El clavario de Sagunto, Gonzalo Escrig, en la Ermita de Sagunto.

El clavario de Sagunto, Gonzalo Escrig, en la Ermita de Sagunto. Biel Aliño

Reportajes

Los 114 cofrades de Sagunto que no vetan el ingreso de mujeres contra los 267 que sí: "Aquí no hay ambiente machista"

Gonzalo Escrig, clavario de la cofradía, entiende que haya hombres, especialmente los más mayores, que tengan "una concepción muy concreta de la fiesta difícil de cambiar".

Más información: La Semana Santa de Sagunto vuelve a vetar a las mujeres y podría perder la declaración de Interés Nacional

Valencia
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La vida en Sagunto, un pueblo al norte de la provincia de Valencia con 25.000 habitantes en su núcleo histórico, continúa igual.

Es día de mercadillo y la plaza está abarrotada de gente que aprovecha para tomarse un café y ponerse al día, prácticamente ajena a la polémica por la decisión de la Semana Santa de vetar a las mujeres.

El pasado domingo, la Cofradía de la Purísima Sangre de Jesucristo Nuestro Señor, la que organiza la celebración, votó en contra de cambiar los estatutos para sustituir la palabra 'varón' por 'persona' para permitir la entrada de las mujeres en la hermandad.

114 cofrades votaron sí y 267, no.

Un resultado que ha causado indignación en la ciudadanía, especialmente en las vecinas que llevan años reivindicando igualdad en la fiesta. Solo quieren formar parte de ella, igual que sus abuelos, padres, hermanos e hijos.

Los casi 300 cofrades que rechazaron la inclusión de las mujeres prefieren permanecer en silencio.

Enarbolan, en privado, la bandera de la tradición, pues esta cofradía es de las más antiguas de España, y aluden a unos Estatutos que datan del siglo XV y que son para estos hombres como las tablas de Moisés, talladas en piedra.

Nunca se han editado, aseguran, aunque lo cierto es que sí se han producido cambios en la fiesta en los últimos años, relacionados con la organización o la vestimenta, por ejemplo.

EL ESPAÑOL ha podido conversar con cuatro miembros de la histórica cofradía y con dos mujeres que no se conforman con ser meras espectadoras de esta tradición centenaria.

Un hombre pasea por el centro de Sagunto.

Un hombre pasea por el centro de Sagunto. Biel Aliño

"No somos capaces de entender que nos discriminen por el mero hecho de ser mujeres", lamenta Veva Martínez. Defiende que solo quieren estar en la fila, sin "ser más" que nadie.

"Justifican una tradición que saben que no es justa", afirma esta vecina de Sagunto, que explica que quieren evitar la judicialización y la politización de su reivindicación. "Esto no lo queríamos", añade.

¿Son machistas?

La pregunta clave es por qué en pleno siglo XXI esta hermandad rechaza la entrada de sus vecinas, solo por el hecho de ser mujeres.

¿Es, por lo tanto, una cofradía machista? Las respuestas no varían mucho entre los entrevistados.

Ellos no se sienten representados por esa definición, pese a que son conscientes de que es difícil argumentarlo, más teniendo en cuenta el resultado de la votación, que es la tercera en los últimos 30 años con el mismo resultado.

El clavario de Sagunto, Gonzalo Escrig, en Sagunto.

El clavario de Sagunto, Gonzalo Escrig, en Sagunto. Biel Aliño

"Mucha gente, sobre todo a partir de los 40 años, ha vivido una Semana Santa muy concreta".

"Ese ver a tu padre trabajar, reconstruir esas andas que se habían quemado o sacar adelante una procesión que no salía porque había sido perseguida durante la Guerra Civil hace que vivas la Semana Santa de una forma muy determinada".

"Es como las falleras que no concebirían que la frase 'senyor, pirotècnic' la dijera un hombre".

Quien habla es el clavario del año, que como máximo representante de la fiesta prefiere no confesar el sentido de su voto.

Se llama Gonzalo Escrig y tiene 23 años. Forma parte de la hermandad religiosa desde los tres meses de edad, cuando sus padres le apuntaron con la idea de buscar fecha para su mayoralía.

Es un joven tranquilo, que quiere dedicarse al cine y que se confiesa amante de esta tradición, pero "utilizando bien esta palabra", matiza.

Gonzalo Escrig en la Ermita de Sagunto.

Gonzalo Escrig en la Ermita de Sagunto. Biel Aliño

La Semana Santa de Sagunto, para él, supone "comprender una ciudad, conectar el pasado y el presente mediante un diálogo", con valores como "la amistad, el trabajo en equipo, el entendimiento y el aprendizaje".

En su familia, como en tantas otras de esta localidad, son cofrades desde siempre. Su hermano, su padre y sus dos tíos forman parte de la hermandad y él sabe que 2026 será su año desde que tiene uso de razón. "Es algo cultural. Es una fiesta del pueblo más allá de lo religioso", explica.

Sobre la polémica, afirma que entiende que las mujeres quieran participar, pero aboga por "comprender también que a veces esa concepción es difícil de cambiar".

Al respecto, rechaza que el ambiente en la cofradía sea "machirulo o lleno de testosterona".

"No lo he vivido, con mis mayorales somos personas del siglo XXI y no he visto nunca ningún comentario despectivo hacia una mujer", añade.

El hecho de que solo procesionen hombres, según considera, no implica que en el entorno de la Semana Santa se desprecie a las mujeres.

Gonzalo Escrig junto a la ermita de Sagunto.

Gonzalo Escrig junto a la ermita de Sagunto. Biel Aliño

Más de 1.600 hombres

Es una hermandad compuesta por 1.611 hombres, de todas las edades.

Hay dos organismos de dirección: una junta directiva, que organiza la fiesta y que prefiere mantenerse en un segundo plano ante la polémica; y una mayoralía, un grupo de entre 9 y 15 hombres que hacen las funciones de representación.

Este segundo grupo lo lidera el clavario del año.

La mayoralía de Gonzalo es un grupo especialmente joven. El más pequeño tiene 20 años y el mayor, 26.

Ambos acompañan al clavario del año mientras nos explica en la ermita, junto a los pasos, las peculiaridades y tradiciones de su Semana Santa.

Carlos y José Eduardo trabajando en la Ermita.

Carlos y José Eduardo trabajando en la Ermita. Biel Aliño

Han decidido dar la cara para defenderse de los ataques que están sufriendo en los últimos días. Les "sabe mal" la situación porque ellos hacen la fiesta "para todo el mundo" y reclaman un debate en profundidad, desde la tranquilidad.

Comprenden que sus vecinas quieran formar parte de la festividad, pero también entienden que los cofrades tienen muchas preguntas sin respuestas todavía sobre qué supondría aceptar a las mujeres.

A favor del 'sí'

En las escaleras de la ermita, ya cerrada, nos espera Albert Llueca. Es cofrade desde que es un bebé y formó parte de la mayoralía del año 2009, por lo que sabe lo que es organizar esta fiesta.

Defiende abiertamente que votó a favor de aceptar a las mujeres, aunque nadie en su familia quiera apuntarse. Lo hizo por convicción, según explica.

Entiende, a diferencia de sus compañeros, que las tradiciones se cambian. "Se ha hecho antes con otras cosas y no ha pasado nada", afirma.

Ante la pregunta de si la cofradía es machista, prefiere definirla como "masculina", "porque en la época en la que se fundó, la tradición era que solo hubiera hombres".

Albert Llueca, cofrade que votó a favor de la inclusión de la mujer.

Albert Llueca, cofrade que votó a favor de la inclusión de la mujer. Biel Aliño

Ante el silencio que están manteniendo todos los hombres que votaron en contra, Llueca intenta explicar sus argumentos.

"Lo ven normal, no es un 'no a la mujer' porque a la vez que argumentaban el rechazo también decían que si entraban, 'bienvenidas sean'", señala.

Al respecto, considera que no es un "machismo consciente". Cree que los miembros perciben la exclusión histórica enmarcada en la tradición y no en un odio contra las mujeres, aunque sabe que es "difícil de explicar".

¿Por qué las rechazan entonces? Los entrevistados creen que por la incertidumbre y el temor de perder la posición de poder o su puesto en las listas para las mayoralías, cerradas ya hasta el año 2062.

El papel de las mujeres hasta la fecha ha sido el de acompañamiento fuera de las celebraciones. Solo pueden participar como penitentes y salir, como el resto del pueblo, durante el Domingo de Ramos y el acto de representación de la pasión de Cristo.

La Ermita de la Sangre de Sagunto.

La Ermita de la Sangre de Sagunto. Biel Aliño

Lucha por la igualdad

Esta lucha por la igualdad no es nueva. Comenzó en 1999, por un grupo de vecinas que quería participar y que lograron el apoyo de algunos de los cofrades.

En esa votación apenas rascaron unos pocos 'síes'. Desde entonces, el cambio de los estatutos se ha sometido dos veces a votación individual y secreta de los miembros, con una mayoría de votos en contra.

Blanca Ribelles es quien da voz a este colectivo. Su familia tiene un fuerte vínculo con la Semana Santa desde siempre, ella era una niña y no entendía por qué se la excluía.

"Es absurdo. Y eso que me pasaba a mí le ha pasado a la mayoría de las niñas", afirma a EL ESPAÑOL mientras paseamos por las calles del pueblo.

Blanca Ribelles junto a la Ermita de la Sangre en Sagunto.

Blanca Ribelles junto a la Ermita de la Sangre en Sagunto. Biel Aliño

Se siente decepcionada ante el resultado de la votación, porque pensaba que este año sería positivo, pero no se desanima porque le piden que siga luchando.

"Vamos a intentar que la decisión salga de dentro porque la alternativa es que les obligue la justicia y no nos gustaría, pero si no hay otra manera... Ya no estamos en el siglo XV y nosotras lo único que queremos es pertenecer a la cofradía", reflexiona.

Sobre el número de mujeres que podrían apuntarse, creen que no muchas, pero que se iría generando un vínculo afectivo en las niñas que haría que poco a poco hubiera una igualdad real.

Vía judicial

Ante el veto a las mujeres, el Gobierno central anunció la revocación de la declaración de fiesta de Interés Nacional por discriminación, algo que todos los implicados en la fiesta consideran que es una "lástima", pero que apenas tiene consecuencias en la práctica.

La cofradía no recibe subvenciones públicas de ningún tipo.

Además, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que se reunió con el colectivo que defiende la inclusión un día antes de los primeros actos religiosos, animó a las mujeres a denunciar y, tras reunirse con el colectivo, avanzó que el Gobierno llevará a la Fiscalía esta cuestión.

Gonzalo Escrig junto a uno de los pasos de la Semana Santa de Sagunto.

Gonzalo Escrig junto a uno de los pasos de la Semana Santa de Sagunto. Biel Aliño

Sin embargo, nadie desea iniciar la vía judicial. Rechazan las injerencias externas y las presiones políticas y abogan por abrir el diálogo en el seno de la asociación.

Temen incluso que obligar a la apertura pueda ser perjudicial para las mujeres que quieran formar parte.

"Queremos elegir sin presiones externas y con diálogo cuál será nuestro futuro", afirma Gonzalo Escrig.

"No nos gustaría llegar a ese punto. No debemos olvidar que el objetivo último de las dos partes es que la cofradía sea la mejor versión de sí misma. Si todos tenemos ese objetivo, tenemos que dialogar y hablar para conseguirlo", considera el clavario del año.

El centro histórico de Sagunto.

El centro histórico de Sagunto. Biel Aliño

En esta línea, Llueca defiende que el colectivo que pide la inclusión siempre "ha sido coherente". "No hemos entrado ni a la guerra ni a la lucha", defiende, al tiempo que expresa sus dudas sobre acudir a los tribunales, pues "los estatutos no están en la vía civil, sino en la canónica".

"Nosotros queremos votarlo aquí y luego decidir entre todos cómo se articula", manifiesta.

En este sentido, Veva Martínez lanza un mensaje de esperanza: "Antes o después se conseguirá. Esto cae por su propio peso y se darán cuenta".