Este conjunto arqueológico es un bien cultural integrado por una serie de tres monumentos culturales.

Este conjunto arqueológico es un bien cultural integrado por una serie de tres monumentos culturales. EFE Elena Kretschmer

Ciencia

El municipio español de más de 42.000 habitantes que coronan dólmenes de la Edad de Piedra: hallan el enigma de su origen

Tras más de 4.000 años, algunas de las primeras manifestaciones arquitectónicas humanas siguen guardando secretos.

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Las claves

Un reciente estudio analiza los dólmenes en el municipio de Antequera, Málaga, revelando que su ubicación estratégica en colinas no es casual.

Los dólmenes, construidos hace más de 4.000 años, funcionaban como tumbas, marcadores territoriales y símbolos de organización social.

La investigación demuestra que muchos dólmenes están interconectados visualmente, sugiriendo una red planificada para reforzar la cohesión entre grupos prehistóricos.

Estos monumentos prehistóricos influyeron en el paisaje y siguen marcando el territorio de Antequera, mostrando la huella de las comunidades del Neolítico.

En pleno siglo XXI, un municipio español de más de 42.000 habitantes sigue conservando en sus colinas unas estructuras que desafían al tiempo, el clima y la historia: dólmenes construidos hace más de 4.000 años.

Estas monumentales tumbas de piedra, levantadas por las primeras comunidades agrícolas, han sido objeto de debate científico durante décadas. Ahora, un nuevo estudio publicado en el Journal of Archaeological Science: Reports acaba de arrojar luz sobre uno de los grandes enigmas de la prehistoria: por qué se construyeron en esos lugares.

Recordemos que los dólmenes son estructuras megalíticas funerarias, formadas por grandes losas de piedra, siendo una de las primeras manifestaciones arquitectónicas humanas conocidas en Europa occidental.

Estos monumentos, que datan del Neolítico, reflejarían no solo las creencias sobre la muerte de la época, sino también una compleja organización social.

Por qué se construyeron

Este nuevo trabajo ha analizado la distribución espacial de estos grandes monumentos en el entorno del municipio de Antequera (Málaga), revelando un patrón llamativo: los dólmenes no se encuentran dispersos al azar, sino que se situarían estratégicamente en puntos elevados, dominando visualmente el territorio.

De hecho, este hallazgo reforzaría una hipótesis cada vez más aceptada en la arqueología, es decir, el hecho de que los dólmenes no eran solo tumbas, sino también marcadores territoriales.

Desde estas posiciones elevadas, las comunidades prehistóricas habrían señalado su control sobre tierras agrícolas, rutas de paso o recursos naturales clave. Es decir, los dólmenes habrían funcionado como una combinación de monumento funerario, símbolo identificativo y herramienta de organización del paisaje.

De hecho, uno de los aspectos más relevantes del estudio es el análisis de la "visibilidad acumulada". Mediante técnicas digitales, los investigadores han demostrado que muchos de estos monumentos están interconectados visualmente: desde un dolmen se pueden ver otros.

Esto, a su vez, sugeriría que existió una red planificada de construcciones, probablemente con el objetivo de reforzar la cohesión social entre distintos grupos o clanes. Además, el hecho de ubicarse en cimas o crestas facilitaba tanto la visibilidad como el impacto simbólico de estas estructuras.

Este tipo de patrón ya se había observado en otros contextos megalíticos europeos, pero el nuevo estudio aportaría evidencia cuantitativa sólida en el caso español, elevando así el nivel de certeza de estas interpretaciones previas.

Por otro lado, cabe recordar que hasta ahora los dólmenes se han interpretado como simples tumbas colectivas. Sin embargo, los datos del nuevo trabajo apuntarían hacia funciones mucho más complejas: su construcción implicaba un esfuerzo comunitario considerable, indicando la existencia de estructuras sociales organizadas.

Asimismo, su localización sugiere una intención deliberada para monumentalizar el paisaje. De ahí que los dólmenes puedan considerarse una de las primeras formas de "arquitectura política", es decir, espacios donde se combinaban ritual, memoria y control territorial.

Además, aún hoy en día, este sistema prehistórico sigue siendo visible hoy. En un municipio moderno de decenas de miles de habitantes, estos monumentos continúan marcando el territorio, de la misma forma que lo hicieron hace miles de años.

Esto, a su vez, nos hace recordar que el paisaje actual no solo sería producto de la urbanización moderna, sino también de las decisiones tomadas por comunidades humanas presentes hace más de 4.000 años.

Aunque este estudio no permitiría establecer una causalidad absoluta, las observaciones actuales junto a su coherencia con las investigaciones previas reforzarían la idea de que los dólmenes no serían construcciones aisladas o rituales, sino que serían un símbolo de que las primeras comunidades humanas comprendían y organizaban su entorno.

El paisaje no era un mero escenario, sino también un elemento modelado con intencionalidad social, simbólica y económica, donde estos grandes monumentos representaban una de las primeras formas de intervención sobre el territorio y marcaban los espacios controlados por las diversas comunidades del Neolítico.