Mientras el incendio que asola el sur de la provincia de Ávila continúa avanzando, hay una cocina que desde el jueves no ha apagado sus fogones. En lugar de servir un menú degustación, prepara miles de raciones destinadas a quienes combaten las llamas, a las familias desalojadas y a los equipos de emergencias.
Detrás de ese despliegue está el chef Carlos Casillas, uno de los cocineros más jóvenes en conseguir la estrella Michelin y el primero en conseguirla en esta provincia de Castilla y León, que ha transformado su restaurante Barro en un auténtico centro logístico alimentario.
Todo comenzó el jueves, cuando el cocinero salió de su restaurante y observó los enormes pirocúmulos (nubes verticales que se producen con los fuegos) que anunciaban la magnitud del incendio.
La coordinación entre el cocinero de Barro y World Central Kitchen han sido esenciales para llevar comida a los más afectados.
"Abrí la puerta y llamé a World Central Kitchen para empezar a movilizar a la gente y me puse a cocinar", explica Casillas. Aquella misma noche ya habían servido 700 comidas.
Con el apoyo de World Central Kitchen, las administraciones públicas, empresas privadas y decenas de voluntarios, el operativo ha superado ya las 15.000 raciones repartidas y sigue aumentando cada jornada.
Solo uno de los servicios programados, el de ayer, contemplaba más de 1.800 comidas, a las que hubo que sumar nuevas peticiones procedentes del valle del Tiétar, donde la falta de comunicaciones impedía incluso realizar pedidos.
La cocinera Pepa Muñoz, representante y máxima responsable en España de World Central Kitchen, también ha estado presente en el reparto de comida.
De cocina profesional a centro de operaciones
El restaurante ha reducido su actividad habitual para concentrar todos sus recursos en alimentar a quienes más lo necesitan. Este pasado sábado mientras se preparaban los repartos de la cena y del día siguiente, en Surco, el restaurante más casual situado en la planta baja, ofrecía su servicio con 'total normalidad'.
"Evidentemente, los costes que se generen sabemos que son parte de la consecuencia de ayudar. Tenemos una infraestructura muy grande que queríamos poner a disposición", explica Casillas.
La cocina de Barro transformada para dar de comer a una región.
La organización va mucho más allá de cocinar. Hay que coordinar compras de cientos de kilos de carne, organizar rutas de reparto, movilizar conductores y responder a necesidades que cambian constantemente.
"Lo que necesitamos es tener orden, tener recursos, sobre todo materias primas, y poder seguir moviendo la maquinaria. Mi intención es que las cocinas no paren las 24 horas", afirma el chef.
De servir menús degustación a organizar desayunos, comidas y cenas de afectados.
Las redes sociales también se han convertido en una herramienta decisiva. "Pones que necesitas una tabla para cortar y, literalmente, a los cinco minutos tienes diez. Cualquier cosa que subimos está teniendo muchísimo impacto", relata.
Alimentar también es cuidar
Lejos de limitarse a ofrecer platos básicos, el equipo intenta que cada comida aporte un momento de normalidad en medio de la emergencia. Lasañas, conejo en pepitoria, lentejas o flanes forman parte de unos menús pensados para alimentar, pero también para reconfortar.
La cocina de Barro preparándose para afrontar otra tanda de comidas y cenas.
"Estamos intentando hacer cosas que ya sean más apetecibles. No solo queremos que la gente se alimente, sino que coma bien", explica Casillas, que reconoce la emoción que supone entregar cada bandeja de comida.
"Se te cae el alma a los pies cuando alguien viene y te da un abrazo por un plato de comida" añade el joven, implicado desde el minuto uno.
Los incendios llevan años formando parte del discurso gastronómico de Barro. Su menú incluye desde hace tiempo un plato llamado Campo Amarillo, inspirado en los paisajes castellanos y concebido como una reflexión sobre la fragilidad del territorio.
"Ávila es una provincia donde el mayor recurso lo tenemos en el campo. Es una lástima ver cómo las cosas que fijan población, que atraen a los jóvenes y permiten vivir en los pueblos, se queman. No solo se quema el entorno, también se quema el futuro, y quizá eso sea lo más dramático", reflexiona.
Patatas con costillas y hamburguesas con queso entre los platos del menú de campaña.
Durante estos días, además, el chef ha vivido la incertidumbre en primera persona. Un incendio ha llegado incluso a la viña familiar mientras él permanecía al frente de las cocinas, "han pasado dos días y todavía no he podido ir a verla. No sé si está bien o cómo ha quedado aquello", lamenta.
La gastronomía como herramienta de transformación
Casillas insiste en que la prioridad sigue siendo mantener el flujo de ayuda mientras el incendio permanezca activo. Pide responsabilidad a la ciudadanía para no entorpecer el trabajo de los equipos de extinción y recuerda que la emergencia continúa.
"Hay que ser muy prudentes en lo que comunicamos. Parece que ya no hace falta ayuda, pero la ayuda sigue haciendo falta y hoy vamos a batir el récord de raciones entregadas", advertía mientras el operativo seguía creciendo.
Una furgoneta a punto de salir hacia Arenas de San Pedro cargada de comida y agua.
Después llegará el momento de analizar lo ocurrido. Ahora, asegura, la cocina tiene otra misión. "Muchas veces hacemos un trabajo que puede parecer banal desde el punto de vista social. Creo que es en momentos como este cuando tenemos que comprometernos y entender que la gastronomía también es una herramienta de cambio".
Porque, mientras el fuego amenaza montes, pueblos y cultivos, en la cocina de Barro hay algo que no deja de crecer: la convicción de que un plato de comida también puede convertirse en una forma de esperanza.