigmas de la vida, ha dicho, son la cotidianidad, no hay otra salida. Yo me siento ahí, en descubrir las pequeñas cosas, la convergencia de todo o de nada".

Aunque solitario, nunca olvida al otro: su visión es humanista. Ni a "lo huérfano de la vida, / lo sin lo otro, / lo incumplido". La inocencia se presenta en forma de niño, pájaro o perro.

Hugo Mujica, en fin, tiene conciencia del paso del tiempo ("Cae la tarde / e imperceptible / la vida pasa // como este hoy, / este ahora, / como yo, / como lo humano") y en alguna ocasión se refiere a la muerte y al miedo a morir "que nos amordaza / el canto", lo que no obsta para que sea la serena belleza de lo creado quien se imponga. En la libertad de lo abierto.

XXXVIII

Fue en un rojizo
anochecer,
y fue solo de paso:
dos o tres gorjeos
antes de alzar
su vuelo
y caí de rodillas
como si al fin todo
    se me hubiese revelado,
         y lloré este gozo,
                     lloré la vida,
                             lloré por nada.