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Antártida. Pexels

Ciencia

La Antártida rompe las reglas geopolíticas: el deshielo reactiva la pelea por recursos como el oro, la plata o el cobre

Un estudio calcula que la superficie libre de hielo podría multiplicarse en los próximos siglos, reabriendo la presión geopolítica sobre un continente blindado por tratado.

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Las claves

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El deshielo en la Antártida podría exponer grandes reservas de minerales como oro, plata, cobre y cobalto, según un estudio reciente.

La superficie libre de hielo podría aumentar hasta 120.000 kilómetros cuadrados en los próximos tres siglos, facilitando el acceso a estos recursos.

La minería sigue prohibida por el Protocolo de Madrid, que define la Antártida como reserva natural dedicada a la paz y la ciencia.

El cambio climático hace más visible la riqueza geológica del continente, reactivando tensiones geopolíticas sobre sus recursos minerales.

La Antártida no se ha convertido en una mina abierta, ni está a punto de hacerlo. Pero el deshielo sí está moviendo una pregunta incómoda: qué pasará con sus posibles reservas de cobre, hierro, oro, plata, platino o cobalto si cada vez queda más roca al descubierto.

El debate ha vuelto por un análisis reciente publicado en Nature Climate Change. El trabajo calcula que la retirada del hielo, el rebote del terreno y la subida del mar pueden alterar qué zonas quedan expuestas y qué recursos parecen más accesibles.

La cifra que más llama la atención es enorme. Según el estudio, la superficie libre de hielo en la Antártida podría aumentar hasta unos 120.000 kilómetros cuadrados durante los próximos tres siglos, un crecimiento de alrededor del 550% respecto a la extensión actual.

Eso no significa que mañana vayan a llegar excavadoras al continente blanco. La minería antártica sigue prohibida por el Protocolo de Madrid, el gran acuerdo ambiental que define la Antártida como una reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia.

El artículo 7 del protocolo es especialmente claro: cualquier actividad relacionada con recursos minerales queda prohibida, salvo la investigación científica. Australia, país firmante y con fuerte presencia antártica, recuerda además que no existe una caducidad automática de esa prohibición.

La minería agravaría el problema medio ambiental

Ahí está uno de los matices importantes. Se suele hablar de 2048 como si fuera una fecha de apertura minera, pero no lo es, por ahora. A partir de ese año podría solicitarse una revisión, aunque levantar el veto exigiría condiciones jurídicas muy estrictas.

Por eso la noticia no está en una explotación inmediata, sino en la presión futura sobre el sistema. La Antártida continúa blindada por normas internacionales, pero el cambio climático está haciendo más visible una riqueza geológica que durante décadas permaneció oculta bajo el hielo.

La existencia de minerales valiosos tampoco es una fantasía nueva. La historia tectónica del continente y los estudios geológicos acumulados han señalado desde hace tiempo la presencia de provincias con potencial metalogénico, especialmente en áreas de la Antártida Occidental y la Península Antártica.

Lo que cambia ahora es el contexto. El problema es el siguiente: si el hielo retrocede, algunos depósitos podrían resultar más fáciles de estudiar, localizar o imaginar como futuros objetivos en un mundo hambriento de materias primas.

Ese mundo ya existe. La transición energética, la electrificación, la industria militar y las tecnologías avanzadas dependen cada vez más de metales críticos. En ese tablero, cualquier territorio con cobre, cobalto o platino adquiere una importancia que va más allá de la geología.

La Antártida ya era un espacio de competencia contenida. Hay bases científicas, intereses logísticos, rutas estratégicas y reclamaciones históricas congeladas por el Tratado Antártico. Los minerales no inventan esa tensión, pero pueden darle un motivo más concreto y más económico.

La gran paradoja es evidente. El calentamiento global, que amenaza uno de los sistemas climáticos más frágiles del planeta, podría hacer más accesibles recursos cuya extracción agravaría nuevos impactos ambientales. Incluso sin minería, el debate ya muestra una contradicción difícil de ignorar.