El exministro José Luis Ábalos.
Tú encerrado durante la Covid, y las pilinguis de Ábalos con salvoconducto
No he leído al ministro Óscar Puente, tan activo en X insultando al personal, asegurar que va a buscar hasta debajo de las piedras al que firmó el salvoconducto de las pilinguis para mandarlo a galeras.
En la primavera de 2020, aquella primavera de confinamiento y miedo, mis hermanos y yo intentamos convencer a mi padre de que no saliese de su casa, a quince kilómetros de Lugo, ni siquiera para hacer la compra.
Una vez a la semana, mi hermano Paco iba al supermercado y le llevaba una caja con víveres. Se quedaba un rato hablando con él desde el otro lado de la verja del jardín, para aliviar un poco la soledad de un hombre de 78 años que pasó la crisis de la Covid con la única compañía de su perra.
Un día, cuando conducía hacia la casa de nuestro padre, a mi hermano lo paró la Guardia Civil. Les explicó la situación: iba a llevar la compra a un septuagenario.
No le dejaron pasar.
Le hicieron darse la vuelta, por considerar que el avituallamiento de una persona mayor no era motivo que justificase un desplazamiento de quince kilómetros. Mi hermano nos lo contó en el chat familiar, y todos fuimos comprensivos: "Cumplen con su deber", "esto es lo que hay", "no pasa nada, tengo comida de sobra".
Mi padre se apañó con lo que tenía en la despensa, y mi hermano probó suerte unos días después, en los que no fue interceptado.
Una sanitaria poniéndose el equipo de protección contra la Covid en 2020.
Todos recordamos aquellas jornadas de pesadilla en las que los muertos no se velaban, o se velaban en grupos de cinco, y no podías moverte de tu provincia aunque tu madre se muriera en la de al lado.
Aceptamos por responsabilidad la soledad y el aislamiento, y tratamos de convencernos de que había que ser buenos ciudadanos y respetar las reglas, aunque nos pareciesen demenciales.
Ahora, EL ESPAÑOL nos cuenta que en los mismos días en los que no permitieron a mi hermano llevar a mi padre una caja de fruta y un poco de carne, el Ministerio de Transportes proporcionó sendos salvoconductos a dos prostitutas para que pudiesen viajar a Santiago de Compostela para hacer un trío con José Luis Ábalos.
No, no era bastante con que las lumis cogiesen su coche y fuesen conduciendo hasta Galicia: había que garantizar la tranquilidad y el buen viaje de las dos furcias, no sea que las parasen y el señor ministro se quedase sin el alivio que iban a proporcionarle las rabizas.
No podías cruzar de una provincia a otra para visitar a tu abuela enferma, pero sí para ser el descanso del guerrero del muy feminista José Luis Ábalos.
No he escuchado a nadie del PSOE indignarse con esto. No he leído al ministro Óscar Puente, tan activo en X insultando al personal, asegurar que va a buscar hasta debajo de las piedras al que firmó el salvoconducto de las pilinguis para mandarlo a galeras.
Son cosas que pasaron en esta España nuestra, en la España de la Covid de Pedro Sánchez, donde te ponían trabas para llevarle verduras a tu padre, pero te autorizaban a hacer kilómetros si se trataba de que Ábalos pudiese aliviarse con pirujas de su confianza.