La esencia misma de literatura, tal como apuntan investigadores como Louise Rosenblat o Xosé Neira, es un rechazo a los estereotipos. El escritor tiene la posibilidad de aportar otra visión de la realidad, que se opone a los lugares comunes y nos hace partícipes de su perspectiva propia. Al contrario de lo que habría que esperar, en la literatura infantil y juvenil proliferan los estereotipos, las fórmulas narrativas y los personajes prefabricados, las maniqueas simplificaciones temáticas y esa moralina pedagógica que distingue de un plumazo qué es lo bueno y qué es lo malo. La obra de Sierra i Fabra puede ser calificada como el exponente más conocido de esta vertiente.
En este cuento, edificios nuevos, malos, elegantes y ambiciosos quieren que se derribe una vieja, anticuada y vacía casa, cuyo origen se remonta a los tiempos en que el campo era campo y la ciudad aún no tenía esa sed expansiva. Por supuesto, al final la remodelada casa se convierte en la joya del barrio. Las parasitarias ilustraciones se limitan a reproducir lo expresado por el escritor, sin aportar una interpretacion particular ni contribuir en el plano narrativo. Sin embargo, las grandes deficiencias del libro se materializan en el evidente desconocimiento de los principios que rigen el genero en el cual pretende inscribirse: el libro-álbum. Un cuento con muchas ilustraciones y colorines no es un álbum. Hace falta que haya una unidad de conjunto donde el texto y la imagen se complementen. Donde autor e ilustrador coactúen en un medio de expresion que, además de potenciar aquello que cada uno crea por separado, produzca un sentido totalmente nuevo. Pero para eso hace falta trabajo, renunciar a los estereotipos y tener algo que decir. ¿Hasta qué punto este tipo de libros y autores no son los responsables de que muchos niños pierdan el interés por la lectura?
En este cuento, edificios nuevos, malos, elegantes y ambiciosos quieren que se derribe una vieja, anticuada y vacía casa, cuyo origen se remonta a los tiempos en que el campo era campo y la ciudad aún no tenía esa sed expansiva. Por supuesto, al final la remodelada casa se convierte en la joya del barrio. Las parasitarias ilustraciones se limitan a reproducir lo expresado por el escritor, sin aportar una interpretacion particular ni contribuir en el plano narrativo. Sin embargo, las grandes deficiencias del libro se materializan en el evidente desconocimiento de los principios que rigen el genero en el cual pretende inscribirse: el libro-álbum. Un cuento con muchas ilustraciones y colorines no es un álbum. Hace falta que haya una unidad de conjunto donde el texto y la imagen se complementen. Donde autor e ilustrador coactúen en un medio de expresion que, además de potenciar aquello que cada uno crea por separado, produzca un sentido totalmente nuevo. Pero para eso hace falta trabajo, renunciar a los estereotipos y tener algo que decir. ¿Hasta qué punto este tipo de libros y autores no son los responsables de que muchos niños pierdan el interés por la lectura?