Callejera_Europa

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Actualidad gastronómica

Comida callejera que no te puedes perder en Europa

Una pequeña guía de la comida callejera más popular que te encontrarás viajando por Europa y que no deberías perderte.

30 noviembre, 2014 19:13


Seguro que casi todos los aquí presentes en alguna ocasión hemos sucumbido a la tentación de unos churros calentitos cuando estábamos dando un paseo y hemos acabado comprando unos cuantos que nos hemos ido comiendo sobre la marcha y continuando nuestro camino. Ese es parte del encanto de la comida callejera que tanto nos gusta en Cocinillas.

Pero, ¿qué pasa si el paseo nos pilla descubriendo alguna ciudad europea?, ¿cuál es la comida rápida más popular que podemos disfrutar en las calles europeas?

Comida callejera más popular en Europa

Alemania

Aparte de buenas cervezas y toda clase de salchichas, en el país teutón podremos disfrutar del fleischkäse, que literalmente significa “queso de carne” y es un embutido hecho con una pasta de carne, bacon y cebolla que se cuece en el horno. Es especialmente popular en la zona de Baviera, al sur del país, y se come en bocadillo acompañado de pepinillos en vinagre y mostaza dulce o picante. Sin duda, la mejor manera de reponer fuerzas antes de hacer una escapada para visitar los castillos del rey loco.

Países Bajos

Ahora que se acercan las navidades, las calles se llenan de mercadillos y de puestos de oliebollen, literalmente “bolas de aceite”, unos deliciosos dulces de sartén parecidos a nuestros buñuelos. Llevan especias, pasas y manzana y están recubiertos por una finísima capa de azúcar. Perfectos para cargarse de energía antes de alquilar una bici para movernos por el centro de Amsterdam como si fuésemos holandeses de toda la vida.

Suecia

La gastronomía sueca no son solo las albóndigas que todos conocemos o bonitos sándwiches en forma de tarta. Pero si hablamos de comida callejera, algo que nunca falta en los puestos de comida para llevar  es el tunnbrödsrulle, palabra que literalmente significa “pan plano enrollado” y consiste en un pan plano similar a las tortillas de trigo mexicanas que se rellena con salchichas, puré de patatas, cebolla encurtida, tomate y mayonesa de cangrejos. Un tentempié contundente para llenar el estómago mientras descubrimos los rincones emblemáticos de Estocolmo, como el mercadillo de Hötorget o el mercado de Hötorgshallen, el barrio de Gamla Stan, uno de los más antiguos de Europa, cuyos edificios están en pie desde hace varios siglos o, simplemente, nos subimos al metro a descubrir todas y cada una de sus estaciones, auténticas galerías de arte urbano.

Polonia

Aunque la gastronomía polski es todo un mundo por descubrir, especialmente por su repostería, la comida callejera que más nos vamos a encontrar son los gofry, gofres cubiertos de nata montada y frutas de todos los colores. Su fama es tan grande, que hasta uno de los músicos más populares del país les ha dedicado una canción.

Rusia

Las calles rusas saben a unos pastelitos con forma de media luna que se rellenan de carnes, setas y verduras. Se llaman pirozhki y a mí ahora me recuerdan a la capitana Janeway, porque Kate Mulgrew, la actriz que la interpretaba en Star Trek desde hace un tiempo aparece en una serie en la que da vida a una cocinera rusa que cada dos por tres suspira por este bocado. Así que marchando una ración antes de entrar en alguna de las estaciones de metro de Moscú o de San Petersburgo, conocidas como los palacios del pueblo.

Ucrania

Tan orgullosos están los ucranianos de su comida callejera, los varenyky, que hasta han levantado algunos monumentos en honor a estas empanadillas de masa cocida con aspecto similar a las gyozas japonesas y rellenas de casi cualquier cosa que podamos imaginar, aunque lo más habitual como relleno es una mezcla de queso y puré de patatas. También se parecen mucho a los pierogi polacos o a los culurgione, una pasta fresca rellena típica de Cerdeña.

Finlandia

Los finlandeses han adoptado a los kanelbullar suecos (rollos de canela), los han hecho más grandes y los han rebautizado como korvapuusti, que literalmente significa “bofetada en la oreja”, y se los comen tan felizmente con un café humeante mientras pasean por los mercadillos de Helsinki.

Bosnia-Herzegovina

Lo que más se come por las calles de la antigua Yugoslavia tiene su origen en el antiguo imperio otomano. Es el burek, una especie de empanada que puede ser redonda o con forma de espiral, hecha con pasta brik y rellena de queso con carne o espinacas que se come con salsa de yogur.

Italia

Aunque lo más probable es que lleguemos a Italia pensando en pizza, comida callejera por excelencia, en el país transalpino también nos encontraremos puestos que ofrecen crocchè, algo parecido a nuestras croquetas, pero hechas con una masa de patata y queso. Un buen tentempié para coger las fuerzas que nos permitan subir a las siete colinas de Roma sin desfallecer.

Malta

Fabulosas playas y románticos paseos callejeando entre los palacios de La Valeta durante los que podremos matar el gusanillo con unos pastizzi, que son unos pastelillos de hojaldre rellenos de queso o de pasta de guisantes.

Hungría y República Checa

En Hungría se llaman kürtőskalács y en la República Checa, trdelink, y son unos cilindros hechos con una masa parecida al hojaldre que se enrolla alrededor de un cilindro de madera, se espolvorea con azúcar y se cocina sobre el fuego de manera que el azúcar se carameliza y queda crujiente. Un placer dulce que nos dará la energía necesaria para cruzar el puente que separa Buda de Pest o descubrir el encanto de los rincones de Karlovy Vary.

Grecia

Si nuestro destino es la cuna de la filosofía, podremos pisar el mismo suelo que pisaron Platón, Sócrates o Aristóteles a la vez que calmamos el apetito con algunos koulouri, unas rosquillas de pan recubiertas de sésamo y rellenas de queso feta o aceitunas de Kalamata que son emblema de la comida callejera ateniense.

Portugal

Si hay algo que uno nunca puede perderse en el país vecino, son los pasteis de nata, unas pequeñas tartaletas de hojaldre rellenas de crema que se venden en todas las pastelerías de la capital lusa, aunque los originales solo se pueden comprar en Pasteis de Belem, sitio del que ya os hablamos en este post. Una buena escusa para una pausa dulce antes de realizar, por ejemplo, una excursión para descubrir la magia de Sintra.

Resumiendo, no sé a vosotros, pero a mí ya me han entrado ganas de volver a coger la mochila e irme corriendo a disfrutar de toda esta comida callejera.

Fuente| Wimdu