Partidarios del 'no' celebran el rechazo del proyecto de nueva Constitución chilena.

Partidarios del 'no' celebran el rechazo del proyecto de nueva Constitución chilena. Reuters

LA TRIBUNA

Chile necesita una Constitución más consensuada

El rechazo del proyecto de Constitución supone un revés importante para el Gobierno de Gabriel Boric y agudiza las dificultades de su mandato. 

6 septiembre, 2022 03:00

Envejecer trae consigo la constatación de que la madurez no es un periodo carente de dudas y dilemas. De hecho, las decisiones se vuelven más complejas, así como sus consecuencias.

Algo similar le ocurre a las democracias.

La madurez democrática de un país no supone la llegada a un estadio de feliz concordia en el que todos sus ciudadanos transitan por una senda de compromiso y valores comunes. Por el contrario, tal y como observamos en Europa, las complejidades de la representación ciudadana se agudizan. Eso da lugar a nuevas e insospechadas amenazas a los valores democráticos. Valores que, de tanto usarlos, se van agrietando.

Gabriel Boric en su comparencia pública tras conocerse el resultado del referéndum.

Gabriel Boric en su comparencia pública tras conocerse el resultado del referéndum. Reuters

Chile es un nuevo ejemplo de la complejidad de la democracia. El país que pretendía dejar atrás para siempre el oscuro pasado dictatorial con la proclamación de una nueva Constitución intenta ahora dar con una fórmula en la que la mayoría se sienta cómoda.

El resultado del plebiscito celebrado este domingo, un aplastante triunfo del rechazo (62%) a la propuesta de texto constitucional, es la prueba de que la inminente necesidad de cambiar la Constitución no está reñida con el imperativo de que el resultado sea fruto de consensos y acuerdos lo más amplios posibles. ¡Es la democracia, estúpido!

"El escenario de discusión dio lugar a numerosos espectáculos, excesos y airadas desavenencias que restaron lustre y popularidad a la redacción del texto"

La constituyente chilena nació para dar respuesta al malestar ciudadano. En el marco de las protestas latinoamericanas de 2019, Chile parecía tener una salida clara y contundente al enfado de sus ciudadanos.

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Así, con el apoyo del 78% de los votantes, se abrió un camino para escribir la nueva Carta Magna de un Chile en el que la pulsión entre pueblo y élite se resolviera con una ampliación de los derechos y las garantías de una sociedad diversa.

78 hombres y 77 mujeres, la mayoría de ellos independientes, se pusieron a la tarea. Si el fondo y la legitimidad importan, las formas también. El escenario de discusión dio lugar a numerosos espectáculos, excesos y airadas desavenencias que restaron lustre y popularidad a la redacción del texto, y que se convirtieron en munición para los detractores y los manipuladores de la verdad.

El texto presentado era un esfuerzo digno, aunque antes de ser proclamado ya acusaba la necesidad de reformas que podrían haber sido resueltas con cierta agilidad. Era una Constitución demasiado extensa y necesitada de precisiones jurídicas.

Sin embargo, no suponía, como se ha dicho, ningún riesgo a la unidad de la nación ni alentaba excesos en las competencias que se otorgaban a los pueblos indígenas.

El excesivo énfasis en los elementos particulares de las demandas ciudadanas hizo que el proyecto no transmitiera una idea fuerte de unidad nacional y proyecto colectivo. De esta forma, la tensión antielitista que aglutinaba la movilización social se rompió en numerosos trozos de intereses e identidades particulares que sólo pueden encontrar acomodo en un proceso de negociación, cesión y búsqueda de acuerdos.

"En general, los votantes de izquierda, especialmente los jóvenes, eran más proclives al 'apruebo'. Los que se ubican en la derecha, más proclives al rechazo"

Aunque las elecciones presidenciales vivieron en su segunda vuelta una pugna polarizada entre la izquierda y la derecha extrema, el resultado del plebiscito de este domingo no puede leerse en la misma clave.

En general, los votantes de izquierda, especialmente los jóvenes, eran más proclives al "apruebo". Los que se ubican en la derecha, más proclives al "rechazo".

Partidarios del 'no' celebran el rechazo de la nueva Constitución.

Partidarios del 'no' celebran el rechazo de la nueva Constitución. Reuters

Sin embargo, hay una división mucho más amplia que la simple identificación ideológica.

En un país con una ciudadanía activa y comprometida, y que no dudó en hacer suya la calle, la calidad de la representación importa. Y mucho. Apelar a los valores y al muy necesario reconocimiento de los históricamente excluidos no puede hacerse al margen y, menos aún, en contraposición a la idea de la identidad nacional emanada de la construcción de la república. Aunque esta sea una identidad sentida más que objetiva.

Puede que las posturas extremistas fueran una minoría en la asamblea constituyente. Pero su peso simbólico fue relevante y la respuesta ciudadana amerita una reflexión profunda al respecto.

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Asimismo, es importante clarificar los avances que se hacen en materia ambiental y de género para superar debates desiguales en los que la desinformación pretende batirse en igualdad de condiciones con los razonamientos científicos y basados en la evidencia.

Los plebiscitos conllevan el riesgo de que su resultado diste mucho de lo que el sentido común espera. Se posibilita también que las preocupaciones inmediatas, como la inflación, limiten la reflexión sobre el largo plazo e incluso que el voto se convierta en una suerte de opinión sobre aspectos no consultados.

Sin embargo, para el caso de Chile, vale la pena escuchar y replantearse la voluntad que promueve el cambio fundamental del Estado.

Chile ha avanzado un largo y duro camino para consolidar su democracia. El rechazo de la Constitución supone un revés importante para el gobierno de Gabriel Boric y agudiza las dificultades de su mandato.

Sin embargo, ya no queda más opción que convertir el resultado en la puerta a una Constitución más dialogada, más consensuada, que articule la diversidad de las expectativas de sus ciudadanos crecidos y educados en democracia.

*** Érika Rodríguez Pinzón es doctora en Relaciones Internacionales, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid y coordinadora de América Latina en la Fundación Alternativas.

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