Viñedos del Penedés bajo el sello Corpinnat.
Qué hace falta para ser un vino Corpinnat: el sello catalán ya cuenta con 22 bodegas
La salida de bodegas de la D.O. Cava hacia proyectos como Corpinnat refleja una tendencia en el sector del vino que apuesta por el territorio y prácticas más sostenibles.
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Desde que el 1 de septiembre de 2017 cinco bodegas catalanas se unieran para fundar Corpinnat, una Marca Colectiva de la Unión Europea nacida con la voluntad de distinguir los grandes vinos espumosos elaborados en el corazón del Penedès, ya son 22 las pequeñas y grandes casas que lo integran. Juvé & Camps ha sido la última en unirse, dejando de pertenecer para siempre a la D.O. Cava.
En cuestión de una década, el mapa de viticultores de la región ha sido reestructurado, condicionado por esta 'espantada' de prestigiosas firmas que siguieron el testigo de Gramona, Llopart, Nadal, Recaredo, Sabaté i Coca o Torelló.
Algunas bodegas decidieron abandonar la D.O. Cava para unirse a Corpinnat por varias razones fundamentales relacionadas con el prestigio, la calidad, la sostenibilidad y la defensa del territorio. Corpinnat es un sello que nació para priorizar calidad, origen y la sostenibilidad frente al volumen y la estandarización.
Desde su nacimiento, Corpinnat ha ido integrando las siguientes bodegas: Gramona, Llopart, Nadal, Recaredo, Sabaté i Coca, Torelló, Huguet de Can Feixes, Júlia Bernet, Mas Candí, Can Descregut, Pardas, Bufadors, Cisteller, Viader, Mas de la Basserola, Celler Kripta, Demost, Mas Bertran, AT Roca, Celler Mir, Torné & Bel y, desde hoy, Juvé & Camps.
Pero, ¿qué implica realmente formar parte de este sello? ¿Qué exigencias separan a estos vinos del paraguas histórico de la Denominación de Origen Cava?
El origen como bandera
Si hay un concepto que vertebra Corpinnat es el origen. Frente a la amplitud territorial del cava, este sello nace con una vocación radicalmente local: todo debe proceder del Penedès. La uva, la vinificación y la crianza tienen que desarrollarse dentro de esta zona concreta, reivindicando el terruño y sus microclimas como elementos diferenciadores.
Este enfoque responde a una crítica histórica que recae en la pérdida de identidad que algunos productores percibieron en la DO Cava, cuya expansión geográfica y volumen dificultaban transmitir una narrativa clara de origen. Corpinnat, en cambio, apuesta por lo contrario: menos volumen, más territorio.
Viticultura sostenible
El segundo gran pilar es la sostenibilidad, entendida no como tendencia, sino como obligación. Para pertenecer a Corpinnat, las bodegas deben trabajar con viticultura 100% ecológica certificada.
A esto se suma la vendimia manual, una práctica que encarece los costes pero permite una selección más precisa de la uva. También se imponen límites estrictos de rendimiento por cepa, buscando priorizar la calidad frente a la cantidad.
Viñedos del Penedés, el origen de todo.
La sostenibilidad también debe ser económica. Más allá del viñedo, Corpinnat introduce una dimensión social poco habitual en los sellos de calidad: la protección del viticultor. Las bodegas deben garantizar precios mínimos por la uva —en torno a 0,90-1 euro por kilo— mediante contratos a largo plazo.
Este punto responde a una problemática real del sector, donde durante años los precios bajos pusieron en riesgo la viabilidad de muchas explotaciones. La iniciativa busca evitar el abandono del viñedo y preservar el paisaje agrícola frente a la presión urbanística.
Control desde la viña a la botella
Uno de los requisitos más diferenciales es la figura del “elaborador integral”. En Corpinnat está prohibido comprar vino base o mosto a terceros: cada bodega debe vinificar íntegramente su producción. Esto garantiza un control total del proceso y refuerza la autenticidad del producto final.
Crianzas más largas
Si algo distingue a estos espumosos en copa es su profundidad. Y esta tiene mucho que ver con el tiempo. Corpinnat establece un mínimo de 18 meses de crianza en botella, superando los estándares básicos del cava, pero además impulsa categorías superiores que pueden alcanzar los 30 o incluso 60 meses.
El interior de la bodega Torelló
El resultado son vinos más complejos, con mayor estructura y una burbuja más integrada. En definitiva, espumosos que buscan competir en la liga internacional de los grandes.
Variedades autóctonas
Otro elemento identitario es el uso prioritario de variedades autóctonas como Macabeo, Xarel·lo y Parellada. Aunque algunas bodegas aún emplean uvas internacionales, existe un calendario para su desaparición progresiva.
Mientras tanto, la D.O. Cava sigue defendiendo su fortaleza: más de 300 bodegas, presencia en más de 130 países y una historia de más de 150 años. Dos modelos que, lejos de excluirse, conviven y reflejan la diversidad del vino español.