Image: Crítica e incisiva Swetlana Heger

Image: Crítica e incisiva Swetlana Heger

Exposiciones

Crítica e incisiva Swetlana Heger

Animal Farm

Publicada

Dog, 2009

Galería Casado Santapau. Conde de Xiquena, 5. Madrid. Hasta el 26 de enero. Precio único: 9.500 E.


La serie Animal Farm constituye en varios sentidos una excepción en la producción de Swetlana Heger, hasta hace no mucho sacerdotisa de las marcas de lujo. Es, sin duda, el mejor de sus trabajos pero, al no ser el último -es de 2007- y al haberles seguido otros que retoman rasgos de su trayectoria anterior, cabe preguntase si no se trata de un acierto circunstancial. Tanto en las obras realizadas con Plamen Dejanoff como en las que hizo ya en solitario en la primera mitad de esta década, a Heger le interesó subrayar las relaciones entre arte y productos de lujo. Su actitud resultaba irritante en cuanto no juzgaba el innegable fenómeno sino que se sumergía no sólo en la estética glamurosa y comercial de las grandes marcas sino también en su industria: hacía colaboraciones con empresas de coches, moda o cosméticos que incluían la presentación de sus obras en las tiendas e incluso la venta de productos en el espacio expositivo. Aunque no hay por qué dudar de las intenciones críticas de la artista, tales hipérboles de la banalidad y la opulencia suelen resultar contraproducentes, pues la parte más frívola del coleccionismo y del mercado del arte fagocita de inmediato esas obras.

El monumento, y más en países con un pasado reciente dictatorial, es un conflictivo nodo en las relaciones entre historia, arte y vida ciudadana. Para artistas españoles como Fernando Sánchez Castillo e Ibon Aramberri es un tema central; hace poco conocimos la "versión" del cubano Diango Hernández sobre una de las esculturas de Lenin en Helsinki y pronto veremos las propuestas en torno a este concepto del alemán Thomas Schötte (MNCARS, junio). Heger parte en este proyecto fotográfico de un hecho histórico: la retirada de una emblemática estatua para la historia europea, la gran efigie de Stalin en la Karl-Marx-Allee de Berlín, en el mismo año en que se levantó el muro, 1961; la estatua de bronce fue fundida y el material entregado a diversos escultores para que realizaran figuras de animales destinadas a parques y jardines. En esa "metamorfosis" del dictador en zoológico se resume la deriva de la escultura pública en Occidente, de lo conmemorativo y políticamente significante a lo decorativo. Hay que decir que esos animales berlineses son mejores como esculturas que los grupos cinegéticos madrileños, pero obedecen a una misma idea sobre la función del arte -desactivado- en los espacios públicos.

El título de la serie, Animal Farm, hace referencia a la novela homónima de George Orwell, una fábula sobre el estalinismo. En ella, Stalin es el cerdo Napoléon; las fieras de Swetlana Heger, aunque "encarnan" todas ellas al mandatario, pues están hechas de su misma materia, son inofensivas. En la soledad invernal, retratadas frontalmente y en blanco y negro como para un viejo catálogo de esculturas, parecen mudas. Los marcos, no obstante, dan la alarma. Pintados con colores luminiscentes, señalizan algo inhabitual.

La artista checoslovaca parece estar buscando una dirección para su trabajo. Después de esta excelente serie ha realizado otra sobre mujeres fumadoras, y una más sobre la capilla del cementerio de Sedlec en Kutna Hora, profusamente adornada con huesos humanos. Podríamos situar esta última en una misma línea de reflexión sobre la asociación de memoria y ornamento, pero se me escapa la relación con el tabaco y, sobre todo, con su anterior fijación con las marcas de lujo. Esperemos una mayor coherencia para su obra futura.

Swetlana Heger (Brno, Checoslovaquia, 1968), tras estudiar en Viena y Tokyo, formó con Plamen Dejanoff un tandem artístico disuelto en 2000. Sus obras se han visto en el MAK (Viena), la Neuer Berliner Kunstverein y el Artists Space, Nueva York. En 2002, pudimos ver su obra en la Galería Javier López (Madrid). Su colectiva más reciente es Crítica social 1993-2005, en el Kalmar Konstmuseum. Vive en Berlín.