Vista de una de las salas de Faro Santander.

Vista de una de las salas de Faro Santander. Belén de Benito

Arte

Una nueva luz sobre Santander: Faro abre sus puertas y sitúa el arte en el centro de su transformación

La Colección Gelman Santander y Leonora Carrington, además de la de la propia entidad, son las exposiciones inaugurales.

Más información: Felipe VI inaugura Faro Santander, nuevo espacio para el arte abierto al mundo y al futuro

Santander
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Donde durante décadas circularon cifras, contratos y decisiones financieras, hoy podemos encontrar un Lucas Cranach del siglo XVI, los autorretratos de Frida Kahlo y las criaturas que Leonora Carrington pintó durante su internamiento psiquiátrico.

La capital cántabra se consolida con la inauguración de Faro Santander como uno de los ejes periféricos más interesantes. El Centro Botín ya abrió sus puertas en 2017, y el futuro centro asociado del Reina Sofía vinculado al Archivo Lafuente ampliará en dos años la oferta cultural santanderina.

El nuevo centro, según ha informado en la presentación Borja Baselga, director de la Fundación Banco Santander, junto al nuevo director de Faro, Daniel Vega, tiene “diez plantas, tres bajo rasante, con diez mil metros cuadrados, de los que tres mil serán para las exposiciones de arte".

Y añade: "Tenemos bastante experiencia en el mundo del arte, hemos gestionado grandes exposiciones con la colección del banco y de otros coleccionistas con bastante éxito".

Daniel Vega, el director, ha declarado: “Lo importante es que mañana abrimos las puertas. Soy un privilegiado por dirigir y programar estos espacios maravillosos que ha creado David Chipperfield, que con su vocabulario minimal de acero, metal y cemento ha transformado este edificio. Ha sido capaz de dotarnos de una diversidad de espacios de escala sorprendentemente humana".

Vista de una de las obras de la Colección Banco Santander en Faro Santander.

Vista de una de las obras de la Colección Banco Santander en Faro Santander. Belén de Benito

Es cierto que el edificio no se muestra ajeno a pesar de sus dimensiones. Las salas mantienen espacios abarcables que favorecen recorridos fluidos y permiten el recoveco de la sorpresa.

Las escaleras situadas dentro de su famoso arco son la columna vertebral que atraviesan las cinco plantas y las dividen en dos partes, la este y la oeste (como así las llaman). Las azoteas tendrán una interesante oferta gastronómica con la cafetería y el restaurante Lumen, bajo la dirección del chef Nacho del Corral.

Vista de la Colección Banco Santander.

Vista de la Colección Banco Santander. Belén de Benito

La luz que emite este faro va a iluminar diferentes campos artísticos: arte de diferentes etapas, tecnología en el espacio Cubo y una apuesta firme por la educación y los niños en el original espacio llamado Llamita.

¿Pero qué podemos ver a partir del 9 de septiembre con diez días de entradas gratuitas que prácticamente se han agotado ya? Quizá lo más mediático sea la Colección Gelman Santander, con toda la polémica que ha suscitado.

La Colección Gelman Santander

Cuando se le pregunta al director por las condiciones de préstamo de este conjunto mexicano apunta: “La Colección Gelman Santander nace de un acuerdo de préstamos con los propietarios. Los Gelman atesoraron 98 piezas, pero los posteriores propietarios la han ido ampliando hasta las casi cuatrocientas".

Y añade: "Los nuevos dueños no adquirieron toda la colección, solo 161 piezas, las que vamos a poder ver. No se han incluido todas las obras, solo las que se adecuan a la narrativa".

Vista de la exposición Colección Gelman Santander en Faro Santander.

Vista de la exposición Colección Gelman Santander en Faro Santander. Belén de Benito

Es cierto que en esta exposición podemos ver grandes éxitos de Frida Kahlo. Sus autorretratos siguen resultando fascinantes, como Diego en mi pensamiento de 1943, Autorretrato con collar del mismo año o Autorretrato con monos.

Un trabajo que se va llenando de complejidad a medida que pasan los años, más simbolista y críptica, con historias dentro de las historias y dibujos dentro de los dibujos. Un placer para la vista y el intelecto.

Fue la intuición de Natasha Gelman la que incitó a su marido a comprar tantas obras de Kahlo. Compraron trece. También ampliaron con otros artistas mexicanos como Graciela Iturbide , María Izquierdo, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco o Francisco Toledo.

Destacan, asimismo, pinturas de Diego Rivera como el hermosísimo Retrato de Natasha Gelman (1943), la mecenas de origen checo y su marido ruso que llegaron como emigrantes en la Segunda Guerra Mundial. Eran productores de cine y se hicieron muy ricos con las películas de Cantinflas, según ha explicado Carolina Erdocia, directora de exposiciones de Faro Santander.

Una de las obra de Frida Kahlo de la Colección Gelman Santander.

Una de las obra de Frida Kahlo de la Colección Gelman Santander. Belén de Benito

Es curiosa la conexión entre Frida Kahlo y Leonora Carrington, y muy atinado su maridaje, ya que comparten muchas similitudes. Problemas de salud mental, un complejo universo pictórico, el mundo de los sueños y de magia, del dolor tanto físico como psicológico, violencia de género...

Hay unas bellas resonancias entre ellas que se complementan al pasear las salas. La exposición de la íntima amiga de Remedios Varo, Leonora Carrington, titulada El surrealismo sintomático, es un proyecto expositivo que sale un poco de lo convencional, más parecido a una exposición de documentación.

Su eje vertebrador son los dos pequeños lienzos titulados Down Below y Villa Pilar, realizados entre 1940 y 1941. Dos trabajos que desarrolló la pintora inglesa cuando, después de pasar por los traumas de la Guerra Mundial y de ser violada y vejada en España, su padre la interna durante cuatro meses en un sanatorio psiquiátrico de la ciudad de Santander.

El equipo de Faro descubre el lienzo perdido Villa Pilar, en el trastero neoyorquino de la hija del psiquiatra que la trataba, el doctor Morales, muy polémico por sus violentos tratamientos con Cardiazol, un medicamento similar al electroshock que dejaba a sus pacientes en un estado deplorable. La propia Leonora lo describe como una de las peores experiencias de su vida.

Una de las salas de Faro Santander.

Una de las salas de Faro Santander. Belén de Benito

Ambos cuadros se presentan por primera vez juntos, restaurados en la ciudad que los vio nacer y muestran a los residentes del sanatorio zoomorfizados entre la sátira y el esperpento.

Por último, y no por ello menos importante, la Colección Banco Santander que encuentra el espacio perfecto para exhibirse en la cuarta planta. La académica María Dolores Jiménez-Blanco ha comisariado un breve recorrido por la historia del arte desde el Renacimiento hasta la contemporaneidad.

Aquí hay piezas extraordinarias. La entrada del vestíbulo deslumbra con un imponente Rubens: Sansón y el león (h. 1620-1625) que corta la respiración o un estupendo Greco con una Anunciación de 1614, simplemente apabullante. Los bellísimos Canalettos, la vibrante Soledad Sevilla, Chillida...

Pero quizá el verdadero interés de Faro Santander no esté solo en la calidad de las obras que reúne, sino en la posibilidad de hacerlas conversar. Del dramatismo de Rubens a las geometrías de Soledad Sevilla, de los fantasmas de Carrington a la obstinada construcción de sí misma de Kahlo, el museo propone un viaje por las distintas maneras en que el arte ha intentado dar forma a lo invisible.

Vista del espacio Cubo de Faro Santander.

Vista del espacio Cubo de Faro Santander. Belén de Benito

La colección permanente aporta profundidad histórica; las temporales, la fricción necesaria. Porque una colección no está viva por lo que posee, sino por las preguntas que es capaz de suscitar.

Con el Centro Botín mirando a la bahía y el futuro espacio del Reina Sofía y el Archivo Lafuente en el horizonte, Santander empieza a dibujar una constelación cultural de una ambición poco frecuente fuera de las grandes capitales.