Gonzalo y Huijsen, en un saque de esquina durante el partido ante el Alcorcón.
El Real Madrid de Mourinho echa a andar con una victoria ante el Alcorcón en el primer amistoso de la temporada
Daniel Yáñez, en el minuto 81 marcó el único gol del partido disputado en el Alfredo Di Stéfano. Güler falló un penalti en la primera parte.
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No se pueden extraer grandes conclusiones de los partidos que se disputan en estas fechas y menos aún en un equipo carente de sus internacionales, pero el protagonismo en el encuentro ante el Alcorcón no lo iba a acaparar ninguna estrella por mucho que estuviera sobre el terreno de juego.
José Mourinho volvía a dirigir al Real Madrid trece años después. Lo hacía en el Alfredo Di Stéfano y en el primer amistoso de los cinco que, de momento, tiene programado el club blanco.
Amistoso o sesión de entrenamiento, el portugués ha permitido que los medios puedan ser testigos de los primeros destellos del nuevo Real Madrid. 20 minutos de sesión en abierto con la presencia de Lunin, Arnold, Asencio, Huijsen, Carreras, Camavinga, Cestero, Arda, Mastantuono, Gonzalo y el canterano Valero.
💪 ¡Vamos equipo! pic.twitter.com/2ZgvmCleIA
— Real Madrid C.F. (@realmadrid) July 24, 2026
Fue un 4-3-3 más que un 4-2-3-1. Camavinga y Güler dibujaban la base de la pirámide en el centro del campo, con matices: en la presión alta era Arda quien adelantaba metros, mientras que en los repliegues Camavinga retrasaba su posición.
Pequeños ajustes dentro de un sistema que, por ahora, todavía transmite rigidez. Porque si hubo una palabra que definió este primer Real Madrid de Mourinho fue "tensión". Era el mensaje constante del cuerpo técnico durante el calentamiento.
Las cámaras, en realidad, apenas miraban el partido. Todas seguían a Mourinho. Sus gestos, sus reacciones, su presencia. Era el técnico portugués de vuelta en Valdebebas trece años después.
Durante los veinte minutos abiertos a la prensa mantuvo un perfil muy discreto. Solo abandonó el banquillo en una ocasión para dar unas indicaciones, siempre sin elevar la voz, antes de regresar a su sitio, situado a la derecha del área técnica. Serenidad absoluta.
Mourinho, en el calentamiento previo al amistoso ante el Alcorcón.
Enfrente, un Real Madrid que fue de más a menos. El arranque fue tan eléctrico que, por momentos, pareció más un electroshock que un simple chispazo. A los 51 segundos, Mastantuono provocó un penalti tras recibir en la derecha, lanzar el balón en largo y ser derribado.
La primera escena llamativa llegó entonces. Gonzalo reclamó el lanzamiento, pero Güler cogió el balón sin vacilar y asumió la responsabilidad. No hubo discusión. Era su decisión.
Ejecutó con una ligera paradinha, pero el guardameta adivinó la dirección y detuvo el disparo lanzándose a su derecha. Ese fue el primer minuto y medio del Real Madrid 2.0 de Mourinho.
Sin embargo, esa intensidad inicial fue perdiendo fuerza con el paso de los minutos. El cuarto de hora posterior al penalti dejó muy poco fútbol ofensivo y ninguna ocasión realmente clara. Mastantuono fue de lo más destacado en una actuación colectiva correcta, aunque sin excesivo brillo.
De más a menos
También dejaron buenas sensaciones la personalidad de Cestero y el empuje de Gonzalo. El once titular llegó a la pausa de hidratación sin haber logrado imponerse ni en el marcador ni en el juego.
Se intuía la idea: un equipo ordenado, intenso y disciplinado, que con la incorporación de más pesos pesados debería ganar capacidad ofensiva. Ese es el proyecto. El tiempo dirá hasta dónde llega.
A partir de ese momento, el partido entró en un terreno poco habitual. La prensa fue desalojada del estadio y, además, Real Madrid TV dejó de emitir el encuentro. El estreno del nuevo proyecto desapareció de la pantalla y cualquier información posterior dependió exclusivamente de las comunicaciones internas de quienes permanecieron en el Di Stéfano.
Mastantuono, durante el partido ante el Alcorcón.
La primera mitad mantuvo el mismo guion: pocas ocasiones, mucho orden táctico y un fútbol eminentemente posicional, más eficaz en la organización que atractivo para el espectador. El descanso llegó sin goles.
Tras la reanudación tampoco hubo una revolución inmediata. Mourinho optó por dar continuidad a los nueve jugadores disponibles del primer equipo, priorizando que acumularan minutos y ritmo competitivo.
Güler reaccionó con personalidad después del penalti fallado. Creció con balón, lideró las acciones a balón parado y nunca dejó de ofrecerse. Fue de menos a más. Aun así, Mastantuono siguió siendo el futbolista más diferencial del equipo blanco, llevando el peso de los ataques cada vez que el Madrid encontraba espacios para correr.
Al cumplirse la hora de partido, el marcador seguía inmóvil. Ambos equipos habían generado sus mejores oportunidades a través de acciones a balón parado.
El 0-0 resistió hasta el minuto 70, cuando Mourinho decidió mover el banquillo de forma definitiva. Ningún jugador del primer equipo permaneció ya sobre el césped. Era el momento de La Fábrica.
Gol 'made in La Fábrica'
Y entonces llegó el gol. Un segundo penalti dio al Real Madrid la oportunidad de romper la igualdad. Esta vez fue Yáñez quien tomó la responsabilidad y no falló.
Definió con tranquilidad, mientras el cuerpo técnico del Alcorcón protestaba con insistencia la decisión arbitral, incapaz de comprender la señalización de una segunda pena máxima. Ese tanto terminó siendo decisivo.
Con las gradas prácticamente vacías -aunque Militao y Rodrygo acompañaban a Valverde desde el palco- el encuentro llegó a su final. Ganó el Real Madrid. Lo hizo por la mínima, gracias al penalti transformado por Yáñez.
Un partido marcado por la disciplina táctica y por una palabra repetida hasta la saciedad desde el banquillo: "tensión". Así comenzó la segunda etapa de José Mourinho al frente del conjunto blanco.