Una de las esculturas cubiertas por Elo Vega y Rogelio López Cuenca en la escalera del Círculo. Foto CBA / Miguel Balbuena

Una de las esculturas cubiertas por Elo Vega y Rogelio López Cuenca en la escalera del Círculo. Foto CBA / Miguel Balbuena

Arte

¿Qué está ocurriendo en el Círculo de Bellas Artes? Bajo la atenta mirada de Minerva están pasando cosas

Once artistas actuales revolucionan la sede centenaria del CBA con instalaciones que recuerdan algunos de sus hitos artísticos recientes.

Más información: Vicioso, virtuoso y solar: el Círculo de Bellas Artes de Madrid cumple 100 años

Publicada

El Círculo de Bellas Artes está de enhorabuena: su sede cumple cien años. Para celebrar tan solemne efeméride, la institución nos propone una exposición singular que se halla diseminada a lo largo y ancho del célebre edificio de Antonio Palacios.

La lechuza de Minerva

Círculo de Bellas Artes. Madrid. Comisaria: Isabella Lenzi. Hasta el 10 de mayo

La exposición, que reúne el trabajo de once creadores y que recapitula algunos de los hitos artísticos del CBA, comienza con algunos materiales de El sueño imperativo –muestra comisariada en 1991 por Mar Villaespesa–, algunas de cuyas obras gozan (como las proyecciones realizadas por Krzysztof Wodiczko sobre el Arco de la Victoria de Madrid en el contexto de la Guerra del Golfo) de una inquietante actualidad.

Desde este archivo, ubicado en la planta menos uno, la exposición se despliega con algún doblete. Es el caso de Pedro G. Romero, que participó en El sueño… con las obras Arriba España (un banderón colocado a la entrada de uno de los ascensores) y Reflexión real, un vídeo en super-8 en el que la imagen de la reina Sofía se dispersa por espejos hasta desvanecerse.

En esta ocasión lo hace con otro par de obras autoalusivas. Una, Sin título, instalación realizada junto a Rocío Márquez, cuyo cante por cantiñas (“Cuando te vengas conmigo…”) se reproduce –mediante altavoces de contacto– sobre un conjunto de espejos utilizados como utilería en películas estrenadas en 1991.

Otra, Sin título (Rey del sueño), recrea la performance del cantaor Perrate ocurrida durante la inauguración de la exposición a través de un sistema de cámaras analógicas (también del 91) colocadas en semicírculo, en cuyas pantallitas se repite la grabación del evento.

Itziar Okariz: 'Irrintzi'. Foto: CBA

Itziar Okariz: 'Irrintzi'. Foto: CBA

Esta obra comparte sala con The Saint’s Paradox de Regina Silveira, a la que le une cierta afición por los equívocos y los desplazamientos. Desde una esculturita popular de Santiago Matamoros se proyecta una gran sombra (en realidad, un vinilo) de una estatua ecuestre en la que el santo es sustituido por el duque de Caxias, prócer de la Guerra de la Triple Alianza y artífice de uno de los episodios más sangrientos de la historia latinoamericana.

Por las escaleras del edificio se distribuye una obra de Elo Vega y Rogelio López Cuenca. La pareja ha envuelto las esculturas de los descansillos con mantas térmicas (las diosas, doradas y desguarnecidas) e intervenido los espejos ubicados tras ellas con permutaciones de la frase Siamo tutti in pericolo, título con el que se encabezó la última entrevista de Pasolini.

Completan la exposición el Diario de sueños de Itziar Okariz y el registro de su performance Irrinzi (un plano fijo en el que la artista entra y sale pero la arquitectura permanece), una performance de Silbatriz Pons, la sobresaltante Guards Kissing de Tino Sehgal, la intervención en la fachada de María Salgado y dos esculturas de clavos retorcidos y colosales de Los Carpinteros.

Esta exposición es una astuta tentativa de sobrellevar y negociar el peso de un edificio gravoso; de pensar cómo aprovechar las fisuras de una institución tan emblemática y rocosa. A través de estas acciones discretas, la comisaria Isabella Lenzi sortea el impulso de una reivindicación vocinglera, proponiéndonos una inteligente salida por la tangente.

Una de las esculturas de Los Carpinteros. Foto: CBA

Una de las esculturas de Los Carpinteros. Foto: CBA

En la azotea, una intervención restaurativa intenta encontrar los restos de la obra que Nancy Spero realizó en 1991. Sucedió bajo la atenta mirada de Minerva y su lechuza, que, vista de cerca, más bien parece un búho al que acaban de despertar de la siesta.