Vista de la exposición.

Vista de la exposición. Romina Doce / Museo de Pontevedra

Arte

Ira Lombardía, cuando la fotografía conquista el espacio a través de la memoria

El Museo de Pontevedra presenta un trabajo que dialoga con su colección.

Más información: Una nueva luz sobre Santander: Faro abre sus puertas y sitúa el arte en el centro de su transformación

Publicada

En una iconosfera mutable, irrumpida por la ‘inteligencia’ artificial generativa, la comprensión del medio fotográfico como evidencia, memoria o representación permanece en constante estado de crisis.

Ira Lombardía. Mudanza

Museo de Pontevedra. Pontevedra Comisario: Iñaki Martínez Antelo. Hasta el 25 de octubre

Desde las artes visuales, principalmente desde el arte conceptual, se problematiza la fotografía descontextualizándola, fragmentándola y reescenificándola, haciéndola emerger, en ocasiones, como una suerte de arqueología manipulada.

Es así como, desde las prácticas artísticas postfotográficas, se ha reclamado una experiencia porosa y expandida del hecho fotográfico que ha aportado nuevos modos de relacionarse en el espacio-tiempo.

Cuando la propuesta expositiva tiene como punto de partida la aproximación a una colección histórica (la colección permanente del Museo de Pontevedra), el cuestionamiento analítico y revisionista de la práctica artística de Ira Lombardía (Pola de Laviana, Asturias, 1977) nos ofrece sugestivas yuxtaposiciones entre conceptos y afectos relativos al desplazamiento, la migración y la morriña.

Estamos ante un proyecto leído desde una geografía históricamente marcada por la emigración y la diáspora: desde el desplazamiento a las siegas castellanas pasando por el éxodo de las rutas transatlánticas, el exilio político, la posguerra o el desplazamiento hacia una Europa industrializada.

Siguiendo sus palabras, Lombardía “aborda el conflicto entre aquello que nos llevamos con nosotros y lo que inevitablemente queda atrás”.

Mudanza es su primera exposición individual en un museo español y se ha programado dentro del ciclo Inflitracións, iniciado en 2024 y comisariado por Iñaki Martínez Antelo, con el que se reactivan los fondos de la colección de este centro.

Vista de la exposición.

Vista de la exposición. Romina Doce / Museo de Pontevedra

Hasta el momento, han participado artistas como Mónica Alonso, Alberto Baraya y Marta Pazos, y será Berio Molina quien presente su propuesta este otoño.

La exposición comienza en la primera planta, ocupando un espacio de tránsito. Obras pulcramente situadas sobre una estructura de madera portante, aplomada con bloques de hormigón y asentada con una chapa ondulada de acero galvanizado (dispositivo realizado junto al arquitecto Marcos Parga (MAPAa), colaborador en este diseño expositivo).

Las especificidades de los materiales elegidos y sus relaciones formales van a definir la semántica artística dispuesta aquí por la artista.

Entre la pluralidad de la colección del Museo de Pontevedra (pinturas, dibujos, grabados, piezas arqueológicas, fotografías, fondos bibliográficos...) la artista escoge dos obras (aquí, copias de exposición). No te escaparás (Capricho 72, 1799) de Francisco de Goya (una mujer baila despreocupada, inconsciente de que unos seres demoníacos la acechan) y una página de un diario de Castelao, en un viaje por Europa en 1921: tres mujeres danzan.

Y, a pesar de que no podemos verlo, sabemos que en su reverso están dibujadas viñetas sobre la historia de un crimen. Pensamos en la importancia de aquello que se nos oculta pudiendo estar presente.

Buscamos otro reverso. Sobre una balda se disponen, entre otros: La Odisea, de Homero; Travesía marítima con Don Quijote, de Thomas Mann; Fausto, de Goethe; Morriña, de Emilia Pardo Bazán; La sugestión de América, de José Costa Figueiras; y On Earth We’re Briefly Gorgeous, de Ocean Vuong.

El cuestionamiento analítico y revisionista de su práctica nos ofrece sugestivas yuxtaposiciones entre conceptos y afectos

Junto a ellos, dos grandes caracolas. Debajo, una proyección donde las imágenes en movimiento se suceden: la emoción de la visión (y la experiencia) de movimientos intrauterinos, la caligrafía de una misiva epistolar... Todo nos conduce a un pasaje que debemos atravesar.

Volvamos al anverso. Se unen nuevos elementos protectores: cinchas de amarre, papel de burbuja, foam o fieltro. Con ellos se protegen encuentros y ensamblajes de los collages donde parece sobrevolar Dora Maar. La fotografía de una mariposa de la noche disecada, fijada con alfileres, oculta el torso y el rostro de una bailarina.

Esos elementos protectores, que cuidan los encuentros entre materiales, están presentes en otras obras (tres tótems) situadas en los corredores del claustro del segundo piso del anexo edificio Sarmiento.

Cajas lacadas realizadas en tablero de fibra se apilan para resolver construcciones verticales. Sostienen imágenes enmarcadas, superpuestas, como un retrato de Thomas Mann ocultado gracias a la tensión y firmeza de cinchas de amarre.

La fragilidad y la preservación ofrecen nuevas capas de significado para estas imágenes de archivo: arquitecturas habitacionales, nidos y objetos domésticos. Retomamos la idea de hogar y de refugio que nos remite a una relectura propuesta por la artista: Ítaca. Y hacemos una pausa en esa metáfora existencial en la cual el destino es al tiempo un regreso.