El restaurante AngloThai.

El restaurante AngloThai.

Reportajes gastronómicos

AngloThai, el restaurante londinense que reinterpreta la cocina tailandesa: una estrella Michelin en tiempo récord

Anglothai, el proyecto de John y Desiree Chantarasak ha pasado de los pop-ups a conseguir una comunidad de fieles en Londres y una estrella Michelin en la guía británica.

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Durante años, Londres ha cargado con el sambenito de ser una ciudad donde se come mal. Un tópico repetido, sobre todo, por quienes no han pasado del pub turístico, la cadena internacional o el restaurante elegido sin demasiado criterio. El problema, sin embargo, no está en la ciudad, sino en cómo se la recorre.

Lo cierto es que la ciudad no tiene una cocina nacional reconocible ni platos bandera que lo expliquen todo de un vistazo, como ocurre con el cocido en Madrid o la paella en Valencia. Lo que tiene es algo mucho más complejo y, precisamente por eso, más interesante: una de las escenas culinarias más abiertas, diversas y ambiciosas de Europa.

Cocinas de todo el mundo conviven con chefs formados en la alta gastronomía europea y con proyectos que reinterpretan tradiciones ajenas desde una libertad difícil de encontrar en otras capitales.

La cocina tailandesa forma parte desde hace décadas de ese paisaje gastronómico. Durante años estuvo asociada sobre todo a restaurantes informales, asequibles y muy populares, pero en la última década ha dado un salto cualitativo.

Como crisol de culturas que es, la ciudad ha sido terreno fértil para propuestas que exploran la profundidad del recetario tailandés desde distintos ángulos, algunas más fieles a la tradición, otras más contemporáneas.

En ese contexto aparece AngloThai, un restaurante que no busca reproducir una cocina tal y como se entiende en su lugar de origen, sino traducirla al contexto británico con una coherencia poco habitual.

John y Desiree Chantarasak: una historia personal convertida en cocina

AngloThai no se entiende sin la historia de quienes están detrás. El proyecto es la culminación de un recorrido largo y paciente por parte de John Chantarasak y Desiree Chantarasak, un tándem que llevaba casi una década afinando esta idea antes de abrir, por fin, su primer espacio permanente.

John nació en Liverpool, hijo de padre tailandés y madre británica, y creció entre dos mundos que constantemente se entrelazaban.

En su casa convivían los tradicionales Sunday roast con sabores asiáticos reinterpretados con lo que había disponible en el entorno británico de entonces. No era una fusión buscada, sino una adaptación natural a la despensa y al contexto.

Desiree, por su parte, creció en el norte de Londres, en una familia muy marcada por la hospitalidad y la vida en torno a la mesa. Formada en diseño gráfico, su acercamiento a la gastronomía llegó más tarde, primero como aficionada y después desde el vino.

A medida que el proyecto de John fue tomando forma, se especializó en maridaje y sala, formándose en el WSET y trabajando en wine bars, hasta convertirse en una pieza clave del discurso del restaurante. Hoy, su selección líquida acompaña la cocina a la perfección.

Esa convivencia entre ambos mundos explica en buena medida la cocina que hoy propone AngloThai, una fusión que en realidad no es otra cosa que el fruto de una evolución natural del chef.

Antes del restaurante: pop-ups, comunidad y un proyecto que se hace esperar

Antes de tener restaurante propio, AngloThai fue durante años una sucesión de pop-ups, cenas en casas particulares y residencias temporales. Aquellas experiencias, muchas veces efímeras, fueron clave para construir una pequeña comunidad de fieles en Londres.

Cuando por fin parecía que el proyecto iba a abrir en Fitzrovia, el local se cayó a última hora. Un revés importante que obligó a empezar de nuevo, buscar otro espacio… Lejos de acelerar el proceso, la pareja optó por esperar y no abrir hasta encontrar el lugar adecuado.

Ese lugar apareció finalmente en noviembre de 2024, en una tranquila calle de Marylebone. El espacio acompaña esa manera de entender el restaurante como un todo.

El interior reinterpreta elementos de la artesanía tailandesa desde una mirada contemporánea. Conviven mesas y sillas de madera de chamchuri, lámparas artesanas y obras de artistas tailandeses.

El reconocimiento no tardó en llegar. Apenas tres meses después de abrir sus puertas, AngloThai recibió su primera estrella Michelin en la edición de 2025 de la guía británica, confirmando la solidez de una propuesta que llevaba años gestándose.

La música es otro de los pilares del proyecto. John, que antes de dedicarse por completo a la cocina trabajó en la industria musical, concibe el sonido como una capa más de la experiencia. Discos de vinilo, altavoces clásicos restaurados y una selección musical ecléctica construyen una atmósfera que también suma a la experiencia.

Una cocina tailandesa desde la despensa británica

Llegó, vio y venció. Y lo hizo por su propuesta, tan clara como arriesgada. La idea es reproducir los contrastes de la cocina tailandesa, (salado, dulce, picante y ácido), y hacerlo utilizando únicamente ingredientes de la despensa británica. En este caso y aunque pudiese parecer lo obvio, no hay productos importados.

Es más, el arroz, piedra angular del recetario asiático, desaparece y se sustituye por granos antiguos locales. Ocurre lo mismo con otros ingredientes: el tamarindo deja paso al espino amarillo, el cacahuete se cambia por semillas de girasol y la tan utilizada hoja de plátano se reinterpreta con las capas externas de la col.

En la cocina conviven métodos tradicionales tailandeses, como el trabajo al carbón, el wok-hei, las pastas de curry machacadas a mano o el coco fresco rallado, con una mirada británica al producto. Pescados de río, carnes de razas locales y verduras de temporada marcan el ritmo del menú.

Con todo eso en mente, pensaron en una fórmula de menú degustación, que se sirve tanto a mediodía como por la noche y que, al regirse por la materia prima británica, cambia mucho con la temporada. En nuestra visita pudimos constatar lo bien que funcionan ambos mundos.

El menú arranca con bocados que ya sitúan al comensal en ese juego entre ambas culturas. Una lámina de arroz al vapor se sirve sobre remolacha confitada y aceite de colza británico, delicada y vegetal. El crudo de besugo aparece acompañado de ciruela y rábano picante, antes de dar paso a una panceta crujiente lacada con guindilla trepadeira y cereza, donde el picante y la grasa se equilibran a la perfección.

El mar llega con uno de los platos estrella del chef, un cangrejo de Brixham coronado con caviar de Exmoor y servido sobre una galleta de coco tostado. Se trata de un plato que resume bien la filosofía de la casa: lujo contenido, producto local y sabores del sudeste asiático reinterpretados.

Uno de los pases más reconocibles es su particular versión del khao soi, aquí convertido en un plato de fideos con romanesco, cítricos de la Fundación valenciana Todolí y un caldo aromático que se termina rompiendo en la mesa, convirtiéndolo en uno de los puntos fuertes del menú.

En los platos principales, la carne cobra protagonismo con propuestas como el solomillo de vaca de raza autóctona acompañado de una salsa tipo satay elaborada con semillas de girasol y trufa de invierno. Esa versión del satay nació en casa, pensada para que la hermana del chef, alérgica a los frutos secos, pudiera probarlo.

También aparece el pato Silver Hill con calabaza, cocinado en curry, en el que se hace una concesión a la India, o los cereales salteados al wok con muslo de pato confitado y especias laap, un pase que sustituye el arroz por avena crujiente y vuelve a insistir en esa idea tan original que profesan.

El final mantiene la misma lógica que el resto del menú, alejándose del postre como algo necesariamente azucarado. Propuestas como la zanahoria con espino amarillo y cebada perlada juegan con la acidez y la textura, mientras que combinaciones como manzana, té tailandés y casia funcionan como un cierre aromático y ligero.

¿Qué hace un vino como tú en un sitio como este?

Puede sorprender que, junto al menú, entreguen dos opciones de maridaje y una de ellas sea de vinos austriacos. La propuesta líquida es una parte fundamental del restaurante en manos de Desiree. La carta de vinos se construye con un foco claro en Europa Central y da protagonismo a regiones de climas más fríos, como Austria o Eslovenia.

Junto a ellos aparecen referencias de Champagne, Alemania o vinos espumosos ingleses de Hampshire, además de botellas más clásicas de regiones consolidadas, siempre elegidas por su capacidad de acompañar la cocina sin imponerse.

La relación personal que John y Desiree mantienen con muchos productores se traduce también en vinos creados específicamente para el restaurante, especialmente con Nibiru Wines, una bodega de la región austríaca de Kamptal, con la que han creado vinos como Rufus, un tinto ligero y fresco, o Aubretia, un blanco aromático con trabajo de pieles.