Carlos Herrera junto a Eu Sánchez, propietario de El Rincón de Eu (Pilas, Sevilla)
Carlos Herrera elogia una de las grandes casas de comidas de España: "Cuesta encontrar sitio, pero merece la pena"
En Pilas, Sevilla, El Rincón de Eu es uno de esos templos a los que peregrinar cuando se anda en busca de cocina tradicional a buen precio.
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Hay elogios que pesan más que una estrella Michelin. Cuando Carlos Herrera sentencia que un lugar es "una de las grandes casas de comidas de España", conviene detenerse, escuchar y, si se puede, reservar mesa. Aunque ya advierte: "Cuesta encontrar sitio, pero merece la pena".
Herrera, voz autorizada, paladar viajado y defensor confeso de la cocina auténtica, hablaba de El Rincón de Eu, en Pilas (Sevilla), un establecimiento pequeño en tamaño pero enorme en personalidad, historia y cocina.
Apenas seis o siete mesas bastan para que este rincón del Aljarafe sevillano se haya convertido en lugar de peregrinación gastronómica. No hay letrero estridente ni modernidades impostadas: aquí se viene a comer, a escuchar y a confiar.
Pilas es resultado de su historia agrícola, marcada por el olivar, las bodegas y el pequeño comercio, lo que explica en parte el carácter de este local que parece detenido en el tiempo.
El Rincón de Eu ocupa una casa tradicional del centro del municipio, cerca del parque José Suárez Cuesta, y conserva la estructura original: una pequeña barra en forma de U desde la que se ve la cocina, dos comedores íntimos y un patio posterior que respira calma.
La decoración acompaña el relato: muebles antiguos, fotografías añejas, cuadros de época y detalles taberneros que convierten cada estancia en un pequeño reservado.
Bacalao con tomate en El Rincón de Eu.
Comer aquí es hacerlo dentro de una casa de principios del siglo XX, con la sensación, cada vez más inusual, de haber sido invitado.
Al frente está Eustaquio Sánchez Perona, "Eu" para todos, cocinero pileño que puso en marcha el proyecto en 1988 y que ha hecho de la sencillez una seña de identidad.
Sus celebradas papas aliñás.
Primera advertencia al comensal: no hay carta. Eu se acerca a la mesa, enumera lo que hay ese día, explica cómo se cocina y, si el cliente lo desea, también los precios. Todo depende del mercado, de la temporada y de lo que apetezca guisar.
La propuesta se mueve dentro de una cocina tradicional, honesta y profundamente reconocible. Pueden aparecer unas papas aliñás, un bacalao con tomate de Los Palacios, unas fabes cremosas (las mismas que hicieron feliz a Carlos Herrera), un menudo memorable, boquerones al limón o mejillones llegados expresamente de O Grove.
Las cremosas fabes que destaca Carlos Herrera.
También hay sorpresas: anchoas de Santoña, croquetas delicadísimas, gambas rebozadas o al ajillo, ortiguillas, salmonetes, calamares rellenos o almejas de carril.
En carnes, no faltan flamenquines, pluma y presa ibérica, brochetas de solomillo, guisos de pollo o conejo, habitas con calamares o un chuletón de Ávila. Todo pensado para compartir, como se ha comido siempre en las casas de comidas de verdad.
Comer sin prisas, pagar en efectivo
Segunda advertencia: solo se paga en efectivo. La media ronda los 30 euros por persona, una cifra más que razonable para el nivel del producto y el trato recibido.
Los vinos acompañan sin protagonismos innecesarios. Eu deja la botella en la mesa —un Viyuela Barrica, por ejemplo— para que cada cual se sirva a su ritmo.
El Rincón de Eu no sigue tendencias ni quiere hacerlo. Es, en esencia, una casa de comidas en el sentido más noble del término: cocina de mercado, trato cercano, tiempos humanos y una autenticidad que no se puede fabricar. Quizá por eso cuesta encontrar mesa. Quizá por eso quienes logran sentarse repiten.