Miguel Bernardeau y Guitarricadelafuente, en 'La bola negra'

Miguel Bernardeau y Guitarricadelafuente, en 'La bola negra' Carla Oset

Cine

'La bola negra', un melodrama lorquiano que prefiere desbordarse antes que protegerse

Los Javis firman una película-evento que camina entre el espectáculo cinematográfico y la ficción histórica especulativa.

Cuenta con un guion sólidamente armado y una verdadera emoción.

Más información: Javier Ambrossi y Javier Calvo: "'La bola negra' es la carta de despedida de una pareja"

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Hay toda una declaración de intenciones por parte de los Javis en su voluntad de volver la mirada al universo y el martirio de Federico García Lorca en La bola negra, y de hacerlo además, precisamente, alrededor de una obra extraviada, inconclusa, del gran poeta granadino. Es la que da título a este filme-evento que camina entre el espectáculo cinematográfico y la ficción histórica especulativa, y que termina encontrando su mirada, necesariamente fragmentada, no tanto en aquello que ha sucedido sino en lo que ha quedado suspendido en el pretérito que no llegó a escribirse, decirse o vivirse.

Propulsados por una ambición acorde a la que siempre han manifestado Calvo (Madrid, 1991) y Ambrossi (Madrid, 1984) en sus creaciones (de La llamada a la ficción televisiva La Mesías), la película imagina una suerte de genealogía sentimental de España a través de tres momentos históricos –1932, 1937 y 2017– y tres historias que, obedeciendo a los laberintos y resonancias emocionales de un guion muy sólidamente armado, terminan por dialogar entre sí hasta completarse en una entidad realmente magnética.

Esta estructura corre el riesgo en todo momento de caer en la trampa del bricolaje estéril o exhibicionista, como si los personajes fueran piezas de un tablero que solo existe para consolidar unas ideas previas, pero los Javis encuentran en todo ello una verdadera posibilidad cinematográfica. Y, lo que es más importante, una emoción.

Por los resquicios de esa verdad que subyace en lo que narran (incluso en la ficción dentro de la propia ficción) es donde La bola negra adquiere una dimensión que trasciende el relato más manifiesto de la represión homosexual. Su cometido pasa más bien por mostrar cómo el tiempo transforma las heridas generacionales, aunque no las elimine. Lo que cambia es el lenguaje con el que se nombra el deseo, que también debe negociar con su propia memoria, pero permanece la necesidad de ser reconocido, es decir, la búsqueda de una dignidad.

En la historia de Alberto (Carlos González) siguiendo el hilo de la herencia de su abuelo, que protagoniza el bloque más contemporáneo del filme y el que define su espíritu (en cuanto es un tapiz sobre legados generacionales), podemos sin duda volcar la pesquisa de los creadores, si bien el discurso queer de La bola negra atraviesa sus tres tiempos narrativos con una determinación que no conoce atajos o desmayos.

Así, el más alejado en el tiempo, durante las tensiones ideológicas y sociales del primer año de la Segunda República, se inspira directamente en la pieza inacabada de García Lorca al retratar a un joven homosexual, Antonio (Milo Quifes), que recibe “la bola negra” al intentar hacerse miembro del casino de su pueblo andaluz. En el norte de España, ya durante la Guerra Civil, transcurre a su vez en un hospital el relato nuclear de la película, aquel que da forma a la callada historia de amor de Sebastián (Guitarricadelafuente) y Rafael (Miguel Bernardeau), un soldado del bando falangista que custodia y se enamora de un preso republicano herido.

En esta última historia resuenan múltiples ecos, entre ellos, y con gran fuerza, los de El mar de Agustí Villaronga (cuyo espíritu está incluso más presente que el de Almodóvar, implicado en la producción a través de El Deseo), pero sobre todo la voluntad de sumarse a una tradición melodramática y lorquiana, en la que los Javis parecen sentirse muy cómodos.

Milo Quilfes en 'La bola negra'

Milo Quilfes en 'La bola negra' Carla Oset

Quizá esta tendencia por centrarse en la microhistoria y mantenerse deliberadamente al margen de la Historia –excepto al principio, un bombardeo de la aviación italiana, y al final, unos fusilamientos, no hay incursión alguna en los frentes de batalla ni en las sistemáticas purgas, fosas comunes, paredones, etc.– conduce a lecturas problemáticas dentro del claro mensaje conciliador que propone el filme (no en vano, el nieto del soldado franquista busca reconciliarse con su pasado), como si mantuviera una equidistancia respecto a la “guerra fratricida” en la que el amor quiere vencer a toda costa, aunque por el camino corre el riesgo de lavarle la cara al fascismo.

En una época en la que cierta parte del cine parece desconfiar de cualquier sentimiento expresado sin ironía, La bola negra apuesta por una sinceridad y una inocencia que pueden resultar excesivas en algunos momentos, pero que constituye también una de sus principales virtudes. Es una película que prefiere en todo caso desbordarse antes que protegerse. Y de ahí extrae en gran medida su fuerza, que alcanza su cenit estético en una muy hermosa secuencia de naturaleza postmortem filmada en la nieve, vinculándose así a la tradición surrealista de los hijos del 27 por la que planea, sin profundizar en ello, la película.

Como resultado de esa voluntad de concentrar en decisiones particulares un conflicto cuyas ignominias siguen hoy configurando la polarización ideológica de nuestro país, se hace especialmente discutible la vertiente “historiográfica” del filme que emerge en su tramo final. La bola negra pretende de algún modo no solo fabular con la historia, sino “corregirla”, de tal suerte que la pantalla se convierte en un elemento de exorcismo del pretérito.

Primero lo hace con la inclusión de una experta en García Lorca, interpretada por Glenn Close, y el ‘falso’ hallazgo de los papeles perdidos de su obra; después con la propia presencia del poeta, que irrumpe en la puesta en escena mediante varios flashbacks en blanco y negro que, a pesar de su innegable mística, a este crítico se le antojan innecesarios.

La bola negra

Dirección: Javier Ambrossi, Javier Calvo.
Guion: Javier Ambrossi, Javier Calvo, Alberto Conejero.
Intérpretes: Guitarricadelafuente, Carlos González, Milo Quifes, Miguel Bernardeau, Lola Dueñas.
Año: 2026.
Estreno: 25 de septiembre