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¿Me crees si te digo que puedes cocinar un delicioso guiso de pollo con una salsa espesita y llena de sabor sin utilizar ni una cucharadita de grasa? Sea cuál sea tu respuesta, sigue leyendo porque esta receta de pollo con salsa de manzana te interesa.

Solo necesitas dos ingredientes, pollo -previamente sazonado con sal y pimienta- y manzanas. Ni aceite, ni mantequilla, ni nada, ni harinas que espesen la salsa. Durante la cocción, los azúcares presentes de forma natural en la manzana se van caramelizando para aportar un bonito color dorado, y tanto el colágeno del pollo como la pectina de la manzana -un gelificante natural- obran su magia para dar lugar a una salsa de textura densa y untuosa.

Si te sobra salsa, puedes guardarla unos días en la nevera. No te asustes si pasadas unas horas en ella se solidifica como si fuera gelatina. Es perfectamente normal y volverá a su textura original simplemente calentándola a fuego lento.

Y no solo es facilísima de preparar, sino que también es muy versátil. Se trata de una receta que se adapta perfectamente al ritmo acelerado que llevamos hoy en día y, lo mismo sirve como plato para llevar en el tupper, que para una cena informal que organizas con tus amigos o para esa comida formal en la que has invitado a tus suegros.

Receta de pollo en salsa de manzana

Ingredientes

  • Pollo, 8 muslos o 4 cuartos traseros completos
  • Manzanas, 1 kg aproximadamente
  • Sal y pimienta

Paso 1

Prepara el pollo retirándole todas las pieles y cualquier trocito de grasa visible. Si lo que vas a usar son cuartos traseros, trocéalos separando los muslitos de los contramuslos. Salpimiéntalos a tu gusto.

Por otro lado, pela las manzanas y pásalas por una licuadora para obtener su zumo. Necesitarás unos 600 ml de zumo y para conseguirlos tendrás que usar entre 800 g y 1 kg de manzanas. Si no tienes licuadora, puedes triturar la manzana con la batidora y colarlo con un colador de malla muy fina o con una tela de gasa.

Paso 2

Pon el zumo de manzana en una cacerola - una cocotte, sería perfecta, pero en realidad te puede servir hasta una sartén de fondo grueso que sea un poco honda y a la que le puedas poner una tapa-. Después ponlo a calentar a fuego medio (5/9) con la tapa puesta durante 2 o 3 minutos. Cuando el zumo esté a punto de hervir, añade los trozos de pollo a la olla. Si hemos sazonado bien el pollo, no será necesario echarle sal al zumo. Si es necesario, cuando se haya reducido la salsa completamente, corregiremos el punto de sal.

Paso 3

Tapa la cazuela, baja un poco el fuego (4/9) y déjalo cocer durante 30 minutos dando la vuelta a los trozos en mitad de la cocción. Pasados los 30 minutos el zumo ya empezará a tener un color dorado muy apetecible. Sube un poco el fuego (7/9) -para que se mantenga el “chup-chup”- y deja cocer media hora más con la cazuela destapada dando la vuelta a los trozos de vez en cuando para que se reduzca el zumo y se forme la salsa. Durante los últimos 15 minutos hay que vigilar a menudo porque si se queda sin líquido se podría pegar y no queremos eso.

Cuando el pollo esté tierno, puedes retirarlo y continuar reduciendo la salsa durante unos minutos más. Si es necesario, rectifica el punto de sal, cuélala -no es imprescindible, pero se tarda medio minuto y queda mucho más elegante- y ponla en un pequeño cuenco o salsera.

Paso 4

Podemos servir los trozos con algunas hierbas aromáticas frescas como perejil o cebollino picado o algún condimento seco, como podrían ser unos copos de chile, una ración de arroz blanco o puré de patata como acompañamiento y la salsa reducida aparte.

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