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Ciencia

Italia cambia de estrategia: impone nuevas barreras de 5.000 millones para salvar sus ciudades históricas del mar

Italia ha invertido más de 5.500 millones de euros en MOSE, un sistema de 78 compuertas móviles diseñado para aislar la laguna veneciana.

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Las claves

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Italia ha invertido más de 5.000 millones de euros en el sistema MOSE para proteger Venecia del avance del mar.

MOSE consiste en 78 compuertas móviles que aíslan la laguna veneciana del Adriático durante mareas extremas.

El sistema ha salvado Venecia de varias inundaciones, pero su uso frecuente podría afectar el ecosistema y la vida portuaria.

Expertos advierten que, si el nivel del mar sigue subiendo, las barreras actuales podrían ser insuficientes en el futuro.

Italia lleva años intentando contener uno de los símbolos más visibles de la crisis climática en Europa: el avance del mar sobre Venecia. Y lo está haciendo con una infraestructura gigantesca, cara y cada vez más decisiva para proteger su patrimonio.

El sistema se llama MOSE y funciona como una red de barreras móviles instaladas en las tres bocas que conectan la laguna veneciana con el mar Adriático. Cuando se prevé una marea peligrosa, las compuertas se elevan desde el fondo.

La escala impresiona. El proyecto incluye 78 compuertas móviles y fue concebido para aislar temporalmente la laguna cuando el agua amenaza con entrar en la ciudad. Reuters informó en 2020 de su primera gran prueba exitosa.

Aquel episodio tuvo un valor simbólico enorme. Venecia amaneció seca durante una marea que, en otras circunstancias, habría inundado plazas, calles y bajos históricos. El alcalde llegó a resumirlo con una frase muy gráfica: habían detenido el mar.

Ahí está la clave del cambio italiano. La ciudad ya no se protege solo con medidas puntuales, pasarelas o respuestas de emergencia, sino con una obra nacional de ingeniería pensada para defender una ciudad entera del acqua alta.

El coste explica también la magnitud de la apuesta. Reuters recordaba en 2019 que MOSE había pasado de una estimación inicial de 1.600 millones de euros a unos 5.500 millones, entre retrasos, sobrecostes y escándalos.

La cifra no es un detalle menor. Italia ha terminado asumiendo que proteger Venecia exige una infraestructura de una escala extraordinaria, incluso después de décadas de polémicas técnicas, políticas y judiciales alrededor del proyecto.

El sistema no es una muralla continua a lo largo de la costa italiana. Es una defensa específica para la laguna de Venecia, instalada en los accesos de Lido, Malamocco y Chioggia, donde el Adriático empuja el agua hacia la ciudad.

Su objetivo es claro: evitar que las mareas extremas dañen iglesias, palacios, viviendas, comercios y plazas históricas. San Marcos, una de las zonas más bajas y vulnerables, se ha convertido en el símbolo de esa amenaza permanente.

Pero la historia no termina con el éxito técnico. Venecia ya estudia un “plan B” porque la subida del nivel del mar puede obligar a usar MOSE con demasiada frecuencia.

Ese es el nuevo problema. Las barreras han protegido la ciudad muchas veces desde 2020, pero cerrar la laguna una y otra vez puede alterar el intercambio natural de agua, afectar al ecosistema y complicar la vida portuaria.

La subida del nivel del mar cambia las reglas. Si las mareas peligrosas se vuelven más frecuentes, MOSE dejaría de ser una defensa excepcional y pasaría a convertirse en una puerta casi permanente entre Venecia y el Adriático.

Algunos análisis recientes advierten incluso de que, con aumentos importantes del nivel del mar, las barreras móviles podrían quedar cortas durante este siglo. La defensa actual gana tiempo, pero no elimina el problema climático de fondo.