Seguro que muchos de vosotros recordáis aquellos maravillosos bizcochos “Tía Mildred“, con un inigualable sabor a mantequilla, jugosísimos, con una textura húmeda deliciosa y una corteza dorada, crujiente y dulce. Hace ya tiempo que no los veo, pero no he parado hasta encontrar una receta que me permitiera poder hacerlos en casa y que el resultado mereciera la pena.

Ingredientes

  • 260 grs de harina
  • 225 grs de mantequilla a temperatura ambiente
  • 150 grs de queso cremoso a temperatura ambiente (tipo Philadelphia)
  • 350 grs de azúcar
  • 4 huevos a temperatura ambiente
  • 1 cucharada de aroma de vainilla
  • 1 pizca de sal
  • 1 sobre de levadura química de repostería en polvo (12-15 grs), tipo Royal.

Tenía muchas ganas de compartirla con vosotros, porque estoy segura que en cuanto lo probéis, será uno de vuestros bizcochos preferidos. ¡Vamos con ello!

Preparación

Como siempre, lo primero es lo primero, así que encendemos el horno y precalentamos a 180°.

Preparamos el molde elegido, ya sea de corona como el que yo he usado, tipo plumcake o el que más os guste, y para ello, lo embadurnaremos bien con mantequilla y luego espolvorearemos de harina sacudiendo el sobrante. Si podéis haceros con un spray de los que venden ahora para desmoldar, mejor que mejor, es el que yo uso y jamás se me resiste un desmoldado…

Una vez que tenemos el horno y el molde preparados, tamizaremos o colaremos la harina a un bol, y le añadimos la levadura y la pizquita de sal. Reservamos.

Ahora nos armamos con unas varillas, si son eléctricas, mejor que mejor, y batimos en un bol la mantequilla, el queso y el aroma de vainilla hasta conseguir una crema homogénea. Vamos entonces añadiendo el azúcar poco a poco hasta mezclarlo bien. Ahora es el turno de ir echando uno a uno los huevos, no incorporar el siguiente hasta que se haya mezclado bien el anterior.

Por último, iremos añadiendo poco a poco la mezcla de harina, sal y levadura hasta integrar bien toda la masa. La volcamos en el molde y metemos al horno precalentado durante 1 hora y 15 minutos aproximadamente, pues cada horno tiene vida propia…
Sabréis que está hecho cuando al pinchar con una brocheta de madera o metal, ésta salga limpia.

Si veis que a media cocción se os tuesta demasiado, cubrirlo con un trozo de papel de aluminio pintado con un poco de mantequilla para que no se pegue y listo.

Una vez hecho, sacar del horno, dejar enfriar sobre una rejilla unos 20 minutos y desmoldar pasando primero un cuchillo por los bordes.

Resultado

Uno de los bizcochos más ricos que he preparado en mi vida, os lo prometo!
Tenéis que probarlo sí o sí…, os aguantará perfectamente unos días a temperatura ambiente cubierto con papel de aluminio, una semana en la nevera y hasta podéis congelarlo.

Ni os cuento como tiene que estar acompañado de una bola de helado de vainilla o nata o un poco de fruta fresca…, de pecado mortal!

Fuente: Joy of Baking