Image: Andreas Gursky en el supermercado

Image: Andreas Gursky en el supermercado

Exposiciones

Andreas Gursky en el supermercado

18 julio, 2001 02:00

99 cent, 1999. Impresión cromogénica, 188 x 230

Palacio de Velázquez. Parque del Buen Retiro. Madrid. Hasta el 23 de septiembre

¿Es Andreas Gursky "el fotógrafo más aburrido del mundo", como ha dicho Duane Michals? No, con toda seguridad, aunque es cierto que algunas de sus obras "parecen fotos de un informe anual de una empresa cualquiera", como también ha afirmado el maestro estadounidense. Michals no puede aprobar a Gursky porque a éste no le interesa lo humano más que, lateralmente, como sociología. Nunca ha prestado atención a la experiencia personal e individual; son los escenarios colectivos los que retrata, a través de la óptica de un acentuado formalismo, y sin implicación aparente del artista. Al igual que otros fotógrafos alemanes de su generación, como Thomas Ruff o Thomas Struth (alumnos también de Bernd y Hilla Becher), adopta como asunto los ámbitos y los personajes más normalizados de una sociedad urbana sin grandes penas ni grandes alegrías, a los que pretende observar desde la neutralidad. No se puede calificar el resultado de aburrido, porque posee valores plásticos indudables, pero quien busque en el arte algo más que valores plásticos tampoco podrá decir que es apasionante.

Esta exposición organizada por el MoMA de Nueva York y comisariada por su conservador de fotografía, Peter Galassi, supone, con su posterior itinerancia al Centre Georges Pompidou y al Museum of Contemporary Art de Chicago, la definitiva consagración internacional de Gursky. Arranca de 1984, con unas pequeñas fotografías de espacios abiertos y se cierra con las megaproducciones más recientes. Son algo más de quince años de trabajo en los que la trayectoria del artista se muestra como algo mucho menos lineal de lo que cabría esperar. Parece que, en general, Gursky ha perseguido llamar la atención sobre la ordenación geométrica de nuestro hábitat artificial: un orden casi siempre "encontrado" en la realidad y a veces creado o subrayado mediante la manipulación digital. Pero esa "obsesión" se expresa en muy diferentes imágenes: sus fotografías de texturas, por ejemplo la de la moqueta de la Kunsthalle de Dösseldorf o la de la iluminación cenital de la Asamblea General de Brasilia, se acercan a una concepción minimalista o abstracta; otras, como las de supermercados o las Bolsas, son mucho más descriptivas y caen en el abigarramiento, aunque siempre sometidas a una estructura.

Sorprenden, por otra parte, sus acercamientos a la naturaleza (glaciares, nubes, alta montaña, cataratas del Niágara), con una estética casi romántica, que no sabemos muy bien cómo encajan en la que parece ser la dirección central de su obra.

Gursky es uno de los artistas que impuso los tamaños no ya grandes sino enormes en la fotografía. No cabe duda de que estos formatos son muy adecuados para sus amplias panorámicas (exteriores o interiores) vistas muchas veces "a vuelo de pájaro" en las que la abundancia de detalle podría justificar la necesidad de grandes superficies. En cierta manera, se comporta como un pintor abstracto que juega con líneas, colores y texturas para crear obras que, por encima de todo, son nada más y nada menos que inteligentes y atractivas composiciones visuales. Cada forma real, sea una retícula arquitectónica, una alineación de coches en un aparcamiento o los brazos de centenares de jóvenes en un concierto, posee, al parecer, para él, la misma categoría como elemento que construye una imagen, sin mucha mayor significación. No obstante, en obras más recientes como Stockholder Meeting (2001), se distancia tanto de obras anteriores como de la realidad con un collage digital (un tanto burdo aquí) que podría indicar nuevos derroteros de su trabajo.

Andreas Gursky (Leipzig, Alemania, 1955) tuvo un temprano contacto con la fotografía en el estudio de su padre, un afamado fotógrafo comercial. Posteriormente, estudió en la Folkwangschule de Essen, fundada por Otto Steinert, y en la Staatliche Kunstakademie de Dösseldorf, donde recibió la influencia determinante de Bernd y Hilla Becher. Desde mediados de los ochenta ha fotografiado con frío distanciamiento los variados escenarios en los que se desarrolla la vida contemporánea, con un componente tecnológico creciente: de los hoteles a los bancos; desde Brasilia a Hong Kong. Su celebridad arranca de principios de los noventa y hoy es considerado uno de los fotógrafos más importantes de los últimos años.