Un lince ibérico en el área de reintroducción de los Montes de Toledo.

Un lince ibérico en el área de reintroducción de los Montes de Toledo. EFE/Ismael Herrero

Ciencia

Ni Sierra Morena ni Doñana: el bastión español del lince ibérico donde 5 hembras ahora se comportan de forma diferente

Cinco ejemplares hembra han sido grabadas en los Montes de Toledo sumergiendo deliberadamente a sus presas en agua.

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Las claves

En los Montes de Toledo, hembras de lince ibérico han sido observadas sumergiendo conejos recién capturados en puntos de agua, un comportamiento nunca antes documentado en carnívoros salvajes.

Este patrón conductual parece ser una adaptación al estrés hídrico estival, permitiendo transportar agua a través de las presas para la hidratación de los cachorros durante el destete.

La conducta, posiblemente de origen social y transmitida entre linces emparentados o con territorios contiguos, sugiere la existencia de procesos de aprendizaje cultural en una especie considerada solitaria.

El hallazgo resalta la importancia de la flexibilidad e innovación conductual para la supervivencia del lince ibérico en el contexto del cambio climático mediterráneo.

Las cámaras de fototrampeo instaladas en la finca El Castañar registraron ocho episodios protagonizados por hembras de lince identificadas como Naia y Luna. Los animales trasladaban conejos recién capturados hasta puntos de agua, donde los mantenían sumergidos durante un minuto.

El trabajo publicado en Ecology subraya que este patrón conductual "no ha sido documentado previamente en carnívoros salvajes". La investigación ratifica que el fenómeno aparece restringido a este núcleo poblacional concreto dentro de los Montes de Toledo.

Los autores destacan que "aparece estrictamente localizado en la región de los Montes de Toledo" y no existen registros similares en otras poblaciones. Tampoco hay evidencias en cautividad, lo que refuerza su carácter singular dentro de la especie.

La hipótesis principal apunta a una estrategia adaptativa frente al estrés hídrico estival. Según el estudio, este comportamiento podría "facilitar la hidratación o aliviar la transición de la leche al alimento sólido durante el destete" de los cachorros.

Los investigadores sitúan este comportamiento en el contexto de un entorno mediterráneo cada vez más seco. La disponibilidad irregular de agua durante el verano obliga a los depredadores a optimizar recursos, explicando la aparición de esta conducta localizada.

Los experimentos realizados por el equipo de José Jiménez demostraron que los conejos sumergiéndolos retenían hasta un 5% adicional de su peso en agua. Este mecanismo permite a las hembras "transportar agua" mediante la presa para beneficio de la camada.

El estudio detalla que las hembras no consumían las presas dentro del agua. El acto de sumergir el conejo se ejecutaba con precisión repetida, lo que descarta conductas accidentales y apunta directamente a una función biológica definida.

Una innovación social

El análisis espacial revela que las hembras implicadas comparten vínculos de parentesco o territorios contiguos. Los investigadores lo definen como un "raro caso de innovación conductual socialmente mediada en el lince ibérico", con posibles implicaciones culturales profundas.

La investigación sugiere que incluso especies consideradas solitarias presentan capacidad de transmisión social. El estudio señala un "potencial cultural raramente documentado en carnívoros salvajes", lo que obliga a revisar los modelos clásicos sobre la cognición animal actual.

Los datos apuntan a que este comportamiento podría haberse originado en un individuo concreto y expandirse posteriormente. Este patrón encaja con procesos de aprendizaje social documentados en primates y cetáceos, pero resultan muy poco descritos en felinos terrestres.

El hallazgo sitúa a los Montes de Toledo como un entorno clave para estudiar la evolución del comportamiento. El trabajo concluye que "comportamientos inesperados continúan emergiendo", incluso en especies tan intensamente monitorizadas como el lince ibérico.

Los autores insisten en la importancia de integrar la etología en los programas de conservación. Según el estudio, permite identificar “adaptaciones conductuales con importancia ecológica o evolutiva”, especialmente en contextos de cambio climático acelerado en el Mediterráneo.

Este avance se produce en un momento en el que la recuperación del lince ha alcanzado cifras históricas. El aumento de individuos facilita detectar comportamientos raros que antes pasaban inadvertidos por la bajísima densidad poblacional de la especie.

Este trabajo del IREC-CSIC marca un avance en la comprensión del lince ibérico. Al documentar esta "cultura del remojo", evidencia que la conservación protege no solo poblaciones genéticas, sino también comportamientos complejos transmitidos entre individuos salvajes.

Finalmente, el estudio concluye que la flexibilidad conductual es un factor clave para la supervivencia. La "rápida adaptación a través de comportamientos innovadores" puede determinar el éxito de la especie en escenarios de creciente aridez peninsular.