Patatas cocidas enriquecidas iStock
Los chefs coinciden: para que las patatas tengan más sabor, no las cuezas en agua; la clave es usar un buen caldo
Es un pequeño truco que usan grandes cocineros en España. Lo mismo sirve para un guiso que para una ensalada.
Más información: El truco de Martín Berasategui para hacer una ensalada de patatas con un sabor increíble
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Las patatas cocidas son, probablemente, la guarnición más frecuente en la cocina española del día a día. Acompañan por igual un guiso de carne que una ensalada de verano, se cuelan en las tortillas más ligeras, en las croquetas más rápidas y hasta en los purés de emergencia que solucionan una cena en diez minutos.
Sin embargo, la mayoría de las veces las hacemos con el piloto automático: olla con agua, sal y a esperar. El resultado suele ser correcto, pero también muy aburrido.
Los cocineros con experiencia suelen aplicar un cambio sencillo para transformar por completo el sabor de este tubérculo y hacerlo mucho más apetecible: sustituir el agua por un buen caldo.
Una idea que merece la pena adoptar en casa, porque el esfuerzo adicional es mínimo y la diferencia en el plato, notable.
Haz esto para mejorar el sabor de las patatas
La patata es un alimento rico en almidón y con un sabor delicado por naturaleza. Cuando se cuece en agua, parte de ese almidón y de los pocos compuestos aromáticos que contiene se disuelven en el líquido y acaban en el fregadero.
Si en vez de agua se utiliza un caldo, se produce un intercambio que funciona en las dos direcciones: la patata libera almidón hacia el caldo, pero también capta sales minerales, aminoácidos y moléculas aromáticas disueltas en él.
Qué caldo elegir
No todos los caldos funcionan igual en todos los platos y elegir el adecuado es lo que marca la diferencia entre un plato con sabores equilibrados y uno en el que unos sabores enmascaran a otros. La clave está en no saturar: el caldo debe realzar, no eclipsar.
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Caldo de pollo: versátil y equilibrado. Ideal para acompañar carnes blancas, verduras o platos ligeros.
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Caldo de carne: más intenso y profundo. Perfecto para guarniciones de platos más contundentes o como asados de cerdo o de ternera.
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Caldo de verduras: opción más ligera que queda ideal con pescados, ensaladas templadas o platos vegetarianos.
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Caldo de pescado: menos habitual, pero muy interesante para acompañar platos marineros, por ejemplo, unas almejas o unos mejillones en salsa.
Para utilizar bien estos caldos, solo hay que seguir la receta que sigue a continuación:
Ingredientes
- Patata, 1 kg
- Caldo de pollo o verduras, 1,5 litros
- Laurel, 1 hoja
- Aceite de oliva virgen extra, 30 ml
- Perejil fresco, 10 g
- Pimienta negra, al gusto
- Sal, al gusto
Paso 1
Pela las patatas y córtalas en trozos medianos de tamaño uniforme para asegurar una cocción homogénea. Lávalas bajo agua fría para retirar el exceso de almidón superficial.
Paso 2
Vierte el caldo en una olla amplia y añade la hoja de laurel. Lleva el conjunto a ebullición a fuego medio.
Paso 3
Incorpora las patatas en el caldo caliente y ajusta el punto de sal. Baja ligeramente el fuego y deja cocer de forma suave durante 20-25 minutos, hasta que estén tiernas, pero sin deshacerse.
Paso 4
Escurre ligeramente las patatas, reservando una pequeña cantidad de caldo. Aliña con el aceite de oliva, la pimienta negra y el perejil picado y sirve inmediatamente.
Patatas cocidas: la base de un recetario completo
Si por algo destacan las patatas cocidas es por su versatilidad. Pueden servirse frías o calientes y funcionan bien tanto con un aliño sencillo como acompañando a platos sofisticados.
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Ensaladilla rusa. Se cuecen las patatas junto con zanahorias y judías verdes. Una vez frías, se cortan en dados pequeños o se aplastan ligeramente y se mezclan con atún, huevo duro, aceitunas y mayonesa casera. Se deja reposar en la nevera al menos una hora antes de servir. Si las patatas se han cocido en caldo de verduras, el resultado gana en sabor.
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Patatas aliñadas. Se pelan las patatas aún templadas y se cortan en rodajas gruesas. Se aliñan con aceite de oliva virgen extra, vinagre de Jerez, cebolleta picada, perejil fresco y sal. Se sirven a temperatura ambiente. Es una preparación ideal para aplicar la técnica de Berasategui, sustituyendo parte del aceite por un chorro de caldo de carne caliente que las patatas absorberán al instante.
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Puré de patatas. Se cuecen las patatas peladas y troceadas en caldo de pollo hasta que estén tiernas. Se escurren reservando parte del caldo, se chafan con un pasapurés y se añade mantequilla, leche caliente y el caldo reservado hasta obtener la textura deseada. Antes de servir, se rectifica de sal y pimienta.
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Causa limeña. Se cuecen las patatas en caldo de pollo, se pelan y se chafan en caliente. Se condimentan con zumo de lima, pimiento amarillo, aceite y sal hasta formar una masa suave. Se monta en capas alternando la masa de patata con una ensalada de pollo desmenuzado y aderezado con mayonesa, cebolla morada y aguacate.
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Salteado de patatas cocidas con ajo y caldo reducido. Se cuecen las patatas en caldo de pollo y luego se doran en una sartén con unos dientes de ajo aplastados. Para terminar, se añade un poco del caldo reducido para glasearlas.
Preguntas frecuentes sobre las patatas cocidas
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¿Cuánto tiempo hay que cocer las patatas? Depende del tamaño. Unas patatas medianas enteras necesitan entre 20 y 30 minutos desde que el agua arranca a hervir. La mejor forma de comprobarlo es pinchar con un cuchillo o un tenedor: si entra sin resistencia, están listas. Es preferible quedarse un poco corto que pasarse, sobre todo si después van a seguir cociéndose en un guiso o salsa.
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¿Se puede reutilizar el caldo en el que se han cocido las patatas? Sí, y además es recomendable. El líquido resultante queda enriquecido con el almidón que ha soltado la patata, lo que le da cuerpo y poder espesante. Se puede usar como base para una sopa, para mojar un guiso o para preparar una salsa. Si se ha cocido en caldo de pollo, el resultado es un caldo aún más sabroso y con textura.
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¿Qué variedades de patata son mejores para cocer? Las patatas de carne firme, como la Monalisa o la Kennebec, son las más indicadas porque mantienen bien su forma tras la cocción. Para purés, en cambio, funcionan mejor las variedades harinosas, que se deshacen con facilidad y dan una textura más cremosa.
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¿Se pueden congelar las patatas cocidas? Se puede, pero no es lo más recomendable. La congelación altera la estructura del almidón y, al descongelar, la textura queda granulosa y algo acuosa. Si es necesario adelantar trabajo, es preferible congelar el caldo por separado y cocer las patatas en el momento de preparar el plato.