César Fernández, en su taller.

César Fernández, en su taller.

Arte

Crear como forma de vivir: la UCM repasa la vida de César Fernández, el artista que buscó un territorio sin límites

El Centro de Arte Complutense recorre cinco décadas de trayectoria en una exposición que estará abierta del 8 de octubre al 18 de diciembre.

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Tenía que mirar, tocar y recoger lo que el resto pasaba por alto. Donde un peatón veía apenas un trasto abandonado, él ya ideaba una escultura. O un dibujo, un libro y una viñeta.

Para César Fernández (Caracas, 1952-Madrid, 2023), crear no parecía tanto una profesión como una manera de estar en el mundo.

Tres años después de su muerte, la Universidad Complutense de Madrid recupera ahora ese universo creativo con la mayor retrospectiva dedicada hasta la fecha al artista.

César Fernández Arias. Laboratorio de creación reunirá 247 obras en el Centro de Arte Complutense entre el 8 de octubre y el 18 de diciembre de 2026.

La exposición, comisariada por Almudena Armenta y Mateo Fernández, recorrerá cerca de cinco décadas de trayectoria y permitirá contemplar una obra que se resistió siempre a las fronteras entre disciplinas.

"Veo más de la cuenta. Veo, miro, observo, me fijo en las personas, las cosas y los detalles", escribió en Las zanahorias, uno de los textos que mejor explican su particular forma de enfrentarse a la realidad.

Su taller era un laboratorio en el sentido más literal: un lugar para investigar, probar, equivocarse y encontrar conexiones inesperadas.

Porque Fernández fue escultor, pintor, dibujante, ilustrador y pedagogo, pero ninguna de esas etiquetas basta para explicar lo que hizo.

En su trabajo cabían el arte contemporáneo, el cómic, el diseño, la arquitectura, el humor, la cultura popular y hasta la ciencia ficción. También los objetos encontrados. Trabajó con cartón, cemento, madera, metal, resina y papel con la misma naturalidad con la que saltaba del dibujo a la escultura o de la ilustración a los proyectos editoriales.

La exposición pretende precisamente escapar de una retrospectiva convencional: pinturas, esculturas, dibujos, ilustraciones, collages, objetos, publicaciones y proyectos editoriales se presentan como piezas de un mismo mecanismo creativo.

La intención es mostrar no sólo qué Fernández, sino cómo pensaba mientras lo hacía: cómo una observación podía convertirse en una idea y cómo esa idea encontraba después una forma.

Un artista y un maestro

Su obsesión por experimentar no terminaba en el estudio. Durante más de cuatro décadas, Fernández llevó esa misma filosofía a las aulas y a los talleres.

Trabajó con niños, jóvenes y adultos en espacios como el Círculo de Bellas Artes, La Casa Encendida, Matadero Madrid o el Centro Galego de Arte Contemporánea.

Para él, enseñar tampoco consistía en imponer una respuesta.

El artista César Fernández Arias.

El artista César Fernández Arias. Archivo personal.

"Yo nunca he querido imponer nada a los alumnos", explicó el maestro en 2023. Su intención era acompañarlos para que pudieran desarrollar sus propios proyectos.

De ahí que su trayectoria artística y pedagógica resulten difíciles de separar. Fundó el Taller Hombre Rayo y convirtió la creatividad en una herramienta de aprendizaje, experimentación y transformación. También ejerció como profesor en la Escuela SUR de Profesiones Artísticas y en el Instituto Europeo di Design (IED).

Su carrera recibió además reconocimientos como el Premio Nacional de Ilustración de 2000, concedido por 100 Greguerías ilustradas, de Ramón Gómez de la Serna, y el III Premio de Artes Plásticas de la UNED, recibido en 2023.

Colaboró con varios medios, publicó libros con editoriales como Media Vaca, Papeles Mínimos y Vuela Pluma y expuso en galerías y centros de arte españoles.

Ordenar su universo

La muestra de la Complutense es también el resultado de tres años de trabajo de su familia.

Desde el fallecimiento del artista, sus hijos, Mateo Ray Fernández y Mauricio Fernández, han inventariado más de 1.450 obras conservadas en su estudio y han construido un archivo que pretende preservar y ordenar un legado especialmente difícil de encasillar.

Las 247 piezas seleccionadas para la exposición son el primer gran resultado de ese proceso.

Ellos mismos recuerdan a un padre incapaz de caminar por la calle sin mirar alrededor. A veces se detenía para recoger cualquier objeto que pudiera servirle para una obra que ya estaba imaginando.

"Nunca dejó de crear, era una forma de vivir", recuerdan sus hijos.

Quizá ahí esté la mejor explicación de César Fernández: No buscó encerrarse en una disciplina ni encontrar una fórmula que repetir. Miró el mundo como quien todavía espera descubrir algo. Y convirtió esa curiosidad en esculturas, dibujos, libros, objetos y juegos.

Un mensaje poderoso que llega desde el pasado y que, precisamente por su defensa de la curiosidad, la imaginación y la libertad de crear, mantiene intacta su vigencia para el futuro.