Reportajes gastronómicos

Historia del Cupcake, ¿qué diferencia hay con un Muffin y una Magdalena?

Os contamos la historia del cupcake así como las diferencias entre un muffin, una magdalena y un cupcake, que se parecen, pero son distintos.

4 abril, 2014 18:34

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El nombre de cupcake significa literalmente pastel-taza, del origen del nombre hay dos versiones, la primera versión es que ese nombre se le dió en el siglo XIX porque se horneaban en tazas de barro individuales (taza es cup en inglés), la segunda versión de la procedencia del nombre es que se debe a la manera de calcular los ingredientes empleados en su elaboración que se miden por tazas.

El origen de estos pasteles se remonta hasta el año de 1796 cuando Amelia Simms publicó una receta en su libro de cocina “American Cookery”, pero no fue hasta el siglo XXI cuando los cupcakes se pusieron de moda en Estados Unidos donde se abrieron pastelerías que tenían como único protagonista este divertido pastel.

Habitualmente se confunden términos como magdalena, muffin y cupcake, pero aunque parezcan lo mismo no lo son. Mostramos a continuación una tabla con las diferencias principales:

Cupcake Muffin Magdalena
Masa batida Masa mezclada Masa muy batida y aireada.
Se comienza batiendo mantequilla y azúcar, luego se integran los huevos uno a uno y finalmente se añaden la harina y los líquidos en varias tandas intercaladas. Se mezclan los ingredientes secos y luego éstos con los húmedos Se comienza batiendo huevos y azúcar hasta tener una mezcla espumosa. Se usa aceite, no mantequilla y la harina se añade al final.
Muchos sabores dulces y alguno salado Dulces y salados Pocos sabores
Pueden llevar relleno Sin relleno Sin relleno
Se decoran siempre Nunca se decoran Nunca se decoran
La masa no lleva trozos (de fruta, de chocolate...) Llevan trozos (de fruta, de chocolate...) Sis trozos en la masa
Origen británico y americano Origen británico Origen francés

Anatomía de un cupcake

Base: Es el bizcocho, suele ir elaborado con mantequilla, harina, huevo y azúcar. Hay que hornearlos sobre unas cápsulas de papel, pero no todas las cápsulas que encontramos en el mercado sirven.

Hay que buscar cápsulas de un grosor considerable para que al verter la masa sobre la cápsula ésta no se impregne de la grasa y quede manchada, si la cápsula es de mala calidad manchará las manos al coger el cupcake además de estropear la presentación visual del mismo. Una vez horneados los cupcakes pueden ser rellenados con la ayuda de un descorazonador de manzanas.

Frosting o cobertura: Es la parte más vistosa del cupcake y lo que lo convierte en algo delicioso. Los más conocidos son el frosting de buttercream o de crema de mantequilla y el de cream chesse o queso crema, además se pueden hacer a base de ganaché de chocolate, nata, etc.

Hay dos maneras de aplicar el frosting para completar el cupcake, se puede hacer de manera “rústica” aplicándolo con una espátula haciendo pequeñas marcas en la cobertura, o con la manga pastelera utilizando distintas boquillas dependiendo del acabado de queramos conseguir (normalmente la boquilla que se usa para hacer las flor por la que son tan conocidos es con la M1 de Wilton).

Decoración: Se suelen decorar con sprinkles de distintos ingredientes, formas y tamaños, con fondant, galletitas, golosinas, etc. ¡Imaginación al poder!

A todas las partes de los cupcakes se les puede modificar el color con colorantes, así como darles sabor y aromas con pastas o extractos. La verdad es que es un postre muy versátil y casi cualquier receta de bizcocho o tarta se puede transformar en cupcakes.

Lo que más me gusta es que es más fácil de transportar que una tarta, son individuales y así no nos damos el atracón, al menos es lo que me sucede a mí, que como sea una tarta es un empezar y no acabar, sin embargo con los cupcakes es sólo uno… o dos.