Image: Paneque, en la memoria de las cosas

Image: Paneque, en la memoria de las cosas

Exposiciones

Paneque, en la memoria de las cosas

30 enero, 2002 01:00

Mobylette-Prototipo silla, 2002. Al fondo, modelo Wan Xiang SL Magdalena-Polígino Industrial P-11 Villalba, 2002

Heinrich Ehrhardt. San Lorenzo, 11. Javier López. Manuel González Longoria, 7. Madrid. Hasta el 6 de febrero. De 2.000 a 19.000 euros

Para presentar a Guillermo Paneque (Sevilla, 1963) es inevitable hacer referencia a su vinculación, en los 80, a la galería La Máquina Española y a la revista "Figura", sobre todo porque su trayectoria posterior, tras abrir los 90 con cuatro individuales, ha sido errática y al parecer poco productiva: en los últimos años, entre Madrid y Nueva York, sólo ha expuesto en 1995 en Windsor Kulturgintza y en 1999 en Heinrich Ehrhardt. El anuncio de dos muestras simultáneas había hecho surgir expectativas, en parte defraudadas. Hay algunas buenas ideas, pero las obras, a pesar de presentarse como "proyecto", quieren abarcar tantas propuestas y lecturas que el espectador no llega a comprender cómo se articula ese proyecto, qué relación existe entre las piezas.

En la galería Javier López se ha querido dar categoría de instalación a lo que no es sino una contraposición de un vídeo de un espectáculo flamenco y de una proyección en diapositivas, interesante, de fotografías periodísticas de detenidos cubriéndose el rostro. La misma procedencia tienen los "recortes" pegados en la pared de Heinrich Ehrhardt, con una considerable potencia gráfica pero con contenidos desconcertantes: en este "análisis" de los actos de "seleccionar e interpretar" podrían encontrarse asuntos más relevantes que la despedida de los ruedos de Jesulín, el recorrido por el pabellón belga en la Expo’92 o la filmación de un anuncio de vaqueros por parte de Godard. En ambas galerías, además, hay unas cuantas fotografías de objetos y un par de esculturas consistentes en la superposición de modernos modelos de scooters construidos en madera a viejas motos. Paneque pretende con ellas hablar sobre la memoria de los objetos, abordada como un trasvase entre espacio y tiempo. Y, de nuevo, llega a un enunciado y a un procedimiento válidos, frustrados por lo anecdótico del ejemplo escogido.