Los vinos que recomienda Carlos Herrera de su última comida en un asador de Madrid

Los vinos que recomienda Carlos Herrera de su última comida en un asador de Madrid

Restaurantes

Los vinos que recomienda Carlos Herrera de su última comida en un asador de Madrid

El Asador Lecanda ha sido el restaurante en el que el periodista radiofónico se ha reunido con el bodeguero José Moro.

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Hay comidas que se convierten en noticia no tanto por el mantel como por lo que sucede alrededor de la mesa o en la copa. La última escapada de Carlos Herrera a uno de los templos del fuego madrileño ha dejado una pista clara para los amantes del vino cuando se está ante unas buenas brasas.

El Gran Asador Lecanda, ubicado en el número 46 de la calle Lagasca, es el proyecto más personal del empresario vasco David Lecanda. Desde su apertura, se ha convertido en una de las direcciones imprescindibles para quien busca esa liturgia primitiva del humo y la materia prima.

Aquí la cocina vasca tradicional se somete a una revisión contemporánea sin perder el alma del caserío. Sobre las brasas desfilan el rodaballo del Cantábrico, el bogavante gallego o la langosta salvaje de Baleares, pero también cortes nobles como el chuletón de vaca añeja, el solomillo de razas puras gallegas o el lechazo de Castilla y León. Todo con ese punto exacto que sólo concede el dominio del fuego.

Producto de primera que esperaba a Herrera en una comida compartida con el bodeguero José Moro que dejó seguro muchos buenos recuerdos y evidenció durante su transcurso un protagonista líquido indiscutible: el Horcajo de Bodegas Cepa 21.

Se trata de uno de los vinos y bodega que hace dos años fueron noticia tras haber sufrido un importante robo valorado en más de dos millones y medio de euros en el mercado. Denominado "el rey de Bodegas Cepa 21", la botella de 0,75 litros cuesta 89,60€.

De ahí que el periodista de Almería, no se andara con rodeos al término del encuentro: “¿Qué más se puede pedir? Señores, consuman los vinos de Cepa 21”, sentenciaba en su publicación de Instagram.

Dentro de la familia vitivinícola que ha creado Moro, Horcajo es uno de esos tintos de la Ribera del Duero que nacen para entenderse con la parrilla: estructura suficiente para abrazar la grasa de un chuletón, pero con la elegancia necesaria para no imponerse a la sutileza de un pescado salvaje a la brasa o incluso a un marmitako bien afinado.

En copa, su perfil —fruta negra madura, especias dulces, fondo mineral— funciona como puente entre el humo y la proteína. Un vino gastronómico en el sentido más estricto: pensado para comer, no para catar en soledad.

En una mesa como la de Lecanda, donde pueden convivir unos pimientos de Calahorra al horno con un rabo de toro bravo de lidia o una fabada fina de Asturias, Horcajo juega la baza de la versatilidad. Con carnes rojas potencia los matices tostados; con guisos, limpia; con pescados grasos como el bacalao negro de Alaska, sorprende.

Porque si algo quedó claro en esa comida es que el fuego manda… pero el vino decide cuánto dura el recuerdo.