Hungría fulmina su laboratorio populista

Mundo

Hungría fulmina su laboratorio populista

Publicada
Actualizada
Las claves

Las claves

La salida de Viktor Orbán marca el fin del laboratorio populista en Hungría, que había inspirado a líderes ultras europeos.

La llegada de Magyar abre un periodo de esperanza para la población húngara y para la relación con Bruselas y otras capitales europeas.

El partido de Tisza, con mayoría de dos tercios, tiene capacidad para desmantelar el sistema instaurado por Orbán, incluyendo el control sobre medios y justicia.

Se espera que Hungría avance hacia la normalización democrática y recupere su papel como socio fiable en la Unión Europea.

¿Qué le espera a Europa con la llegada del húngaro Magyar?

Parece que se abre la puerta a un periodo de esperanza para -una población agotada por la corrupción, y- para Bruselas y las capitales europeas, que se han visto arrastradas una y otra vez al choque.

Con la marcha de Orbán se desintegra el laboratorio populista que ha inspirado a la generación de líderes ultras que operan bajo una premisa: solo ellos pueden proteger los intereses de su país. Y esto, ya, no cuela.

Se abre un nuevo escenario en política exterior: si bien Hungría, que apenas representa el 1 % del PIB europeo, ha bloqueado una y otra vez decisiones clave, como, por ejemplo, el desembolso de 90.000 euros a Ucrania.

Magyar, sin ser un entusiasta de Kiev, se muestra más pragmático, una cualidad perentoria para un club, el europeo, que funciona por consensos.

Con una mayoría de dos tercios, el partido de Tisza tiene margen para desmantelar el imperio, el reino, que creó Orbán, colonizando los medios públicos y pervirtiendo el sistema judicial.

Debería ser, por tanto, cuestión de tiempo, que Hungría vuelva a la normalización democrática y se convierta, por primera vez en 16 años, en un socio fiable y digno de los valores que defiende Europa