Tomás Serrano
Jalisco entra en campaña
Apúntate y recibe cada miércoles esta newsletter para leerla antes que nadie y no perderte la información más relevante.
Cinco días en México convertidos en escándalo nacional. Escándalo de plató, entiéndase.
El sanchismo, experto a la fuerza en generar cortinas de humo -no hay día que no precise una-, ha decidido que el viaje institucional de Isabel Díaz Ayuso a tierras mexicanas sea el nuevo acontecimiento de indignación nacional.
El PSOE tenía que agarrarse a algo para tapar su desastrosa campaña en Andalucía, marcada por la muerte de dos guardias civiles en acto de servicio cuando perseguían a unos narcotraficantes en Huelva.
Las miradas se volvieron de inmediato hacia Fernando Grande-Marlaska, que ocho años después sigue sin dotar a los agentes de los medios para actuar con todas las garantías.
Es el mismo ministro del Interior que ha dado todas las facilidades para que los mayores asesinos de guardias civiles salgan a la calle, aunque no estén arrepentidos ni colaboren con la Justicia.
El revés lo agigantó la candidata María Jesús Montero al calificar esas muertes de "accidente laboral". No cabe mayor falta de empatía.
Pero fue el propio PSOE el que remató el despropósito con su firma al vetar en el Congreso de los Diputados que se considere "profesión de riesgo" la labor de los guardias civiles.
Ante este panorama, es lógico que Óscar López, presunto ministro para la Transformación Digital, trate de echar una mano acusando a la presidenta madrileña de utilizar recursos públicos para "pegarse cinco días en la Riviera Maya tomando mojitos".
Poco importa que Ayuso tuviera una agenda institucional en México, o que presidentes autonómicos del PSOE transitaran antes que ella ese mismo camino, así Salvador Illa o Adrián Barbón.
Pero sorprende más el ataque de amnesia selectivo de Óscar López, al no mostrar la misma inquietud por los mojitos "pagados con el dinero de todos y todas", que por los servicios de prostitución para los desvelos de un ministro de Pedro Sánchez en viaje oficial.
En el ataque a Ayuso subyace una urgencia desesperada: tapar el hundimiento de María Jesús Montero. La "gran candidata", la vicepresidenta que se jactó de acaparar más poder que ninguna otra mujer en la historia de nuestra democracia.
Hoy se hunde. Y se hunde en su feudo andaluz, donde mejor la conocen.
A falta de otros argumentos con los que erosionar a Juanma Moreno, el PSOE ha querido meter a Jalisco en campaña. Pero, sin saberlo, ha planteado un dilema que quizá se le vuelva en contra: obligar a los andaluces a mirar a la cara a Ayuso y a Montero... y elegir.