Uno de los mejores atardeceres de Ibiza está en este hostal donde también se come muy bien

Uno de los mejores atardeceres de Ibiza está en este hostal donde también se come muy bien

Reportajes gastronómicos

Uno de los mejores atardeceres de Ibiza está en este hostal donde también se come muy bien

En Cap Negret, a pocos minutos de Sant Antoni, Hostal La Torre se ha convertido en un imprescindible para tomar algo, cenar y disfrutar de una puesta de sol de postal.

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Con la primavera, las islas despiertan. No es que estuvieran dormidas, porque al contrario de lo que muchos piensan, las Baleares tienen mucha vida fuera de temporada. E Ibiza es una de ellas. Acostumbrados a su cara bling bling, la Pitiusa despliega una serie de encantos que no pasan desapercibidos.

También es calma, naturaleza, buena gastronomía y atardeceres de infarto. Precisamente ligado a este momento tan especial del día, nacía uno de los lugares que llevan ya unas cuantas décadas siendo imprescindibles.

El Hostal La Torre, situado en el enclave de Cap Negret, en la costa oeste y a escasos kilómetros de Sant Antoni, se asoma desde un acantilado al Mediterráneo y cada día, reúne a un buen puñado de personas dispuestas a disfrutar de la vista, el atardecer y una propuesta gastronómica muy bien ejecutada.

Donde Ibiza todavía parece Ibiza

A diferencia de otras zonas de la isla, Cap Negret sigue teniendo algo de esa Ibiza que muchos imaginan y que, lamentablemente, cada vez cuesta más encontrar. Para llegar hasta allí, hay que dejar a un lado el siempre bullicioso Sant Antoni y coger una carretera que serpentea entre pinos, sabinas y pequeñas casas blancas.

Con una puerta azul que ya es un icono y un discreto cartel, nos recibe el Hostal La Torre. Atravesando el patio al abrigo de árboles y plantas, más allá, el horizonte se abre limpio, con nada que rompa la vista. Solo el perfil de sa Conillera, el islote que se dibuja justo enfrente, y el cabo Nonó, marcando el final de la costa.

Precisamente esa orientación, en la costa oeste, es la que hace que el sol se esconda cada tarde justo delante. No es casualidad que esta zona fuese una de las preferidas de los hippies, artistas y bohemios que llegaron a Ibiza en los años 60 y 70.

El lugar nació precisamente entonces, con la sencillez de los antiguos hostales de costa y lo hizo en los 70, como un modesto hostal de gestión familiar. Durante décadas, el establecimiento funcionó como un secreto a voces, pero con una energía mucho más tranquila que la de vecinos de zona como el mítico Café del Mar.

El renacer de la mano de Grupo Mambo

Durante años, fue uno de esos lugares que todo el mundo en Ibiza conocía. Un sitio al que se iba a tomar algo al atardecer, a cenar o simplemente a sentarse frente al mar.

Su historia reciente cambió en 2015, cuando el Grupo Mambo, liderado por la familia Anadon (artífices de la mítica cultura del sunset en San Antonio), decidió adquirir la propiedad y convertirla en su primer hotel boutique. Javier Anadon, el patriarca, sabía que este lugar no podía ser un club de playa más.

Los artífices de lugares míticos como Cala Gracioneta, Café Mambo -también perfecto para divisar el atardecer-, Casa Maca o algunos más recientes como Sa Capella, se propusieron mantener la esencia payesa de este lugar, en vez de convertirlo en lo que hace muchos, otro hotel de diseño con camas balinesas y piscinas infinity.

Se mantuvo el blanco impoluto, se apostó por materiales naturales y se dejó que la integración orgánica con el entorno hiciera el resto. Bajo el sello de su colección Calma Hotels, el grupo ha logrado ofrecer el llamado "barefoot luxury" (lujo descalzo) que huye de la ostentación para centrarse en la ubicación y el cuidado por los detalles.

Primero el atardecer, luego todo lo demás

Su mayor reclamo, claro está, es que es uno de los mejores lugares para ver el atardecer en la isla. Y no solamente durante el verano, sino durante todo el año, porque este establecimiento es de los que no echa la persiana fuera de temporada.

Cada tarde, unas horas antes de que se esconda el sol, la terraza empieza a llenarse de gente. El que no encuentra sitio termina sentado en alguna de las mesas sobre las piedras e incluso algún que otro se cuela por allí para bajar más por el acantilado.

La idea, en cualquier caso, es siempre la misma, pedir algo de beber, esperar a que empiece el espectáculo y, si el plan se alarga, quedarse a cenar.

Para ello, disponen de una carta de vinos bastante más trabajada de lo que uno podría esperar en un sitio de atardeceres. Hay muchos rosados y blancos, perfectos para esa hora, con referencias de la Provenza, champagnes, cavas y bastantes etiquetas españolas.

También aparecen algunos vinos de Baleares, como el Totem "La Veta", un rosado de Ibiza, o el Sió Blanc de la bodega mallorquina Ribas. Y no faltan las botellas que funcionan especialmente bien con las temperaturas primaverales como Whispering Angel, Perrier-Jouët o Raventós rosado.

En cuanto a los cócteles, aquí manda claramente la tendencia de tragos frescos, fáciles y muy fotogénicos. Hay muchos spritz, palomas y margaritas, además de varios clásicos.

Entre los que más salen de la barra está el La Torre Sunset, con vodka Grey Goose, frambuesa, limón y cava. También triunfan la Javier's Margarita, con tequila, lima y romero, y el Lovely A.Malfy, más cítrico, con ginebra de pomelo rosa y frambuesas.

Todo ello acompañado de buena música, algo que forma parte del ADN del grupo. Según dicen ellos mismos, este es el hogar espiritual del Balearic Beat, un género ecléctico que mezcla electrónica ambiental, chill-out y ritmos sensuales que pinchan algunos DJs legendarios como DJ Alfredo, el reconocido padre del sonido balear, que a menudo se pone tras los platos para ofrecer sesiones místicas que acompañan el descenso del sol.

Lo mejor es quedarse también a cenar

Una vez el sol se despide hasta mañana, el mejor plan es quedarse a cenar porque la propuesta gastronómica está muy a la altura de un enclave tan especial. Apuestan por cocina mediterránea, sencilla, pensada para compartir y sin demasiadas florituras, con algún que otro toque viajero.

Empieza con cosas fáciles de pedir al centro de la mesa, como las croquetas de jamón ibérico, el jamón 5J con pan con tomate, las patatas bravas en dos cocciones con alioli y salsa brava casera o una ensalada de tomate de temporada con burrata.

Después hay platos algo más elaborados, pero sin perder ese punto informal. Hay un tartar de atún rojo Balfegó con crema de ajo blanco y wasabi fresco, unos mejillones de roca al curry thai, alcachofas con romesco o una berenjena asada con salsa asiática.

Los platos principales también triunfan: de un jugoso contramuslo de pollo payés asado con romesco, al bacalao gratinado con pisto y all i oli, pasando por pulpo al grill con parmentier o el pescado del día. Terminar con su flan casero es casi obligatorio, lo bordan.

Dormir frente al mar

Como su propio nombre indica, además de restaurante y terraza, este lugar también es un hotel. Tiene apenas 17 habitaciones, repartidas entre dobles y suites, decoradas con la misma estética sencilla y mediterránea que define el resto del lugar.

Blancos, fibras naturales, madera, lino, ventanas abiertas y, en algunas de ellas, vistas directas al mar. No hay grandes lujos. Ni falta que hace. Lo que sí promete, es silencio, naturaleza y unas de las mejores vistas de la isla, que al día siguiente, se siguen disfrutando con cuidados desayunos e incluso sesiones de yoga frente al Mediterráneo.