Humedales

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Marruecos da una lección a España: restaura un 30% de sus ecosistemas dañados para salvar aves migratorias

El país norteafricano quiere proteger una red de unos 300 humedales para asegurar descanso, alimento y cría a especies migratorias.

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Las claves

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Marruecos ha restaurado un 30% de sus ecosistemas húmedos degradados desde 2020 para proteger aves migratorias.

El país cuenta con unos 300 humedales, de los cuales 38 están reconocidos internacionalmente por el Convenio de Ramsar.

Las acciones incluyen canalización, reforestación, mejora de calidad del agua y creación de nidos artificiales para aves.

Mientras los humedales marroquíes se recuperan, España enfrenta un deterioro de sus zonas húmedas, afectando a numerosas especies de aves.

Marruecos ha puesto sus humedales en el centro de la política ambiental. Desde 2020, sus autoridades trabajan para recuperar al menos el 30% de los ecosistemas degradados y reforzar su papel ecológico.

Lagunas, marismas, riberas y humedales costeros sostienen cada año el viaje de miles de aves migratorias entre Europa y África. Sin esas paradas, muchas especies pierden descanso, alimento y zonas seguras de cría.

El país cuenta con unos 300 humedales, entre continentales y costeros, que abarcan cerca de 400.000 hectáreas. Los espacios naturales representan alrededor del 70% de esa superficie.

Dentro de esa red, 38 enclaves están reconocidos por el Convenio de Ramsar, el tratado internacional que protege humedales de importancia mundial por su valor ecológico, hidrológico y para las aves acuáticas.

La presión sobre estos ecosistemas ha aumentado durante los últimos años. La erosión de riberas, el avance de dunas, la desertificación y siete años de sequía han acelerado el deterioro de zonas clave.

La Agencia Nacional de Aguas y Bosques de Marruecos defiende una gestión que combine conservación y uso sostenible. El plan busca proteger biodiversidad, reducir inundaciones y mantener actividades locales como el turismo o la agricultura.

Las actuaciones se reparten por varios puntos del país. En Afenourir, en el Medio Atlas, se han previsto trabajos de canalización y regulación de crecidas para recuperar la funcionalidad del humedal.

En la laguna de Marchica, en Nador, las medidas se centran en mejorar la calidad del agua. También hay actuaciones de reforestación en cuencas y recuperación de riberas degradadas.

La restauración incluye además islotes, nidos artificiales y zonas de refugio para aves. Esas estructuras ayudan a compensar la pérdida de hábitats naturales y favorecen la reproducción en áreas sometidas a presión humana.

Ruta entre Europa y África

Los humedales litorales son decisivos para la migración. En lugares como Sidi Boughaba o la laguna de Naila, la creación de nidos artificiales busca mejorar las condiciones de cría.

En Essaouira, la protección se concentra en un archipiélago reconocido por Ramsar desde 2015. El espacio sirve de parada para aves migratorias y está vinculado al halcón de Eleonor.

Allí se han impulsado restauración de dunas, mejoras ecoturísticas y campañas de sensibilización. La conservación del hábitat convive con el uso público y con una economía local que depende del paisaje.

El contraste con España parece bastante claro. Doñana, las Tablas de Daimiel, l’Albufera o el Mar Menor siguen acumulando problemas de agua, presión humana y conservación pese a su valor ecológico.

SEO/BirdLife advierte de que el 76% de los hábitats de interés comunitario vinculados a zonas húmedas en España presenta un estado de conservación desfavorable.

El deterioro también se nota en las aves. De las 67 especies vinculadas a humedales analizadas por la organización, 36 han experimentado un descenso poblacional, tanto a corto como a largo plazo.

España ha empezado a reaccionar con el proyecto LIFE Humedales. El programa prevé restaurar más de 26.100 hectáreas en diez años, con 284 actuaciones en espacios de la Red Natura 2000.

El Ministerio para la Transición Ecológica lo presenta como el mayor proyecto LIFE de la historia. Su presupuesto inicial será de 160 millones y podría superar los 271 millones con fondos complementarios.

La diferencia está en la velocidad con la que se recuperan estos espacios. Marruecos actúa sobre humedales que protegen aves y amortiguan inundaciones, mientras España intenta revertir décadas de sequía, urbanización y presión agrícola.

Para las aves migratorias, cada laguna recuperada cuenta. En una ruta marcada por el agua, el descanso y la cría, perder un humedal significa perder una escala en el viaje entre continentes.