Nathalia Ordoñez está detrás del taco-bar Indomable.

Nathalia Ordoñez está detrás del taco-bar Indomable.

Restaurantes

Nathalia Ordóñez, la colombiana que iba para diseñadora industrial y acabó abriendo la taquería que ha enchilado Prosperidad

Indomable es el taco-bar que celebra lo latino y lo castizo a partes iguales.

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Prosperidad atraviesa uno de esos momentos más interesantes que solo se dan cuando un barrio consigue renovarse sin perder su pulso cotidiano. Entre bares de siempre, vermús dominicales y comercios de toda la vida, empiezan a brotar nuevos proyectos que conviven en armonía con los veteranos.

Uno que se ha recibió con mucho entusiasmo tras finalizar el pasado verano ha sido Indomable, una taquería de barrio que, sin hacer demasiado ruido, se ha convertido en uno de los lugares más comentados de La Prospe.

Ese ventanuco en la calle Nieremberg que funciona de escaparate a la taquería marca la dirección donde hay que mirar y entrar. “No esperaba que fuera así”, reconoce sobre la exitosa apertura entre risas Nathalia Ordóñez, colombiana de 33 años, cocinera y alma del proyecto, que comparte sociedad y aventura vital con Silvia Díaz.

El interior de Indomable.

El interior de Indomable.

Querían empezar poco a poco, pero el barrio decidió otra cosa. La afluencia de gente le obligó también a meterse en la cocina y cuando sale de ella las quemaduras y magulladuras en brazos y muñecas le delatan, pero no se lamenta.

Indomable es el resultado de una trayectoria poco recta, pero muy coherente. Nathalia iba para ingeniera industrial hasta que decidió cambiar planos por fogones y se marchó al Culinary Institute of America, en Nueva York, con un sueño confeso: ser la próxima Anthony Bourdain.

Trabajó en el Four Seasons de Washington, pasó por cocinas, empresas tecnológicas y servicios de chefs a domicilio hasta que Madrid terminó de convencerla de que había llegado el momento de montar algo propio. Algo sencillo, sabroso, escalable y con buen rollo.

Una taquería de barrio a la que siempre volver

El local acompaña esa idea. Sin ser grande, respira amplitud: ladrillo visto pintado de blanco, barra metálica, pilares desnudos y un techo de malla industrial. Mesas bajas para compartir, mesas altas para picar algo rápido, vecinos con gorra y barba, familias con niños, perros incluidos.

Un sitio amable, pensado para quedarse lo que marque el ritmo y para volver. El equipo, además, trabaja en colaboración con la Fundación Raíces, un detalle que encaja con el espíritu del lugar.

Los torreznos de Paquita Salas.

Los torreznos de Paquita Salas.

La carta juega con inteligencia entre lo castizo y lo latino. Prosperidad es barrio vermutero y aquí no se renuncia a ello: hay gilda, torreznos y boquerones, pero reinterpretados. A partir de ahí, el viaje se vuelve más decididamente latino y es el aguachile de gambas el que marca el inicio .

El corazón de Indomable está en sus tacos: pequeños, muy cargados y pensados para comer con las manos sin contemplaciones. El de res con queso fundido y salsa de mango es directo y adictivo; el de pollo al mole de ciruela con dukkah y crema sube la complejidad; y el de carnitas con escabeche y falso guacamole se lleva el aplauso final por su carácter punzante y ligeramente picante.

Los tacos de Indomable.

Los tacos de Indomable.

De postre, no podía faltar el mítico tres leches ,pero el protagonismo se lo llevan también los cócteles, sorprendentemente cuidados para una taquería de barrio.

Hay Michelada, Margarita Frozen para apagar fuegos y un Bloody Mary con miso y jerez. Incluso un Negroni trabajado con paciencia: Campari infusionado con fresas, vermut Rivera, ginebra y un fat wash de aceite de coco que redondea la textura.

Indomable no pretende ser revolucionaria ni perfecta. Alguna errata en la carta, algún ajuste por pulir. “Por eso no puedo ser Anthony Bourdain”, bromea Nathalia. Pero quizá ahí esté su encanto: una taquería honesta, sabrosa y cercana que ha sabido leer a su barrio. Y Prosperidad, agradecida, ha respondido enchilándose con gusto.