Tame Impala durante su concierto en el Movistar Arena, este martes en Madrid. Foto: Sergio Albert

Tame Impala durante su concierto en el Movistar Arena, este martes en Madrid. Foto: Sergio Albert

Música

Tame Impala seduce a Madrid con su viaje de la psicodelia a la electrónica

La banda del australiano Kevin Parker repasó su repertorio en el Movistar Arena en un gran concierto, bien sonorizado y con un uso magistral de la iluminación. Este miércoles tocará en Barcelona.

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Talento musical a raudales y esa actitud despreocupada que los anglosajones llaman laidback. Esa es la combinación que hace de Kevin Parker (Sídney, 1986), el alma de Tame Impala, un tipo carismático sobre el escenario. Este martes trajo al Movistar Arena de Madrid la gira de su último disco, Deadbeat, y dijo sentirse “muy, muy feliz de volver a esta hermosa ciudad”.

El cantante y compositor australiano tiene pinta de niño aplicado, simpático y ligeramente rebelde al mismo tiempo, como ese empollón que cae bien a los malotes de la clase porque se deja copiar los deberes. Por eso se da el gusto de encenderse un cigarrillo en un recinto cerrado (no descartamos que le caiga una denuncia de la plataforma Nofumadores.org, que ya denunció a Rosalía por fumar en un podcast) o hacer que la cámara le siga hasta el baño del backstage para que (casi) le veamos evacuar la vejiga, algo que uno nunca había visto antes en un concierto.

Parker hizo un resumen de su repertorio, que ha ido virando desde el pop-rock psicodélico de sus comienzos al pop electrónico con ramalazos techno de ahora. Fue intercalando uno y otro con naturalidad, porque todo, haga lo que haga, lleva el sello de un estilo reconocible que le da coherencia.

El sonido fue bueno, nítido y equilibrado, aunque en recintos grandes es difícil que las frecuencias medias no queden algo tapadas por los graves y los agudos. Parker hizo una exhibición de buena forma vocal y los músicos que lo acompañan estuvieron atinados.

Un uso magistral de los focos y los láseres fueron el ingrediente principal de la escenografía, con un sistema modular de luces que formaban un círculo capaz de descomponerse y adoptar distintas formas, además de las dos pantallas laterales de rigor con efectos lisérgicos que nos mostraban a los músicos desde dentro del escenario.

Tame Impala durante su concierto en el Movistar Arena, este martes en Madrid. Foto: Sergio Albert

Tame Impala durante su concierto en el Movistar Arena, este martes en Madrid. Foto: Sergio Albert

Entre el público había bastantes turistas musicales, ya que se escuchaba mucho inglés en las gradas y los pasillos. No fue una audiencia especialmente expresiva, salvo las dos o tres primeras filas de incondicionales en estado de euforia permanente. El resto movía la cabeza sin hacer muchos aspavientos, a ratos con el móvil en alto y a ratos con las manos en los bolsillos, salvo en las tres o cuatro canciones más conocidas.

El espectáculo arrancó puntual, a las 20:15 h, con la silueta de Parker recortada sobre luces incandescentes y “Apocalypse Dreams”, de su disco Lonerism (2012), seguida de “The Moment” (de Currents, 2015) y “Borderline” (de The Slow Rush, 2020).

Hubo que esperar hasta la cuarta canción para escuchar algo del nuevo disco, el medio tiempo “Loser”, dando a entender que el setlist sería un paseo por toda su discografía. “Breathe Deeper”, con su coda de sintetizador ácido, enganchó con la breve instrumental “Gossip” y uno de sus grandes hits, “Elephant”, con ese bajo distorsionado galopante que puso a bailar a todo el público.

Tame Impala interpreta 'Elephant' en el Movistar Arena de Madrid

Con “Afterthought” regresó a Deadbeat y su espíritu disco, con unas imágenes veraniegas de viajes por carretera y playas en las pantallas que parecían transportarnos a Ibiza en los años 90.

En “Feels Like We Only Go Backwards” nos llevó por un momento a 2012 (el año de Lonerism y de su consagración como gran renovador de la psicodelia), con los módulos de luces desarmándose y proyectando haces de colores como si la luz atravesara un prisma.

Tame Impala durante su concierto en el Movistar Arena, este martes en Madrid. Foto: Sergio Albert

Tame Impala durante su concierto en el Movistar Arena, este martes en Madrid. Foto: Sergio Albert

Después interpretó “Dracula”, el mayor éxito de su nuevo disco, una canción que sigue los códigos canónicos del dance-pop más actual y que podría ser perfectamente un hit de Dua Lipa (para la cual, por cierto, produjo y coescribió gran parte del álbum Radical Optimism de 2024, incluyendo los sencillos “Houdini” y “Training Season”).

Con una versión instrumental de “No Reply” aprovechó para ir al baño con la cámara siguiendo sus pasos y al regresar apareció en el escenario B, situado en la parte posterior de la pista, justo delante del control de sonido. Una plataforma redonda alumbrada con lamparillas y llena de instrumentos electrónicos con los que se marcó una pequeña sesión electrónica sentado en el suelo. Desde allí tocó, a los mandos de secuenciadores y sintetizadores, “Ethereal Connection”, con sus 135 BPM, y por un momento parecía que estábamos en el Sónar o en un club de techno, pero uno muy cozy.

La euforia colectiva llegó con “Let It Happen”, el tema más conocido del disco Currents, con lluvia de confeti incluida y el público coreando como se corea en España: con un buen “lo-lo-lo”.

Tras la instrumental “Nangs” aseguró Parker que le haría muy feliz seguir el resto de su vida viniendo a España a tocar, y justo después preguntó qué eran esas luces que se movían entre el público. Cuando se enteró de que eran vendedores ambulantes de cerveza, se puso aún más contento, dijo que no había visto algo así en ninguna otra parte y encargó a su production manager que le comprara una. El único abucheo (cariñoso) de la noche se lo llevó al preguntar si era Superbock, pero enseguida pidió perdón por su error al percatarse de que esa marca es de Portugal, donde estuvo antes de su paso por España.

Tame Impala durante su concierto en el Movistar Arena, este martes en Madrid. Foto: Sergio Albert

Tame Impala durante su concierto en el Movistar Arena, este martes en Madrid. Foto: Sergio Albert

Tras bajarse la cerveza de un trago, tocó por segunda vez en directo en toda su vida, tal como afirmó, la canción “List of People (To Try and Forget About)”, a pesar de que la grabó hace más de una década. La primera fue el otro día en Oporto.

“Expectation”, de su muy psicodélico primer disco, allanó el camino a “Piece of Heaven”, una balada que Parker dedica a su hija Peach en Deadbeat, y de manera espontánea el recinto se iluminó con miles de linternas de móvil.

Dos temazos lentos de Currents (del que sonaron más canciones que del nuevo disco que motiva esta gira), “Eventually” y “New Person, Same Old Mistakes”, pusieron el cierre al concierto antes de la tanda de bises.

Cuando Parker volvió al escenario se llevó la mayor ovación de la noche, y agradeció que la gente prefiriese verle a él que el Real Madrid-Bayern. “Os habéis ganado mi corazón. Solo quiero decir lo agradecido que estoy. Nos gusta el fútbol, es un buen partido, pero ahora mismo solo nos importa estar aquí con vosotros”, afirmó.

Tame Impala durante su concierto en el Movistar Arena, este martes en Madrid. Foto: Sergio Albert

Tame Impala durante su concierto en el Movistar Arena, este martes en Madrid. Foto: Sergio Albert

En la despedida sonaron “My Old Ways”, “The Less I Know the Better” (que no podía faltar) y “End of Summer”, otra descarga electrónica de Deadbeat que dejó al público con ganas de seguir la fiesta en algún garito de la capital.