Donald Trump estrecha la mano de Xi Jinping durante una reunión bilateral en Busan, Corea del Sur, el 30 de octubre de 2025.

Donald Trump estrecha la mano de Xi Jinping durante una reunión bilateral en Busan, Corea del Sur, el 30 de octubre de 2025. Evelyn Hockstein Reuters

Asia

Trump llega a Pekín en busca de una salida honrosa de Irán y Xi Jinping se la ofrecerá a cambio de pagar un peaje: Taiwán

El presidente de Estados Unidos llega a Pekín debilitado por la guerra en Oriente Próximo. Xi llega dañado por Ormuz, pero con el dominio de la isla como precio de cualquier cooperación.

Más información: Xi marca territorio antes de recibir a Trump: invita a la líder opositora de Taiwán favorable a la "reunificación" con China

Estambul
Publicada
Las claves

Las claves

Donald Trump visita Pekín buscando la ayuda de Xi Jinping para lograr una salida negociada en la crisis con Irán, a cambio de posibles concesiones sobre Taiwán.

China aprovechará la necesidad de Washington para presionar a Estados Unidos y frenar el apoyo militar y diplomático a Taiwán, un asunto clave para Pekín.

La cumbre se centra en temas como comercio, tierras raras, tecnología y cooperación nuclear, pero el resultado real dependerá de la postura estadounidense hacia Taiwán.

Ambos líderes buscan estabilizar sus respectivas situaciones internas y externas, sin resolver la rivalidad estructural entre China y Estados Unidos.

Donald Trump visita Pekín esta semana, de miércoles a viernes, donde se reunirá con el líder chino Xi Jinping en un contexto en el que ambos sienten el peso de la guerra de Irán: el primero por desgaste político y militar, y el segundo por la asfixia energética del cierre del estrecho de Ormuz, aunque cuenta con reservas estratégicas y más capacidad de aguante.

Se trata de la primera visita de Trump a Pekín en nueve años. Washington necesita ayuda china en Irán para llegar a un acuerdo y dar una salida digna a Trump, que inició esta guerra junto con Israel por propia iniciativa.

Pekín, por su parte, quiere convertir esa necesidad en presión sobre Taiwán, un territorio autogobernado desde 1949 que China quiere anexionarse: es un asunto existencial. Xi tiene influencia sobre Irán y puede contribuir a estabilizar la crisis, pero no lo hará gratis. Su prioridad es frenar el apoyo militar y diplomático estadounidense a Taipéi.

El analista Andrea Ghiselli, experto en relaciones internacionales de China, lo resume así a este diario: "Taiwán será el foco de China; Irán, el de Estados Unidos. El ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, dejó muy claro que esa es la clave de la cooperación entre los dos países".

La lectura china es que Trump ha creado una crisis con Irán y ahora necesita a China para estabilizarla. La prensa oficial insinúa que llega a Pekín debilitado e insiste en un lenguaje diplomático —"respeto mutuo", "gestión de diferencias"— que remite a Taiwán.

Trump también aparece presionado por la suspensión temporal del veto chino a las tierras raras, por la tregua arancelaria y por la crisis de Irán y Ormuz.

El diario hongkonés South China Morning Post (SCMP) añade un marco útil: no se espera un gran pacto estratégico ni un reinicio histórico de la relación, sino una cumbre de "resultados pragmáticos".

La agenda apunta a extender la tregua comercial, asegurar nuevas compras chinas de bienes estadounidenses y evitar que las tensiones se desborden. Es decir, Pekín ofrece suficientes anuncios para que Trump pueda presentarlos como una victoria doméstica, pero sin avances reales sobre los problemas de fondo.

Por este motivo, el resultado real de la cumbre no se medirá sólo en lo que Trump y Xi digan sobre Irán, sino en lo que Washington haga después con Taiwán: sus ventas de armas, el lenguaje sobre la independencia taiwanesa y el grado de compromiso visible con Taipéi.

Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia Pacífico de Natixis e investigadora sénior de Bruegel, refuerza esta lectura en su análisis: "Xi quiere frenar una enorme venta de armas estadounidenses a Taiwán. Lo que Trump negocie con Xi Jinping en la cumbre determinará no solo el futuro de Taiwán, sino también el equilibrio tecnológico y militar global".

Trump, necesitado

La guerra de Irán coloca a Trump en una posición negociadora incómoda. Necesita que China contribuya a contener la crisis: presionando a Teherán, ayudando a estabilizar el mercado petrolero o, al menos, evitando una escalada que complique aún más la situación en Ormuz. China, por su parte, no quiere aparecer como auxiliar de la estrategia de la Casa Blanca.

Ghiselli introduce aquí un matiz esencial: "Los medios y académicos chinos siguen diciendo que esto es culpa de Estados Unidos, y me sorprendería que no lo creyeran también en privado. China quiere que la crisis termine, pero no a costa de Irán".

Pekín, uno de los principales protectores y compradores del petróleo iraní, puede ayudar a desescalar, pero no quiere validar la narrativa estadounidense de que Irán es el problema y China debe presionarlo para salvar la situación.

En los medios chinos más nacionalistas, como Guancha, señalan las debilidades de Trump: Irán, una alta inflación interna y presión electoral.

Desde el ángulo estadounidense, "Trump necesita un acuerdo con China que pueda vender como una victoria en casa", plantea García-Herrero. Desde su llegada a la Casa Blanca, Trump lanzó una guerra de aranceles contra China que Xi no va a olvidar. El mandatario estadounidense "llegará a Pekín en una posición negociadora extraordinariamente débil".

El SCMP recuerda que, en su visita de 2017, Trump fue recibido como un líder de Estado "Plus": tour privado por la Ciudad Prohibida, ópera de Pekín, cena de gala y elogios personales a Xi.

La visita condujo a anuncios empresariales por más de 250.000 millones de dólares, desde energía y Boeing hasta productos agrícolas. Sin embargo, esas buenas intenciones no se materializaron en contratos firmes, porque la relación entró en menos de un año en una guerra comercial.

Con este precedente, Pekín mira con cautela el encuentro. Trump puede estar buscando una teatralización de una victoria —energía, tierras raras o fentanilo— sin resolver la rivalidad de fondo. Pero Pekín mantendrá intactas sus líneas rojas sobre Taiwán, tecnología y seguridad.

Sin embargo, el economista de Oxford George Magnus considera que la visión de un Trump debilitado puede ser incompleta: "La historia queda contada sólo a medias si nos centramos únicamente en quién está debilitado y quién 'gana', signifique eso lo que signifique".

"China y Xi tienen sus propias razones para hacer una pausa, recalibrar y esforzarse algo más por estabilizar tanto el entorno exterior como el doméstico", señala Magnus en conversación con EL ESPAÑOL.

Es decir, China también necesita estabilizar el entorno externo para gestionar una economía doméstica frágil y sostener su ambición industrial. Ambos buscan reducir riesgos sin alterar una rivalidad estructural.

Serguéi Lavrov y Xi Jinping este miércoles en Pekín.

Serguéi Lavrov y Xi Jinping este miércoles en Pekín. Reuters

China resiste

El petróleo iraní suponía entre un 11% y un 13% del total de importaciones chinas de crudo antes de la guerra. Rusia es su primer proveedor, con un 20%, seguida de Arabia Saudí, con un 14%, cuyo petróleo también pasa por Ormuz.

La disrupción en el estrecho causa daños económicos reales a Pekín. Ghiselli advierte que "incluso bajo presión para evitar exagerar la escala de la crisis, algunos dicen claramente que el daño económico para China es considerable", a pesar de que sus reservas estratégicas hacen de amortiguador.

Javier Blas, experto en petróleo de Bloomberg, coincide en la doble lectura: "Pekín es vulnerable, porque antes del comienzo de la guerra importaba una parte significativa de su petróleo vía el estrecho de Ormuz. Pero también es el país mejor preparado para la guerra", explica a este diario.

Según Blas, China tendría unos 1.400 millones de barriles de crudo en su reserva estratégica, frente a unos 400 millones de Estados Unidos y unos 275 millones de Japón. Eso no elimina el daño, pero cambia la posición negociadora. China sufre Ormuz, pero tiene más capacidad de aguante. Trump, en cambio, necesita una salida política y energética más visible.

Añade Blas que la caída de las importaciones chinas de petróleo responde tanto a la guerra como a una tendencia estructural: "China está cerca de su pico de consumo de crudo, y el motor del crecimiento mundial de la demanda de petróleo ya no está en China. Si no hubiese guerra, ese motor sería India. Con la guerra de Irán, el motor ha dado marcha atrás; este año la demanda mundial de crudo caerá".

Estrecho de Ormuz.

Estrecho de Ormuz. Europa Press

La "mano invisible" china sobre el petróleo

China no sólo es víctima, sino que también tiene capacidad de influir en el mercado mediante sus importaciones, sus reservas y su relación con Irán. Pero esa influencia es más útil cuanto menos visible sea.

Blas cree "que EEUU pedirá a China que presione directamente a Irán para que acepte un acuerdo sobre Ormuz que la Casa Blanca considere aceptable para ellos". Sin embargo, no espera una negociación explícita sobre medidas concretas: "No creo que Xi y Trump negocien directamente sobre qué pasos China va a dar sobre el petróleo".

Si Xi sale al rescate de Trump con condiciones a Irán, perdería margen de negociación sobre la República Islámica y dañaría su propia narrativa de oposición a la hegemonía estadounidense. Irán podría convertirse así en una nueva fuente de fricción entre la primera y la segunda potencia económica.

Oficialmente, Pekín culpa a Estados Unidos y a Israel del conflicto y se resiste a sancionar a Irán, que depende en gran medida de China como comprador de su petróleo.

Taiwán, la clave

Taiwán es el asunto que puede convertir una negociación sobre Irán en una concesión estratégica en el Indo-Pacífico.

Pekín quiere frenar el apoyo militar estadounidense a la isla, especialmente el gran paquete de armas aprobado por Trump en 2025 (de 11.000 millones de dólares, el mayor aprobado hasta ahora para la isla, aunque su implementación sigue rodeada de incertidumbre) y espera además que Washington se "oponga" a una eventual declaración de independencia de Taiwán.

El SCMP añade un matiz especialmente sensible: según fuentes citadas por el diario, Pekín presiona para que Washington se aleje de la "ambigüedad estratégica", se oponga explícitamente a la independencia de Taiwán y se acerque a apoyar la reunificación, pasando de reconocer la "política de una sola China" al "principio de una sola China".

Para Taipéi, esto sería una alerta existencial.

El riesgo para Washington es claro: la crisis provocada en Ormuz puede acabar debilitando su posición en el estrecho de Taiwán. Y en ese caso las consecuencias serían globales: la isla concentra una parte decisiva de la producción mundial de semiconductores avanzados, esenciales para la inteligencia artificial, los sistemas militares y la infraestructura digital de las democracias occidentales.

La cumbre también abordará comercio, aranceles, tierras raras, inteligencia artificial, compras chinas de productos estadounidenses, posible cooperación nuclear y otros asuntos económicos.

Las tierras raras merecen una mención específica: China domina gran parte del procesamiento de estos minerales críticos, fundamentales para misiles, vehículos eléctricos, electrónica y defensa.

Cualquier gesto chino para relajar restricciones de exportación podría ser vendido por Trump como una victoria para la industria y el sector militar estadounidenses, pero también recordaría la dependencia de Washington de un eslabón que Pekín controla.

Otros temas de la agenda girarán en torno a la comunicación nuclear, el diálogo militar, Corea del Norte y el mar del Sur de China.

La relación entre los dos gigantes está muy deteriorada desde el bromance de 2017 entre Xi y Trump, tras la guerra comercial de 2018, la pandemia de Covid-19, el cierre recíproco de consulados en 2020, la visita de Nancy Pelosi a Taiwán en 2022, los vetos tecnológicos y los aranceles que llegaron al 145% en abril de 2025.

Estos episodios han transformado la relación de una competencia gestionada en una rivalidad estratégica abierta.

Ghiselli recuerda: "Trump no tiene un historial sólido de cumplir su palabra, y los chinos lo saben". Pekín negociará, pero no confiará plenamente en Trump.