Una escena de la versión de Damiano Michieletto de 'Salomé'. Foto: Brescia e isano/Teatro alla Scala

Una escena de la versión de Damiano Michieletto de 'Salomé'. Foto: Brescia e isano/Teatro alla Scala

Ópera

'Salomé', una pasión sangrienta venida desde Judea retumba en el Palau de les Arts

El coliseo valenciano acoge la versión de Damiano Michieletto de la primera gran ópera de Richard Strauss.

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Llega al Palau de les Arts de Valencia, con cinco representaciones entre este sábado 25 de abril y el 9 de mayo, esa primera gran obra maestra lírica de Richard Strauss que es Salomé, venida al mundo en la Königliches de Dresde el 9 de diciembre de 1905 con Ernst von Schuch como director y Marie Wittich como protagonista.

Es la historia de una de las más famosas perversas ingenuas —o ingenuas perversas— de la escena. Fue un aldabonazo, pues el compositor describía magníficamente, con un lenguaje musical de gran violencia, el insano amor que la jovencita de 16 años sentía por Juan el Bautista.

Está claro que para revestir de verosimilitud al personaje conviene un instrumento menos fornido, menos caudaloso que el de su creadora, la citada Marie Wittich, bien que, eso sí, dotado de vibración, de metal, de penetración.

Es una de las partes straussianas más indefinidas, ambiguas y problemáticas. La tesitura es altísima y viene servida de manera constante por frases exaltadas. La visión de sopranos líricas con timbre es muy apta para recoger ese carácter núbil.

Ljuba Welitsch, Maria Cebotari, Rose Pauly entre las antiguas, y Teresa Stratas, Catherine Malfitano, Cheryl Studer o, más modestamente, Inga Nielsen, entre las modernas, son ejemplos. Podría situarse quizá aquí, con salvedades, a Montserrat Caballé, a su modo instrumental y, de alguna manera, adramático.

Para las representaciones valencianas se cuenta con una nueva estrella, la lituana Vida Mikneviciute, muy admirada, según algunas críticas, en esa parte por su capacidad para transmitir la complejidad emocional de la joven judía.

Ha cantado el papel, según se nos dice, más de 50 veces, la última en La Scala, en la misma producción que ahora se ofrece en la ciudad del Turia y que viene firmada escénicamente por uno de los registas más cotizados de la actualidad, Damiano Michieletto, del que hemos podido ver en el Real alguna que otra producción. Recordamos un Elixir de amor de Donizetti que sucedía en una playa y en donde se trapicheaba con droga. Y su Carmen prostibularia.

Se le considera por algunos como un director visionario y desde luego que no le falta inventiva, aunque a veces sus ideas no encajen del todo con la almendra dramática y musical de la obra. Esta producción es, según algunos, una de las más impactantes de su carrera. Abunda en simbolismos y otorga una imagen más contemporánea del personaje bíblico. Desde luego, las imágenes que circulan nos muestran un acercamiento muy alejado de la historia bíblica.

En el foso se va a mover, con su diligencia habitual, James Gaffigan, hasta hace poco titular musical del coliseo valenciano (ahora lo es, como se sabe, Mark Elder). Sin duda, dará una visión puntillosa y bien delineada que mantendrá el equilibrio entre lo instrumental y lo vocal.

Al lado de la soprano lituana mencionada se situará el Bautista del barítono norteamericano de 37 años Nicholas Brownlee, de instrumento amplio y bien asentado, que ya fuera aplaudido en la misma sede hace unos meses como Holandés errante. Herodes estará en la voz de tenor bien afilada de John Daszak. Herodías en la de la veterana y eficaz mezzo Michaela Schuster.