La terraza de El Mirlo.

La terraza de El Mirlo. El Mirlo

Restaurantes

El restaurante escondido en Tarifa para comer atún de almadraba mirando a África

El Mirlo, en Punta Paloma, vive una nueva etapa bajo el paraguas de Marbella Club, pero mantiene intacta la memoria de la familia Chico y una cocina marcada por el atún rojo de almadraba, los pescados locales y los arroces gaditanos.

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Una de las zonas más especiales de Tarifa está en Punta Paloma. Quien no haya ido nunca se sorprenderá ante una carretera que serpentea entre altísimas dunas.

De hecho, siempre hay máquinas despejando el camino, ya que aquí el viento hace acto de presencia a su antojo. En el mar, decenas de cometas de kitesurf y, en el horizonte, África se intuye de forma nítida y cercana.

Integrado en este paisaje salvaje se encuentra El Mirlo, un auténtico mito de Tarifa y memoria viva de la costa gaditana, mucho antes de iniciar su actual —y sofisticada— etapa bajo el paraguas de Marbella Club.

La llegada hasta El Mirlo entre dunas

La llegada hasta El Mirlo entre dunas

Su historia está ligada a la familia Chico y, muy especialmente, a Rafael. Fue él quien transformó una pequeña choza frente al Estrecho en un templo de peregrinación para generaciones enteras de veraneantes. Incluso el nombre quedaba en casa: El Mirlo era el apodo de su padre, bautizado así por el envidiable moreno que lucía cada verano.

Durante décadas, el boca a boca hizo el trabajo. Allí se iba a comer pescado fresco, a compartir un buen arroz y a gozar de uno de los rincones más mágicos de Cádiz. En 2023, el restaurante reabrió sus puertas de la mano de Marbella Club, manteniendo a parte de la familia fundadora vinculada al proyecto con un propósito claro: actualizar el espacio sin perder un ápice de su alma.

Equilibrio entre la memoria y la sofisticación

El cambio apenas se percibe. El espacio se mantiene intacto y conserva su esencia: sigue siendo un restaurante de playa. Eso sí, cuenta con mesas abiertas al paisaje, una inmensa terraza, unas vistas privilegiadas sobre el mar y un camino que desciende hasta la arena. La experiencia abarca la jornada completa.

Lo mejor de todo es que, aunque en manos de otra gestión, la memoria familiar sigue siendo el ancla del proyecto. Carmen, viuda de Rafael Chico, junto a su hija María Jesús y su sobrino, al que todos conocen como El Nene, continúan en el día a día. Su presencia es vital para entender que esta nueva era no parte de cero, sino que abraza su legado.

El Mirlo

El Mirlo

Lo que Marbella Club aporta es el savoir faire que lo caracteriza desde la casa madre, fundada por Alfonso von Hohenlohe, quien sentó las bases del veraneo en la ciudad. Desde su reapertura bajo el paraguas del grupo, el verano en El Mirlo promete chefs invitados, sesiones de música al atardecer y actividades mimetizadas con Punta Paloma. Y, aun con todo este despliegue, la propuesta gastronómica sigue siendo el principal argumento para volver.

Lo que manda: la lonja y la almadraba

En los fogones, el chef Samuel Guzmán tiene las directrices claras: atún rojo, pescado de la zona, buen marisco, frituras y arroces. Es una cocina de costa honesta, ejecutada con cuidado y pinceladas contemporáneas, pero dejando que el producto sea el auténtico protagonista.

Para empezar, destacan clásicos infalibles: ensaladilla con ventresca de atún, un gazpacho excelente o la ensalada de tomate con vinagreta de Jerez. Para quienes buscan alternativas, ofrecen burrata con piñones, unos formidables corazones de alcachofa a la plancha o una estupenda berenjena asada con miso y yogur.

La propuesta gastronómica

La propuesta gastronómica

Pero a El Mirlo se viene a comer mar. El ceviche, preparado con la pesca del día, o el pulpo a la plancha abren el apetito para dar paso a otros imprescindibles: gambas al pilpil, salpicón o croquetas de gamba. Las frituras representan a Cádiz en estado puro, con calamares, puntillitas y boquerones fritos con maestría.

Maestros del atún rojo

Maestros del atún rojo

El atún rojo de almadraba juega en otra liga y merece su propio apartado. Trabajan con Gadira —toda una institución en Barbate— y lo preparan en múltiples versiones. Destacan las elaboraciones en crudo, como el tiradito con ponzu de trufa, el tartar con ajoblanco o el tataki. También bordan su versión a la plancha o servido en dados con un buen aceite de oliva. Sin embargo, lo que de verdad sorprende son los guisos de cuchara, como las albóndigas de atún con tomate, huevo frito y patatas.

«Que acaba de llegar el señor Romero»

En El Mirlo mandan los pescadores. En pleno servicio, es habitual que el equipo anuncie la llegada del señor Romero, uno de los pescadores locales de confianza, con las capturas que ha dado el mar esa misma mañana.

Pescados del día

Pescados del día

Esta dinámica garantiza constantes sugerencias fuera de carta, como el borriquete, un pescado típico de estas aguas que brilla con la mínima intervención. En la oferta fija mandan los pescados enteros para compartir al peso: lubina a la sal, lenguado, rodaballo o una gallineta frita entera, concebida para disfrutar sin miramientos.

Buen marisco y arroces para alargar la sobremesa

La brasa y la plancha intervienen lo justo para respetar joyas del mar como la gamba roja alistada, las cigalas o los carabineros. Completan la oferta bivalvos como mejillones y almejas a la marinera, además de un bogavante imponente.

Arroces

Arroces

Como platos principales reinan los arroces: el meloso de carabineros es uno de los reclamos indiscutibles, junto al caldoso con bogavante o la paella de marisco. Para los carnívoros, ofrecen arroz de pluma ibérica o solomillo de vaca retinta, en claro homenaje a la ganadería provincial.

Copas al atardecer y el encanto de siempre

Para beber, apuestan con firmeza por los vinos de Cádiz —con referencias como Socaire, UBE Miraflores o Tesalia— y por una original coctelería que fusiona tragos clásicos con vinos del Marco de Jerez, caso de su Espresso Jerezano.

Un enclave único

Un enclave único

La polivalencia de El Mirlo permite exprimir la jornada. Se puede arrancar la mañana desayunando bajo el sol (destacan las tostadas de queso payoyo o de ventresca) tras una clase de yoga en sus jardines, una de las novedades de la temporada. Tras el almuerzo, la experiencia se prolonga hasta el ocaso con las Sunset Music Sessions: música en directo, alta coctelería y el perfil de África en el horizonte.